La Historia del arte ¿tiene nombre de varón?

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Febrero es el mes de las efemérides. 28 días breves pero intensamente poblados de alfombras rojas y citas obligadas para intelectuales, celebridades y demás figuras. Desde la Academia Británica del Cine hasta la nuestra, pasando por Cibeles, la oferta de galas puede resultar agotadora.

De todos los eventos posibles, los de arte contemporáneo  suelen ir a la cabeza en controversia. Comisarios, coleccionistas, gestores culturales y “aspirantes a” peregrinan a IFEMA y a otros puntos de encuentro año tras año (Arco va por su 30º aniversario). Y tras estas andanzas estético-mediáticas, vendrán los encendidos debates: ¿Arte o descalabro? ¿Motivos provocadores o adefesios sin más? La recreación de fetos en cemento por parte de los surcoreanos es uno de tantos ejemplos. Es que la modernidad es un concepto polisémico donde los haya. Polisemia que en el arte acostumbra a ir de la mano de la descontextualización y, en ocasiones, del desconcierto. De ahí el litigio.

La ausencia de mujeres en el arte, me imagino, se debe a nuestra condición histórica de “ángeles custodios del hogar”.

Revisando noticias polémicas de ediciones anteriores, me topo con una sobre “la mujer y el arte contemporáneo”. Informes que hablan de porcentajes discriminatorios para con las artistas (femenino plural). Intento viajar en el tiempo y volver a las lecciones de mi adulado Profesor de Historia del Arte, Fernando Pertierra. Recuerdo con claridad sus gustos sibaríticos y la pasión de sus discursos. Su inabarcable conocimiento y su todavía más extensa capacidad didáctica. Suspendo, sin embargo, a la hora de acordarme de artistas (femenino plural, de nuevo). La ausencia, me imagino, se debe a nuestra condición histórica de “ángeles custodios del hogar”.

Acudo a estudios recientes y descubro satisfecha que “más de la mitad de los artistas actuales son mujeres” (Victoria Combalia, “Amazonas con pincel”).

Me propongo, como penitencia por mi desliz, estudiar qué mujeres ha habido detrás de la Historia del Arte. Prometo compartir lo aprendido y, como inteligentemente dice Victoria Combalia, aprender de las buenas. Precisamente por buenas, excelsas, sublimes y artistas. No por mujeres.