Igualdad detrás de cámara

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Ha sido labor del varón ponerse detrás de cámaras, dejando a las mujeres otros menesteres. La lucha por la igualdad de la mujer ha pasado y pasa por todas las profesiones. Se mantiene la diferencia en los servicios en los que predomina la autoridad o la opinión a favor del hombre. En el oficio del cine no podía ser menos. Ha sido labor del varón ponerse detrás de una cámara dejándoles a ellas otros menesteres que, aunque importantes para el resultado en pantalla, no ofrecen posibilidades para un desarrollo artístico de mayor envergadura.
Aunque la situación ha ido modificándose y considerando que el cine es un arte de poco más de un siglo, la diferencia se mantiene con loables excepciones. Según la Asociación de Mujeres Cineastas, «apenas un 9% de las películas que se hacen en España están realizadas por mujeres. En guión y producción, las películas con participación femenina no llegan al 19 por ciento».

En el terreno del guión, ya de por sí poco apreciado, nombres de calado de uno y otro sexo se han visto relegados a ser un nombre más en los créditos, como apunta la directora y guionista Gracia Querejeta: «El guión ha estado mal valorado desde siempre y da igual que esté escrito por hombres que por mujeres. En una película, el porcentaje económico que se lleva el guión siempre es muy pequeño. Tengo la impresión de que hay mujeres mejor pagadas según esta ley y según la ley masculina también, aunque en su conjunto cobremos menos. En todo caso, lo que puede suceder es que no hay una tan conocida como Almodóvar o Amenábar. De ser así, la situación estaría mejor». Advierte de que en este tema hay que ser muy cautos, «porque muchas veces no tiene que ver con el sexo. En ocasiones interviene el tipo de películas, el presupuesto y las productoras con las que se trabaje».

En la actualidad, Inés París es una profesional más en la creencia de que «faltan mujeres en puestos directivos». Y refiriéndose concretamente a las televisiones, «para poder atajar fenómenos como la violencia machista. Las televisiones tienen una enorme responsabilidad educativa, puesto que los valores de la sociedad se transmiten básicamente por la pequeña pantalla. Tendrían que existir unas comisiones paritarias a la hora de juzgar en las productoras y televisiones qué películas se van a producir, o de cuáles se van a comprar los derechos, que existamos leyendo proyectos, porque está comprobado que por su temática hay algunos que no interesan a los hombres». Entiende que es «un fenómeno contradictorio, porque hay un enorme interés por la producción femenina. Las obras que hacen las mujeres son cada vez más interesantes, más vistas y tienen éxito». Esa exclusión da como resultado que llegan pocas a la dirección y mucho más tarde que los hombres, con más de treinta años: «No estamos educadas ni formadas en las cualidades necesarias, capacidad de liderazgo y fe en uno mismo».

En la época gloriosa del cine de Hollywood, la M.G.M. llegó a tener más de cien guionistas con contrato y las mujeres eran prácticamente inexistentes, sin tener en cuenta que los grandes estudios cimentaron buena parte de su poder en las heroínas como señuelo taquillero. Hace 10 años se decía que «en lo que a la industria del cine se refiere, todo lo anterior está «oficialmente» superado y el protagonismo de la mujer ya no sorprende a nadie» -del libro «Seis mujeres guionistas», de D. Devesa y A. Pontes-. La llegada a la dirección fue con pasos sigilosos. El audiovisual en general es un terreno en el que desean conseguir la igualdad y el poder de decisión. ¿Han cambiado en la última década las expectativas? Parece ser que no mucho. Sobre el dato de que el año pasado sólo el 9 por ciento de las películas hayan sido realizas por mujeres, abundan las opiniones. Querejeta habla de su experiencia: «Un buen proyecto hoy en día, desde los términos de determinados productores, no creo que les importe mucho que sea un director o una directora».

Manifiesta que «donde se cuecen los asuntos es en las televisiones, porque las necesitamos para hacer cine, y si hay una producción de su consideración me da la impresión de que tampoco tienen ningún problema. Sigue habiendo menos mujeres detrás de las cámaras, está clarísimo. ¿Por qué? -se pregunta-. No lo sé. No creo que este trabajo sea ahora mismo un lugar de discriminaciones enormes, adrede, como sucede en otros sitios. Seguro que mi sueldo es mayor que el de muchos hombres. Sin embargo, no sé por qué no va a ser bueno que haya más directoras. En España las hay y muy interesantes, quizá en un cine más de autor y menos de género. Ahí puede estar uno de los motivos. En términos generales es un cine más intimista. No hay una Katherine Bigelow («Días extraños») española, entonces es posible que todas tengamos más problemas por el tipo de historias que contamos. También hay hombres que hacen o lo pretenden un cine así y arrastran problemas».

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