En pareja, despacito y buena letra

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El ser humano que se empareja lo hace por diferentes razones. No hay una sola. La cosa quiebra o se refuerza en función de cómo vayamos manejando y encajando lo que pasa después. Arte para el que no existen manuales de funcionamiento ni protocolos. Para el que, en no pocas ocasiones, tenemos que desaprender lo aprendido y buscar la esencia de la que estamos hechos, si queremos entender y comunicarnos con el otro y que la cosa llegue a buen puerto.

Y es que, las relaciones de pareja entienden de realidades puras y duras. Entienden de las cosas cotidianas del día a día. Entienden de cómo somos realmente y de cómo nos llevamos con lo que nos rodea. Y en esa parte, es donde entra en juego el rol del otro. Con el que o te llevas bien, mal o regular. Cuyas decisiones te pueden gustar o no, pero que, desde el momento en que te condicionan la vida cobran una importancia capital.

¿Inteligencia, generosidad y autocontrol?
Quizá estos tres ingredientes te lleven al éxito. Todo va a depender de tu nivel de autoconocimiento, y de si sabes realmente con qué cuestiones prácticas de la vida eres absolutamente incompatible. Si te has emparejado por amor, para la generosidad no hay que esforzarse mucho. Pero lograr el autocontrol y comunicarte inteligentemente con tu pareja no van en el pack por defecto.

La toma de decisiones tiene que estar guiada por los resultados y como por donde uno pasa ya pasaron otros, está bien preguntar siempre.Hay que trabajar mucho ambas posiciones y además, aplicar altas dosis de paciencia "con fecha de caducidad". ¡Cuidado con esto!. ¿Paciencia con fecha de caducidad? Sí. No se puede postergar eternamente la transformación. Si hay avances, por pequeños que sean, es que hay transformación. ¡Esto es lo que importa! Eso significa que merece la pena seguir intentándolo.

Toma de decisiones
Tema muy complejo cuando hay división de opiniones. En cualquier ámbito de la vida. En pareja tiene un plus.

Me refiero al de enriquecer o empobrecer lo que la mantiene. Depende siempre del resultado final. Si la cosa sale bien, todos contentos y ¡que buena decisión tomamos! Si sale mal y la relación tiene buenos cimientos, pues a otra cosa, y lección aprendida. Si es al contrario, nos podemos encontrar con el "¡ya te lo dije!" de turno, que es a la pareja como el ácido sulfúrico al pulmón.

En cualquier caso, la toma de decisiones tiene que estar guiada por los resultados y como por donde uno pasa ya pasaron otros, está bien preguntar siempre. No te encierres y habla con personas que estén fuera de tu entorno y que puedan darte puntos de vista objetivos y profesionales.

No siempre somos dueños de las circunstancias que nos arruinan o nos enriquecen. (Algunos dirían que nunca ¡Ya oigo las voces!). Pero, en la medida que podamos serlo y, sobre todo si con nosotros arrastramos a otra persona, no podemos permitirnos no escuchar y reflexionar y ceder (si fuera preciso) antes de actuar.

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