El mercado de la economía femenina —que abarca sectores como la higiene íntima, la nutrición especializada, la salud sexual y la tecnología médica— comienza a consolidarse como un espacio de alto valor estratégico. Lo confirma el informe “La salud de la mujer despega. De tabú a negocio millonario”, elaborado por EAE Business School (perteneciente a Planeta Formación y Universidades), que señala el despegue de una industria con perspectivas de crecimiento exponencial.
Las previsiones son contundentes: este mercado alcanzará los 89.370 millones de euros en 2030. En paralelo, las empresas femtech —aquellas que desarrollan productos, servicios y dispositivos enfocados en la salud y el bienestar de las mujeres— multiplicarán su valor. Pasarán de 45.578 millones de euros en 2023 a 158.174 millones en 2032, lo que supone un incremento del 247% en menos de una década.

Economía femenina: un sector con impacto económico y social
El estudio también resalta las oportunidades del mercado global de salud femenina, que ya superó los 36.900 millones de euros en 2023 y se estima que alcanzará casi 59.000 millones en 2033.
Pero más allá de las cifras, el impacto económico de invertir en salud femenina es significativo: por cada euro invertido retornan tres. Según las proyecciones del informe, abordar eficazmente condiciones como la endometriosis o la menopausia podría aportar 115.550 millones de euros al PIB mundial antes de 2040.
Para Iolanda Marchueta, autora del estudio y profesora del MBA en Healthcare & Pharma de EAE Business School, la clave está en que “esta rentabilidad no solo se consigue invirtiendo, sino también promoviendo medidas que ayuden y mejoren la calidad de vida de las mujeres”. De acuerdo con la investigación, mejorar la asistencia en el trabajo podría generar un impacto positivo de hasta 893.000 millones de euros anuales en reducción de costes sanitarios y aumento de productividad.
Además, reducir la carga de morbilidad asociada a la menopausia o al síndrome menstrual tendría un impacto de 107.328 y 102.856 millones de euros, respectivamente. En conjunto, cerrar la brecha en salud femenina podría sumar 357.760 millones de euros al PIB mundial cada año de aquí a 2040.
Investigación sanitaria: una deuda pendiente
El informe no solo analiza el potencial económico, también pone el foco en las carencias históricas. Aunque el 70% del personal sociosanitario es femenino, apenas el 1% de la investigación sanitaria global se dedica a patologías específicas de la mujer.
Esto se traduce en diagnósticos tardíos, tratamientos ineficaces y una persistente falta de conocimiento en torno a condiciones como la endometriosis, la depresión posparto o la propia menopausia. Persisten los tabúes, los estigmas y la desinformación, factores que durante años relegaron la salud femenina a un segundo plano en la agenda científica.
El 70% del personal sociosanitario es femenino, pero solo el 1% de la investigación sanitaria global se dedica a patologías específicas de la mujer
Emprendimiento y femtech: oportunidades con sesgo de género
El auge del sector femtech plantea, sin embargo, un reto adicional: la desigualdad de género en el emprendimiento. Solo el 21% de las empresas femtech cuenta con una (co)fundadora, y desde 2014 apenas el 10% del capital riesgo destinado a estos proyectos ha ido a parar a compañías lideradas por mujeres.
La contradicción es evidente: mientras la salud de la mujer se perfila como una de las mayores oportunidades de negocio y transformación social de la próxima década, las mujeres todavía tienen una presencia minoritaria en la toma de decisiones y en la captación de inversión.
Un horizonte en construcción
La economía femenina ya no puede considerarse un nicho: es un mercado emergente que conjuga innovación, impacto social y rentabilidad. Sin embargo, su consolidación exige cerrar la brecha en investigación, visibilizar las necesidades específicas de las mujeres y garantizar que el emprendimiento femenino tenga acceso real a recursos y capital.
El reto es doble: transformar la salud de la mujer en una prioridad global y, al mismo tiempo, asegurar que sean las propias mujeres quienes lideren este cambio.


