¿Invertir en huevo sin huevo?

224

Aunque sea complicado emocionalmente ver vencedores en una situación como la que atraviesa un mundo en pandemia, es innegable que los hay.

Todo lo que tiene que ver con lo remoto y no con lo presencial, con lo virtual y no con lo real o con el aprovechamiento de nuevas materias primas más frecuentes tiene un futuro esperanzador y el escenario COVID, los ha acelerado.

Lo virtual, lo remoto y las nuevas materias han salido fortalecidas

Esto, por supuesto, lo podemos ver en el comercio electrónico frente al consumo presencial, o en las OTT como Netflix, HBO o Amazon Prime frente a los cines tradicionales pero… ¿y la comida? Ese sector, tan definitorio para nosotros, ¿sigue estos patrones de cambio también? Y más aún, ¿es una oportunidad de inversión?

El delivery crece año a año en España y aún más fuera

Para empezar veamos el cómo consumimos comida. El sector del delivery supone ya un 16,9% del sector de la comida rápida en España según un informe del Observatorio Sectorial DBK de Informa.  En otros países europeos donde la tendencia  comenzó antes, las cifras son mucho mayores. En estos tiempos, está claro que preferimos muchas veces encargar un poke o una pizza por nuestra aplicación de comida y tomárnoslos en casa, que desplazarnos a un lugar cerrado a comer, por mucho encanto que nos siga provocando salir a cenar con amigos. Ese es el cómo, pero… ¿y el qué? ¿Qué pasa con los alimentos en sí?

“Podemos producir más comida, con menos recursos”

Pues parece que también están cambiando. Bruce Friedrich, el director general de The Good Food Institute, una institución americana sin ánimo de lucro que promueve la innovación alimentaria, expuso en una interesantísima charla TED las claves para “luchar contra el cambio climático, reducir la resistencia a los antibióticos que estamos experimentando los humanos y, sobre todo, producir más comida con menos recursos”.

Cultivos de carne en laboratorios

El camino a esa situación camina por la nueva generación de alimentos producidos desde las proteínas vegetales o la carne cultivada. Por si alguien no lo conoce, la carne cultivada es esa carne real pero generada en un laboratorio en vez de extraída de un animal, se trata de un producto producido artificialmente desde un cultivo de células extraídas de animales. Pero ahora hablaremos de productos que vienen de plantas.

Huevo sin huevo, pollo sin pollo

Actualmente podemos encontrar ya, huevos hechos con proteína de guisante, como los N.OVO, un producto brasileño que viene directamente en el mismo envase que unos huevos de gallina, o el sorprendente Just EGG, un derivado de la soja que emula perfectamente, tanto en aspecto, textura o sabor, al huevo batido, ideal para hacer revueltos o tortillas, pero sin los costes económicos, y para muchas personas morales, de una granja de gallinas. Además, podemos encontrar “carne picada” de pollo como la de Emerge, o los ya tradicionales en las dietas veganas filetes de Legumbrela.

Todos estos productos tienen un coste de producción mucho menor que sus modelos orgánicos, simplemente porque parten de una base vegetal, mucho más barata, con menos necesidad de procesado y mucha menos caducidad, pero además, su producción genera muchísimos menos residuos, con lo que tendríamos una cuadratura de círculo difícil de encontrar: producción más barata, mayor conservación y menor coste medioambiental. Teniendo en cuenta todo eso, ¿no es una buena idea invertir en pollo sin pollo? ¿O huevo sin huevo?