Intertextualidad y literatura

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"Citar es como poner una bengala de aviso y requerir cómplices". Interesante conferencia, derroche de ironía, de referencias literarias, y de citas, como era de esperar en un autor tan aficionado a estos temas. Reivindicación del placer de la cita: "Citar es como poner una bengala de aviso y requerir cómplices", de la intertextualidad y de la "metaliteratura".

Apología de todo ello fundamentada en numerosos ejemplos que el conferenciante esgrimió contra el tópico literario de "copiar la realidad". Opina Vila-Matas, como Fernando Savater, que los maniáticos anti-citas están destinados en literatura al casticismo y la ocurrencia fácil. Aboga por una libertad total del creador sin dogmas ni tabúes que lo encierren, concibiendo la literatura como un espacio anónimo donde los autores se funden; por una poética de la simulación donde la mal llamada "metaliteratura" no existe o, como también opina Ricardo Piglia, queda reducida a un mero cliché crítico.

Citó, como ejemplo explícito de todo esto a Roland Barthes (localizo la frase mencionada en el prefacio de su Sade, Fourier y Loyola y, es curioso, en mi traducción de este libro la palabra "maquillar" citada por Vila-Matas figura como "diseminar". ¿Cuestión de traducciones, cita falsa intencionada del autor de El mal de Montano?). "La única respuesta posible es fragmentar el texto antiguo de la cultura, de la ciencia, de la literatura y maquillar sus rasgos de acuerdo con fórmulas irreconocibles, de la misma forma que se desfigura una mercancía robada".

"Me llamo Erik Satie, como todo mundo", la frase del compositor francés resume la noción de personalidad de Enrique Vila-Matas. Ser Satie es ser irrepetible, esto es, encontrar un modo propio de disolverse hacia el triunfal anonimato, donde lo único es atributo de todos. Este discurso se apoya en referencias a Juan Villoro, Juan García Ponce (La errancia sin fin), Laurence Sterne (Tristram Shandy).

Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne, es una de las primeras novelas modernas de la historia de la literatura y lo es siguiendo los pasos de las dos primeras novelas modernas, a las que Sterne homenajea: Gargantua y Pantagruel, y Don quijote de La Mancha.

La admiración sin paliativos que el autor inglés siente por sus predecesores literarios le llevan a construir un grandioso entramado literario en el que la intertextualidad con Rabelais y Cervantes, y también con Shakespeare, por supuesto, no se limita a plasmar esa admiración a través de continuas referencias, citas, trascripciones y similitudes: Sterne amplifica la incorrección de Rabelais, la locura del Quijote y la forma de narrar de Cervantes, logrando una obra terriblemente personal e innovadora que supone un punto de inflexión en la historia de la narrativa. "No creo que sea posible hablar de literatura moderna tal y como la consideramos ahora, intertextual y metaliteraria, a la manera de Wolf, Borges, Joyce, Beckett y demás, -opina Vila-Matas- sin detenerse a evaluar la influencia de Sterne en todos los literatos posteriores".

Aporta, entre otros, un ejemplo elocuente para subrayar cómo los equívocos conducen, a veces, a una frase nueva. Al citar él la frase original de Marguerite Duras: "Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos" él escribió, de forma tal vez más rebuscada: "Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos -sólo lo sabemos después- antes". Pues bien, la frase falsa es citada ahora por todas partes.
Otro ejemplo para ilustrar esto podría ser la frase tomada de los Diarios de Franz Kafka que le sirvió al conferenciante, en una ocasión, para dar pie a un texto que incluye otras referencias al escritor checo: "Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, fui a nadar / 2 de agosto de 1914" (Hijos sin hijos, Enrique Vila-Matas, 1993, p. 9). Pues bien, en el texto original de Kafka decía: "por la tarde, escuela de natación". Pero Vila-Matas, al citar así, desea subrayar aún más el contraste descomunal entro lo privado y lo público expresado en esa frase.

Según el autor de París no se acaba nunca, Antonio Tabucchi alberga dudas acerca de la existencia de Borges y piensa que el rechazo de éste a una identidad personal (su afán de no ser Nadie) no sólo obedece a una actitud existencial llena de ironía, sino más bien el tema central de su obra.

