En pareja: ¿es posible decirse lo que duele sin hacerse daño?

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Sin fórmula magistral pero con método
Cada pareja es un mundo y, como digo casi siempre, no hay fórmulas magistrales. Con todo, no nos engañemos, decirle a tu pareja o a cualquiera, cosas que no son agradables sin herir, requiere cierta habilidad que no todo el mundo tiene. Cuando dices algo a otra persona de sí misma debes tener en cuenta que hay múltiples factores que pueden influir en que el mismo mensaje sea interpretado de una forma o de otra. Todas ellas, de ser ignoradas, pueden dar al traste con cualquier intención buena que uno se haya propuesto antes de empezar. (Para el caso de que se tengan buenas intenciones, ¡claro está!).

Cada uno se ve a sí mismo según el espejo que se haya forjado a lo largo de su vida. Cuando se mira en él ve lo que cree que ve, que a veces coincide con la realidad que perciben los demás y a veces no. Dejando al margen complejidades psicoemocionales varias tanto del emisor como del receptor, lo que quiero decir es que es bastante difícil que, sin preparar el terreno antes, consigas el objetivo que te hayas propuesto y además, logres no generar un temporal.

Nos encontramos con parejas tremendamente infelices porque no han sido capaces comunicarse abiertamente y con serenidad qué es aquello que duele.Antes de entrar al trapo conviene estudiar la situación para encontrar el momento adecuado y ponerse en la piel del otro. Todo esto ayuda y mucho.

Sobre lo que duele y lo sensible que uno sea
A cada uno le duelen cosas diferentes. Además, el umbral de sensibilidad es diferente en cada caso. Lo que para unos sería intolerable para otros no tiene importancia. Por eso, cuando dos personas, conocidas o amigas, intentan poner en común sus respectivas experiencias podrán consolarse mutuamente y desahogarse. Aprender, o no, la una de la otra. Pero en ningún caso pretender que los problemas son idénticos. Raramente lo son. Parecidos sí. Idénticos casi nunca.

Nadie es perfecto. Apostar por la pareja requiere una dedicación especial. Una comunicación abierta e ilusionante, cargada de honestidad y respeto mutuo, para empezar.En lo que a sensibilidad se refiere quiero destacar aquí a esas personas que han vivido su niñez en medio de un mar de emociones contrapuestas porque sus padres discutían constantemente. Donde la sombra de la ruptura, la soledad y el abandono poblaban su frágil mundo interior. Sus padres los han querido y cuidado, pero el sufrimiento emocional de tanta discusión, a la que parecía que ellos eran inmunes, ha dejado su huella.

Estos niños, llegados a la edad adulta, son imprevisibles cuando se enfrentan a un problema íntimo con su pareja. Pues no lo abordan desde la serenidad y la plenitud de sentirse seguros, amados y tranquilos. Los hay violentos porque es su forma inconsciente de reaccionar ante el miedo al fantasma del pasado. Los pacíficos sufren en silencio. Y dan mil vueltas antes de enfrentarse al hecho de decirle a su pareja algo que creen va a levantar ampollas. Sufrimiento emocional inútil la mayoría de las veces y energéticamente agotador.

Cuando el otro se da la vuelta, no escucha y se va
Si se va para no volver, el problema ha terminado. Quizá empiecen otros, pero el que existía con él, se acabó. Lo malo es cuando se van para no afrontar la discusión y luego vuelven como si tal cosa. El problema se perpetúa y la pareja se deteriora cada vez más. La apariencia externa, y el escenario familiar pueden ser perfectos, pero lo que sostiene el deseo de estar unidos en un proyecto de vida en común se descompone irremediablemente. Así, nos encontramos con parejas tremendamente infelices porque no han sido capaces comunicarse abiertamente y con serenidad qué es aquello que duele.

Nadie es perfecto. Apostar por la pareja requiere una dedicación especial. Una comunicación abierta e ilusionante, cargada de honestidad y respeto mutuo, para empezar. Desde ahí, podemos edificar el resto.

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