Ganadoras II, de náufragos a navegantes

Por Alicia Kaufmann y Lidia Heller

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Sobre género y resiliencia hablamos en nuestra anterior entrega. Haciendo historia y recogiendo experiencias, vemos algunas de las claves que comparten mujeres deportistas y altas directivas

Cuando hablamos de las personas resilientes, encontramos que una de las claves, es ponerse límites y poner límites a los demás. Esta tolerancia a la frustración conlleva a otro rasgo esencial que es la madurez emocional.

El ingrediente principal de la resiliencia es la autoestima

Pero yendo a un rasgo de género básico, vemos que es la necesidad de integración: en general las mujeres no desean el éxito laboral por un lado y la frustración familiar -emocional por el otro.

En distintas investigaciones realizadas, la mayoría de las líderes no aceptan la disociación. Es decir, no eligen desarrollar solo lo profesional, en desmedro de la persona íntegra e integral.

Las deportistas en muchos casos lo resuelven haciendo pareja con una persona de la misma condición, con lo cual no se ven obligadas a la opción, dado que su consorte comprende y comparte la misma situación. En algunos casos, deciden apostar por lo profesional solamente, compensan con ejercicio físico, yoga y meditación, los altos niveles de stress que les produce esta opción.

Hay que liberarse de los discursos que profetizan la desgracia y debilitan.

La noción de “límite y renuncia”, aparece con mucha más frecuencia en mujeres que en hombres. Sennett (2004) indica que las organizaciones actuales, más que la plusvalía, te quitan la identidad. Con relación a lo vertiginoso de los cambios, como indicábamos al inicio, a lo largo de la vida debemos plantearnos muchas veces: ¿quiénes somos? de manera de poder ir definiendo nuestras identidades y alejarnos de los planteamientos de Bauman acerca de la “identidad y sociedad líquida”, que alude a las nuevas formas de relacionarse de las personas en sociedades modernas, sin ningún tipo de compromiso. Se caracteriza porque la gente no tiene rumbo y no mantiene sus planteamientos por mucho tiempo.  Es uno de los ideólogos esenciales de nuestro tiempo y fue quien señaló que Mark Zukerberg creó Facebook como manera de que las personas no se sientan solas o abandonadas al poder compartir su soledad con un público amplio.

Padres de la resiliencia

El padre del concepto de resiliencia ha sido Boris Cyrulnik (2005). Siendo niño estuvo en un campo de concentración del cual se escapó a los 6 años. Era huérfano, de mayor estudió medicina para especializarse en trauma y resiliencia.

En un reciente estudio sobre deportistas en España, (Kaufmann,2012), se comprobó que muchas de ellas para poder lograr éxitos sin decaer practican la resiliencia. Término muy de moda en la actualidad y que proviene de la física.

El ingrediente principal de la resiliencia es la autoestima, que empieza a desarrollarse en los primeros años de vida. En esta etapa se cultiva en los niños la semilla de la confianza en sí mismos y ésta se alza como factor decisivo a la hora de luchar contra la adversidad. Constituye una competencia innata, si se tiene el privilegio de tener padres nutritivos, no coercitivos o tan estresados por la carrera a la cumbre, que no se pueden ocupar de su descendencia. Una derrota deportiva, un ascenso no logrado, un despido antes de tiempo, pueden llegar a constituir un poderoso aliciente para los desafíos futuros para personas de estas características, en lugar de hundirse se superan.

Hay que liberarse de los discursos que profetizan la desgracia y debilitan.

Es sobre todo, el recuerdo de los triunfos anteriores lo que nos impulsa.

La resiliencia aplicada a los individuos implica “Liberarse de los discursos  que profetizan la desgracia” y que te lanzan permanentemente discursos “debilitadores”, consiste también en “lograr diferenciarse”, en “evitar la repetición neurótica del pasado”,  o someterse a los mandatos familiares, que no se comparten, quedándose como en una bicicleta estática sin avanzar, radica en “reelaborar la imagen de éxito de uno mismo”, de aceptarse y amarse, que en suma es la que nos permite sostener esta nueva identidad resiliente. En ser tú mismo y actuar con firmeza cuando tomas la autoridad.

En definitiva, las competencias que nos permiten convertir esta noción en acción son las que las deportistas y las líderes empresariales han desarrollado a gran escala. Entre ellas se cuentan: la convicción de la propia valía, el espíritu de lucha, el apoyo de los que te rodean y el ansia de triunfar. Pero, es sobre todo, el recuerdo de los triunfos anteriores lo que nos impulsa.

No fustigarse con fracasos, sino tomarlo como aprendizaje y elemento de mejora.  Algunas de estas competencias son también las que permiten enfrentar las derrotas. Todas ellas tienen la virtud de “convertirse de náufragos en navegantes”, competencia crucial en momentos de incertidumbre, inestabilidad y falta de autoridad, predominantes en la sociedad actual. Por tanto, gobernar el timón de tu vida debería ser uno de los objetivos fundamentales de las personas, sobre todo de aquellas que aspiren a ejercer liderazgos firmes, positivos y transformadores en los contextos actuales.