Eterna Jordania

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Jordania puede ser una puesta de sol en la inmensidad anaranjada del desierto de Wadi Rum, las profundidades coloridas del Mar Rojo, el acertado encuentro de la modernidad con el mundo antiguo en Amán, o el relax absoluto de olvidarse del cuerpo entre las sales del Mar Muerto…

El Siq, como un camino estremecedor y mágico, y Petra, al final de todo, su imponente Tesoro y una ciudad entera excavada en la piedra, escondida durante miles de años, protegiendo recelosa su belleza irrepetible.

Jordania es un país de contrastes, donde conviven algunas de las piedras fundacionales de nuestra cultura con impresionantes monumentos naturales. En una línea de poco más de trescientos kilómetros, las maravillosas ruinas romanas de Jerash, el Monte Nebo, los mosaicos bizantinos de Mádaba o las estatuas de yeso de más de 8.000 años que alberga el Museo Arqueológico Nacional, se intercalan con algunas de las bellezas naturales más impactantes de la tierra.

El tesoro más preciado de Jordania es Petra. Esa ciudad de color rojizo tallada en las rocas de un impresionante enclave natural. Creada por los nabateos, una tribu árabe que se estableció en la zona hace más de 2000 años, esta urbe fue el punto de unión de las rutas de la seda, las de las especias y otras que conectaban a China, la India y el sur de Arabia con Egipto, Siria, Grecia y Roma. Presenciar los cambios de luz del atardecer entre sus fachadas perfectas, apenas barridas por el viento de miles de años, es una experiencia de otro mundo. Sus enormes montañas rojas y mausoleos de otros tiempos han hecho de éste lugar una de las Nuevas Maravillas del Mundo.

Pero antes, para llegar a Petra, hay que pasar por el Siq, un estrecho cañón de un kilómetro de longitud, rodeado de acantilados de hasta 80 metros de altura. Atravesar el Siq entre los colores deslumbrantes de sus rocas es un viaje en sí mismo, donde al final empieza a abrirse, como una aparición, la imagen de El Tesoro: una fachada de 30 metros de ancho y 43 de alto, excavada en la cara rocosa y rosácea que da comienzo a esa ciudad secreta. Decir que el estremecimiento que se siente al detenerse (nadie puede seguir caminando) es inolvidable, es una obviedad. Porque esa estampa es apenas la carta de presentación de una ciudad inmensa en las que podremos estar días enteros emocionándonos y sorprendiéndonos. Ninguna advertencia, nada de lo que pueda decirse atenuará en lo más mínimo el efecto que se siente al estar por primera vez en Petra; todas nuestras expectativas y todo lo que sabíamos quedan en nada cuando tenemos enfrente esa mezcla de misterio, belleza y milenios que es la imagen del Tesoro.

Y aún más allá, en el valle de Petra, todavía hoy se erigen cientos de elaboradas tumbas excavadas en la roca y grabadas con complicados dibujos, que han sobrevivido, vacías, al paso del tiempo; y un gran teatro de estilo romano -otra vez esculpido en la piedra- con capacidad para 3.000 personas.
Obeliscos, templos, altares para sacrificios, calles a gran altura, y el impresionante monasterio Ad-Deir, al que se accede luego de realizar una subida de 800 peldaños a pie o a lomo de burro.
Cuando se habla de Petra, se la suele denominar también la "Ciudad perdida". A pesar de ser una ciudad tan importante por su antigüedad, después del siglo XIV dC, Petra era totalmente desconocida para el mundo occidental. Fue redescubierta en 1812 por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt, que engañó a todos los guardianes que protegían el lugar fingiendo ser un árabe de India que deseaba hacer un sacrificio en la tumba del profeta Aarón.

Amán
Ubicada sobre un conjunto de colinas, entre el desierto y el valle del Jordán, la capital de Jordania ofrece paisajes espectaculares y una mezcla única de historia y modernidad.
En la parte comercial de la ciudad, se encuentran edificios flamantes, hoteles, restaurantes, galerías de arte, boutiques y talleres de artesanías.
Y en cada rincón se puede apreciar el pasado antiguo de Amán, junto a las elegantes casas blancas uniformadas con fachadas de piedra local.

Amán está formada por un casco antiguo que es el "centro" (en árabe, ‘Balad’), y una zona moderna más cosmopolita de corte occidental, el "Amán occidental". Entre los lugares de visita obligada, se impone el Museo Arqueológico de Jordania, que contiene una impresionante colección de antigüedades desde la Prehistoria hasta el siglo XVI, una exposición de los Manuscritos del Mar Muerto y cuatro ataúdes antropomórficos de la Edad del Hierro.

La paz en Wadi Rum y el Mar Muerto

Ese inmenso desierto, "solitario… como tocado por la mano de Dios" que describía T.E. Lawrence es un lugar donde el tiempo parece detenido. La paz inagotable del Wadi Rum está hecha de paisajes prácticamente vírgenes, vistas impresionantes como las rocas monolíticas que se levantan desde el desierto hasta los 1.750 metros de altura, y dibujos en las piedras que nos hacen viajar 4.000 años atrás.
Dormir en un campamento beduino, escuchar su música a la luz de una luna imponente, es el punto de partida ideal para explorar a fondo el desierto en un vehículo 4×4 o, para los más clásicos, sobre el lomo de un camello.
A poco más de cien kilómetros, en el punto más bajo sobre la faz de tierra, el valle de Rift se une al Mar Muerto a más de 400 metros por debajo del nivel del mar.

Abandonarse por completo al flotar en sus aguas, respirar su aire con uno de los niveles de oxígeno más altos del planeta, es la más alta expresión del relax. Sus aguas cálidas, que contienen diez veces más sal que las del resto de los mares del mundo y son ricas en sales clorhídricas como el magnesio, sodio, potasio y bromo, entre otros minerales, son un polo de atracción para visitantes de todo el mundo. Esto ha sido así desde tiempos remotos, cuando el rey Herodes o Cleopatra se retiraban al Mar Muerto para descansar, allí, el cuerpo y el alma.


Más información: http://sp.visitjordan.com

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