En su relato La forma de la espada, Borges, a través de su personaje John Vincent Moon, sostiene la siguiente convicción: "Lo que hace un hombre es como si todos los hombres lo hicieran. Por eso no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine a todo el género humano; como no es injusto que la crucifixión de un solo judío sea suficiente para salvarlo. Posiblemente Schopenhauer tiene razón: yo soy los otros, todo hombre es todos los hombres, Shakespeare es, de algún modo, el miserable John Vincent Moon". Yo soy ahora John Vincent Moon -afirmaba Tabucchi- y digo que para Borges el escritor llamado Borges era un personaje que él mismo había creado y que, si nos sumamos a su paradoja, podremos un día decir que Borges, personaje de alguien llamado como él, no existió jamás como tal. Su vida fue probablemente un libro".
Hay pues, también en Vila-Matas -y así lo manifestó a lo largo de la conferencia- un declarado deseo de no ser únicamente sí mismo, de ser los otros, de robar los recuerdos de los otros para tener personalidad propia; así puede ser Borges, Tabucchi, John Vincent Moon, Eric Satie.

Alude, también, a la imprescindible complicidad del lector en este juego citando a Wittgestein: "Compartir el mismo humor es no guardarse la pelota recibida en el bolsillo".

Respecto a la novela, en particular, el escritor barcelonés afirma sin paliativos que su papel documental o psicológico ha terminado. Ante eso ¿qué le queda a la novela? Eso mismo se preguntaba Louis-Ferdinand Céline: le queda el estilo, una cierta forma de sacarla de sus goznes y forzar al lector a buscar su sentido, una dosis de distancia, de sensibilidad, dar vueltas alrededor de la emoción. El estilo prevalece, pues, frente a la trama que, en palabras de Nabokov, es ya una vulgaridad burguesa.

Respecto a la novela, en particular, el escritor barcelonés afirma sin paliativos que su papel documental o psicológico ha terminado. Ante eso ¿qué le queda a la novela?

"En el sur todo es posible, escribió Kafka". Al haberse borrado las fronteras entre los géneros, la novela sería, para Vila-Matas, ese sur: encrucijada donde se encuentran la meditación filosófica , el relato de viajes, la cavilación sobre un centro tal vez ausente, el lugar donde se puede decir todo lo que se piensa. Pone ejemplos de novelas con una visión más amplia del género, Moby Dyck, con la inclusión de sus tratados sobre cetáceos, Los detectives salvajes de Bolaño, o Elisabeh Costello de Coetzee, una obra que ya nadie cuestiona como novela. La literatura queda concebida como terreno mismo donde ejercer esa libertad.

Los admiradores de Vila-Matas conocen bien su entusiasmo por Georges Perec. Menciona, una vez más a este autor, cuando sentado en un café de la parisina plaza de Saint-Sulpice, espiaba horas y horas lo que allí podía verse, no lo que ya había sido antes catalogado o inventariado de esa plaza, "sino lo que generalmente no se anota, lo que no se nota, lo que no tiene importancia: lo que pasa cuando no pasa nada, salvo tiempo, gente, autos y nubes". Menciona La vida instrucciones de uso, una novela de Georges Perec, considerada por Italo Calvino como un acontecimiento literario definitivo.
Nos trasmitió, además, Vila-Matas a los oyentes su fascinación por el cine de Jean-Luc Godard, con sus citas insertadas; el cine de vanguardia de los años 60 y sus innovaciones sin fin: se trataba de hacer películas de ficción como si fuesen documentales. Es evidente en su obra un cierto afán por trasladar estas influencias cinematográficas al ámbito de lo literario.

También, en relación con el cine, alude el interés de Kafka por los "simuladores de Praga" hombres que en los cines de esa ciudad actuaban de expertos narradores o recitadores, y no sólo añadían caprichosamente texto a la película, sino que venían a ser unos actores más del espectáculo que se veía en la pantalla.

"Un escritor que quiera funcionar bien en la cultura de masas no debe presentarse como un intelectual". Esta afirmación es bastante normal en nuestra sociedad, según Vila-Matas. Para Piglia, Hemingway encarna esa imagen de anti-intelectual, de escritor vital, de cazador de leones, de vividor. Refiere cómo Borges comentaba con maldad que la literatura de Hemingway hubiera mejorado notablemente si éste se hubiese dedicado menos a los leones y más a la literatura. Comentando esta anécdota parece que Vila-Matas se encarga de demostrar de qué lado de la cancha está él.

 

*Sobre Mila Bueno

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