Hijos únicos: ni caprichosos ni egoístas

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El ritmo de vida que apenas deja tiempo para compatibilizar familia y trabajo, una tardía maternidad, los matrimonios que se rompen cada vez más pronto y los gastos que implica tener un hijo, dan lugar a la supremacía del hijo único. Cada vez son más los padres y madres que se enfrentan a diario a la ardua tarea de educar a unos niños catalogados tradicionalmente como egoístas, malcriados y caprichosos.

Poco o nada queda ya de aquellas fecundas familias que recibían premios en concursos de natalidad envueltos ya en brumas de alcanfor. Con el cambio de siglo, el hijo único se ha erigido en protagonista de más de 30% de los hogares españoles. Las estadísticas no engañan: según datos del Instituto de Política Familiar (IPF), los hogares españoles tienen cada vez menos miembros, 2’9, y las familias con cinco o más miembros han pasando de representar el 29% en 1980 a no superar el 7% en el 2007, con una caída del 75% en algo menos de tres décadas.

La condición de hijo único no es ni una ventaja ni un inconveniente en sí misma, todo depende del tipo de educación, de valores y actitudes que los padres fomenten en ellos.En la sociedad actual, uno de cada cinco hogares lo componen parejas sin hijos, seguido de las familias formadas por una pareja y un hijo. Por el contrario, las parejas que tienen tres hijos apenas rozan el 4%. Las causas de este encogimiento familiar y de la supremacía del hijo único hay que buscarlas en un ritmo de vida que apenas deja tiempo para compatibilizar familia y trabajo, una tardía maternidad, los matrimonios que se rompen cada vez más pronto y los gastos que implica tener un hijo. Todo ello ha contribuido a que en España los hijos únicos hayan dejado de ser una rareza desde el punto de vista sociológico. Son más, por tanto, los padres y madres que se enfrentan a diario a la ardua tarea de educar a unos niños catalogados tradicionalmente como egoístas, malcriados y caprichosos.

Solo en casa
Cuando hace 30 años se le preguntaba a una pareja cuántos hijos quería tener, las respuestas más habituales eran: "los que Dios quiera" o "los que vengan". Tres décadas después, la mayoría de los futuros padres considera que "con uno basta", aunque también hay quien se atreve a ir por la "parejita". Según la macroencuesta "Fecundidad y Valores en la España del Siglo XXI" del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), de marzo de 2007, el núcleo familiar ideal de los españoles es el formado por un matrimonio y dos hijos, aunque son cada vez más los condicionantes y obstáculos para lograr tal objetivo, y los estudios demuestran que en la práctica se impone la tendencia al hijo único. Los últimos datos que maneja el Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que un 57% de las mujeres que ya han sido madres rechaza la posibilidad de tener más descendencia.

El retraso en la edad de la maternidad – las españolas (30’9 años) son, junto a las italianas (30’8) y holandesas (30’6), las mujeres de la UE que más tarde tienen su primer hijo-, los problemas económicos, las dificultades para conciliar vida personal y laboral, los matrimonios que cada vez duran menos, el individualismo y el aumento de las familias monoparentales han conseguido en España lo que en China ha costado 30 años de medidas drásticas de control de la natalidad. Según se desprende del Informe Evolución de la Familia en Europa 2008, del Instituto de Política Familiar (IPF), la baja natalidad en España, 1’39 hijos por mujer (2007), es uno de los índices más bajo de la Unión Europea, con un 1’5 de media, y está muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer).

El retraso en la edad de la maternidad, los problemas económicos, las dificultades para conciliar vida personal y laboral y el aumento de las familias monoparentales han conseguido en España lo que en China ha costado 30 años de medidas drásticas de control de la natalidad. Cómo son los hijos únicos y cómo educarles

Los tópicos del hijo único
Mimados, consentidos, caprichosos, egoístas y retraídos. Son muchos los tópicos y estereotipos que giran en torno al hijo único. Sin embargo, la realidad es muy distinta. El mero hecho de carecer de hermanos no determina ni el futuro ni el carácter del menor, y su evolución y personalidad vienen marcados por la educación y los valores que reciba de sus padres, igual que ocurre con cualquier otro niño o niña rodeado de hermanos. Psicólogos y educadores coinciden en su diagnóstico: ser hijo único no acarrea en sí mismo ventajas ni inconvenientes, y si bien son numerosos los estudios que demuestran que los hermanos influyen en la sociabilidad del niño, también abundan las investigaciones que han demostrado que los hijos únicos son tan sociables como el que más. Siempre que se favorezcan las conductas sociales desde la primera infancia, los hijos únicos no tienen mayores problemas que los vástagos de familias numerosas para integrarse en la sociedad con normalidad.

La sobreprotección, un error muy frecuente
El principal riesgo de los padres con un hijo único es caer en la sobreprotección. Ya sea por el sentimiento de culpabilidad por no ampliar la familia o por el miedo exagerado a que al niño le suceda algo, es habitual que los padres caigan en el error de proteger en exceso a su hijo o hija, creando para ellos un mundo artificial lleno de comodidades que les impiden crecer como seres independientes. Este celo exagerado también puede llegar a agobiar hasta tal punto al menor que sólo actúe para contentar a sus padres, o se convierta en una persona temerosa, insegura y dependiente.

Educar al hijo único con sentido común
Es fácil caer en la tentación de mimar o proteger en exceso a los hijos, sean únicos o no. Por eso conviene tener en cuenta una serie de recomendaciones que ayudan a que su integración en la sociedad sea lo más natural posible y que la sobreprotección no suponga un problema, sino una ayuda que les reporte seguridad. Ahora bien, ningún consejo supera el de aplicar el sentido común en todas las situaciones.
Es habitual que los padres caigan en el error de proteger en exceso a su hijo o hija, creando para ellos un mundo artificial lleno de comodidades que les impiden crecer como seres independientes.

  • La relación con otros niños es primordial para el hijo único. Debido a que crecen sin hermanos y conviven la mayoría del tiempo con adultos, les puede resultar más difícil compartir, relacionarse e integrarse con sus iguales.
  • < li> Anímele a participar en actividades deportivas y lúdicas para que desarrolle sus habilidades fuera de la sobreprotección de sus padres, y fortalezca su autoestima.

  • No le proteja en exceso ni le controle durante todo el día porque lo convertirá en una persona miedosa, cobarde y frágil.
  • Establezca normas y obligaciones acordes a su edad, para que adquiera responsabilidades y sepa dónde están los límites.
  • Estimúle al menor para que se esfuerce en conseguir lo que desea, así aprenderá a apreciar las cosas. Valore sus logros, pero no le elogie en exceso.
  • Comparta sus juegos para que no se sienta solo y aprenda reglas sociales (esperar turno, saber ganar y perder…).
  • Limite el tiempo que pasa delante de la tele o con los videojuegos. Como son juegos individuales es fácil caer en el exceso.
  • Los progenitores de un solo vástago aspiran a que sea perfecto y el mejor en todo momento porque tienen todas sus expectativas depositadas en su persona. Acepte y respete sus defectos y sus fallos. Déjele que se equivoque de vez en cuando y comprenda el valor del acierto y cómo llegar hasta él
  • Facilite su relación con otros familiares para que sea más independiente.
  • No intente compensarle por no tener hermanos concediéndole todos sus caprichos.

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