Hablar versus conversar

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Cuando hablamos nos comunicamos. ¿Seguro? Comunicar, del latín comunicare -poner en común. No se trata sólo de transmitir, sino de asegurarse que el otro reciba, interiorice, viva y procese el mensaje que pretende ser comunicado. Quien aspira a una comunicación honda y fecunda sustituye el hablar por el conversar, compartir una verdad con el otro.

Dos breves paradas. La primera en el verbo compartir. Quién comparte, hace partícipe al otro de algo. La auténtica comunicación discurre por los cauces del diálogo y quien maneja ese arte, pregunta y escucha con facilidad pasmosa. En el entorno empresarial, ¿cuántos diálogos devienen -ante la falta de escucha- en monólogos cruzados? ¿Cuántas veces la siguiente pregunta está fabricada y no resulta en modo alguna afectada por la contestación del interlocutor?

La auténtica comunicación discurre por los cauces del diálogo y quien maneja ese arte, pregunta y escucha con facilidad pasmosa.Estas pseudocomunicaciones, ¿no son la semilla de muchos desencuentros? La comunicación no se puede desligar de la escucha, sin ésta, se torna estéril. En palabras de Lorca en la impactante Yerma, “quiero beber agua y no hay vaso ni agua, quiero subir al monte y no tengo pies, quiero bordar mis enaguas y no encuentro los hilos”. Las hebras del diálogo tejen el proceso comunicativo.

Hágase la segunda parada en el controvertido término verdad. ¿Qué verdad? “Tu verdad, no, la verdad. Y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela” contesta magistral y sintéticamente Antonio Machado. El acto comunicativo no puede ser ajeno a la realidad de lo que las cosas son. En una sociedad en la que está de moda, so pena de ser tachado de intolerante, el afirmar que todo depende del lugar y el momento puede chocar revindicar esta necesidad.

Una cosa es afirmar que la interpretación de los hechos está cosida al sujeto que interpreta -uno no se puede divorciar de su biografía y perspectiva personal- y otra muy distinta es que éste se invente una verdad caprichosa huérfana de criterio externo.

La comunicación humana, precisamente por ser interpretativa, necesita tener como referente la verdad que trasciende a los sujetos que la protagonizan.Por ejemplo, hasta donde alcanzo a ver, todos, con independencia de nuestra historia, tenemos una cita ineludible con la muerte. Otra cosa distinta es cómo sea mi relación con este fenómeno o cómo lo defina. Por favor, no me manipule obviando este referente: o me voy a morir o no; o hay una mesa delante de mí o no la hay; o perdió las elecciones o las ganó; o me llamó por teléfono o no lo hizo; o cerró esa venta o no; o confió en mí o, por lo que fuera, no pudo; o me prometió una subida de sueldo a los seis meses de ficharme, o no lo hizo… La comunicación humana, precisamente por ser interpretativa, necesita tener como referente la verdad que trasciende a los sujetos que la protagonizan.

¿Cómo sería nuestra sociedad -política, economía, cultura, juventud, medios de comunicación, empresa, familia…- si habláramos menos y conversáramos -con el diálogo y la verdad como aliados- más? Me aventuro a pronosticar que todos lo agradeceríamos. Que la gratitud se torne en acción y nos atrevamos, con la modestia del que se sabe pequeño, a Conversar, con mayúsculas, para crear un mundo más humano.

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