Desde Burgos, una de las fábricas más relevantes del Grupo L’Oréal a nivel mundial produce cada día más de un millón de unidades de productos capilares que llegan a mercados de todo el mundo. Al frente de esta planta, reconocida por sus estándares de sostenibilidad e innovación, está Inés Fernández, una profesional que ha sabido construir una carrera diversa y sólida hasta convertirse en directora de un centro clave para la compañía.
Su trayectoria es reflejo de una evolución marcada por el aprendizaje constante y la adaptación. Comenzó en el mundo del desarrollo de software mientras estudiaba, dio el salto al sector energético como ingeniera en pequeñas y grandes compañías, y en 2010 decidió adentrarse en el entorno industrial, donde encontró su verdadera vocación. Desde entonces, ha recorrido un camino que combina experiencia técnica, liderazgo de equipos y una visión orientada a la transformación.
Fernández no solo lidera una operación de gran escala; también trabaja por integrar la estrategia global de L’Oréal con una mirada puesta en la sostenibilidad, la innovación y el impacto social. Bajo su dirección, la fábrica se abastece de energía 100% renovable, recicla en bucle toda el agua de sus procesos productivos y desarrolla programas como la Escuela de Excelencia Industrial, que ofrece oportunidades de formación y empleo a personas en situación de vulnerabilidad.
En esta entrevista, comparte los aprendizajes que marcaron su carrera, los retos que la ayudaron a crecer como líder y su visión sobre el futuro de la industria, en un contexto de transformación tecnológica y nuevas demandas de talento.
Inés Fernández: «Estamos a las puertas de una nueva revolución con la inteligencia artificial»
¿Cómo ha sido tu camino profesional hasta llegar a dirigir una de las fábricas más relevantes de L’Oréal a nivel mundial?
Mi trayectoria ha sido muy diversa, tanto en los sectores en los que he trabajado como en los roles que he desempeñado. Comencé durante mis años de estudiante, trabajando casi tres años en el ámbito del desarrollo de software. Posteriormente, me incorporé al sector energético como ingeniera, primero en una pequeña ingeniería y, más adelante, en la mayor ingeniería de España.
En 2010, tomé una decisión clave que marcó un giro en mi carrera: pasé del mundo de la ingeniería al de la producción, enfocándome plenamente en el entorno industrial. Fue así como llegué a la fábrica de L’Oréal en Burgos.
Cada una de estas etapas ha estado llena de aprendizajes. He construido mi carrera con un fuerte sentido de la responsabilidad, buscando siempre aportar lo mejor de mí en cada puesto, aprender de cada experiencia y, sobre todo, disfrutar del camino.

«He construido mi carrera con un fuerte sentido de la responsabilidad, buscando siempre aportar lo mejor de mí en cada puesto»
¿Cuál ha sido el mayor reto que enfrentaste en tu trayectoria profesional y cómo lo superaste?
Sin duda, el mayor reto de mi carrera fue el paso de ser ingeniera de proyectos a dirigir un horno de perfumería en el área de producción. Supuso un cambio radical, no solo por las competencias técnicas que requería el nuevo puesto, sino también por la responsabilidad de liderar un equipo de más de 200 personas.
Recuerdo el primer año como un periodo especialmente exigente, con muchas horas de dedicación para poder entender en profundidad tanto el proceso productivo como lo que implicaba desarrollarme como líder. En ese momento, el apoyo de mi jefe fue clave: gracias a él aprendí muchísimo sobre producción. También cometí errores, pero supe aprender de ellos. Además, viví mi primera experiencia con un proceso de coaching, que me ayudó a iniciar un camino de autoconocimiento que ha sido fundamental en mi desarrollo como profesional y como persona.
¿Cuáles son tus principales responsabilidades al frente de una fábrica que produce más de un millón de unidades al día?
Mis principales responsabilidades giran en torno a tres grandes pilares: el servicio al cliente, el bienestar de las personas y el desarrollo sostenible continuo de nuestra fábrica.
Como directora, además de integrar la estrategia de nuestra división con las operaciones en Burgos, trabajo intensamente para asegurar la seguridad de todas las personas, la calidad de nuestros productos, que estos lleguen a tiempo a nuestros clientes y con el coste adecuado. También tengo la responsabilidad de definir estrategias que nos permitan anticiparnos al futuro, ya sea en el desarrollo de equipos, en sostenibilidad o en la ampliación de nuestra capacidad productiva.
En L’Oréal cada persona hace suyo el propósito corporativo. Crear la belleza que mueve el mundo. En mi caso llevar ese propósito a la acción se traduce, en buscar la excelencia en el servicio al cliente, produciendo además nuestras fórmulas en una fábrica que es referente por su compromiso con la sostenibilidad (entre otros factores, nos abastecemos de energía 100% renovable y reciclamos en bucle toda el agua de nuestros procesos productivos).
Y lo hacemos persiguiendo también tener un impacto social, con programas como la Escuela de Excelencia Industrial, que forma a colectivos en situación de vulnerabilidad, dándoles oportunidades de futuro profesional en la industria. Es un reto formidable, pero también un orgullo diario, dirigir al equipo humano que lo hace posible.
«Tengo la responsabilidad de definir estrategias que nos permitan anticiparnos al futuro: en el desarrollo de equipos, en sostenibilidad o en la ampliación de la capacidad productiva»
Desde tu perspectiva, ¿qué habilidades o conocimientos debería fomentar el sistema educativo para preparar mejor a las futuras profesionales en entornos industriales?
La industria lleva años en plena transformación gracias a la tecnología, y estamos a las puertas de una nueva revolución con la inteligencia artificial. Por eso, al igual que en muchos de los empleos del futuro, creo que el desarrollo de soft skills será incluso más importante que los conocimientos técnicos, ya que estos últimos podrán adquirirse cada vez más rápido con el apoyo de la tecnología.
Desde mi punto de vista, habilidades como la capacidad de adaptación al cambio, el pensamiento crítico, la comunicación eficaz y la resolución de problemas deberían tener un papel mucho más relevante en la formación académica. Estas competencias serán clave para afrontar con éxito los retos de los entornos industriales del futuro.
¿Qué referentes femeninos te marcaron en tu carrera?
Siempre digo que el mayor referente femenino en mi vida ha sido mi madre, aunque suene a tópico. Fue una mujer luchadora en una época y en entornos muy masculinizados, a pesar de ser ama de casa. Su espíritu emprendedor, compartido con mi padre, siempre me ha inspirado profundamente.
En el ámbito profesional, he tenido la suerte de encontrar grandes referentes femeninos en L’Oréal. Es algo que en etapas anteriores de mi carrera no había tenido —o quizá no supe valorar en su momento—, y que hoy reconozco como una fuente constante de inspiración y aprendizaje.
«En el ámbito profesional, he tenido la suerte de encontrar grandes referentes femeninos en L’Oréal»
¿Qué consejo le darías a una joven que está pensando en estudiar una ingeniería, pero duda si es “su sitio”?
Mi consejo sería que no se pregunte si es o no “su sitio”. Si le interesan las asignaturas de ciencias o tecnología, estudiar ingeniería le abrirá un sinfín de caminos para construir una carrera profesional enriquecedora y llena de posibilidades.
Sobre todo, le diría que elija lo que realmente le apasione. A lo largo de la vida, nos encontraremos con circunstancias que nos harán cambiar de rumbo o replantearnos nuestro camino. Y precisamente una formación como la ingeniería te prepara para eso: no solo por los conocimientos técnicos que aporta, sino porque te entrena en la capacidad de adaptarte, de resolver problemas y de reinventarte cuando sea necesario.


