Hay vida después del trabajo

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Cuando hablamos de la necesidad real de muchos hombres y mujeres para conciliar su vida profesional con la familiar y personal, pensamos en el presente y es racional porque es la etapa que estamos viviendo. La realidad de cada persona para conseguir el equilibrio en su vida supone en determinadas ocasiones mucha estrategia y todos los agentes económicos (empresas, trabajadores, legisladores, sociedad..) debemos ser conscientes de la necesidad de articular mecanismos para favorecer el equilibrio.

El panorama ha cambiado poco con el nuevo siglo, ante la menor dificultad, sigue siendo la mujer la que renuncia casi en exclusiva para cuidar a los hijos o familiares dependientes o para ascender a nivel profesional y este hecho es insostenible en una situación de crisis tan importante como la que están viviendo nuestras empresas y sistemas.

Pero en la renuncia a que aludimos en el párrafo anterior, existe otro factor a tener en cuenta que a veces se nos escapa, la mayoría de los derechos que se adquieren como ciudadanos en nuestro sistema económico son inherentes al trabajo, cuando una mujer aparca su vida profesional para dedicarse a su familia, muy poco valorado en nuestra sociedad dicho sea de paso, en la que todo tiene un precio, no solo está renunciando a algo que ha supuesto muchos años de lucha y de esfuerzo; es que también está renunciando en muchos casos a vivir con dignidad si la persona de la que depende económicamente desaparece. Es deseable y en ocasiones imprescindible, que la mujer abandone el mercado de trabajo para hacerse cargo de su familia, pero no es menos cierto que debe ser algo puntual para que luego sea capaz de recuperar sus derechos.

Cuando una mujer aparca su vida profesional para dedicarse a su familia, no solo está renunciando a algo que ha supuesto muchos años de lucha y de esfuerzo, también está renunciando en muchos casos a vivir con dignidad si la persona de la que depende económicamente desaparece. Este hecho no puede pasar desapercibido a nuestros Gobiernos, y no piensen que estamos pidiendo subvenciones con una tasa de desempleo del 24%, una previsión de crecimiento económico negativa para el 2012 y un periodo que se ha bautizado como la etapa de los recortes. Pero si nos parece importante crear estrategias nuevas: en primer lugar revalorizar el papel del ama de casa, de las madres, de los abuelos que están contribuyendo a que sus hijos puedan trabajar…en definitiva de la familia que es el mejor Ministerio de Asuntos Sociales, y el más barato también. En la familia reside el núcleo transmisor de los valores, en ella se encuentra apoyo, confianza pero también requiere de algunos cuidados que muchos Gobiernos han olvidado proporcionar. En segundo lugar, no penalizar a la mujer en sus cotizaciones por algún tiempo. La sostenibilidad de la población no está garantizada, y si no cambian algunos parámetros, no habrá Gobierno capaz de mantener a una sociedad en la que gran parte son mayores que no cotizan, además con sueldos precarios y con una esperanza de vida cada vez mayor.

Del último estudio realizado por UGT sobre los salarios se reflejan algunos datos que demuestran la dureza de la situación, solo un 1,42 % de las mujeres reciben más de 2.000 euros mensuales frente a un 8,30 en los hombres. Pero todavía es más alarmante que El 80% perciben pensiones inferiores a 700 euros, de las cuales un 37,70% menos de 500 euros.

Con estos datos tan clarificadores, no queremos decir en absoluto, que la mujer deje de hacer frente a las situaciones familiares que la demandan en algunos momentos de su vida; o que la opción menos complicada sea la de no tener hijos, necesitamos que haya personas generosas que renuncien a su satisfacción inmediata para aumentar el bienestar. Pero el Gobierno, las empresas y también nosotras debemos garantizar que no pasaremos nuestra jubilación con menos de 500 euros mensuales, porque supone no disfrutar de la época dorada, en muchos casos después de haber dado tanto a la familia y a la sociedad.

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