En la TV las mujeres están sólo en realitys y frivolidades

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"La identidad masculina es muy tradicional, no se ha repensado; yo creo que será un alivio para muchos varones ver que hay otras opciones", dice Mary Nash, fundadora de la Asociación Española de Investigación en la Historia de Mujeres. Optimista respecto de la posibilidad de conquistar la Igualdad real, plantea que la discriminación persiste en los medios de comunicación y la academia. Su visión sobre las mujeres árabes, su admiración por la presidenta irlandesa Mary Robinson, y el gran desafío para la conciliación, en relación a las empresas y a las parejas.

"Así como las mujeres han ido modificando la idea de feminidad, los hombres deben redefinir la masculinidad. Podemos aprender mutuamente", dice Mary Nash, sobre la posibilidad de alcanzar la Igualdad real en España. "Es un proceso largo. Yo soy historiadora, con lo cual, miro hacia atrás y, con la perspectiva de un siglo. Existen prácticas discriminatorias, pero el reto es identificar estos mecanismos y lograr un cambio de mentalidad", comienza.

Nació en Irlanda en 1946 y llegó a Barcelona en 1968. Desde principios de los 70 centró su trabajo en descubrir la historia española desde la perspectiva de género. ¿Cómo fue que comenzó con esta temática? Además de que las mujeres estaban ausentes en los relatos históricos, y nadie se preguntaba por ellas, tuvo la "suerte" de que una bibliotecaria en el archivo de Barcelona le permitiera acceder al material sobre una organización anarquista de mujeres durante la Guerra Civil. "Tiré del hilo y vi que debatían sobre la lucha antifascista pero también sobre la emancipación de la mujer", contó desde Galicia, donde ha impartido un curso en la UIMP, y donde también concedió una entrevista al Xornal local. Entre las mujeres actuales, admira a Mary Robinson: "Me parece muy importante que un país pequeño, periférico y en su momento muy atrasado como Irlanda lograse que su máxima representación fuera una mujer. Y porque, una vez que accedió a la presidencia, no renunció a sus valores".

“Uno de los retos es la conciliación de la vida familiar y el trabajo, sin que sólo las mujeres se tengan que adaptar. Esto significa cambios muy importantes de mentalidad: en la empresa, la relación de pareja… que es muy difícil negociar, pero el futuro pasa por ahí”. Como académica reconoce que, aunque la situación de las mujeres viene cambiando, se ha sentido discriminada por cuestiones de género. De hecho, los informes de la Comisión Europea plantean que en las trayectorias universitarias en investigación los mecanismos de discriminación siguen vigentes. "Hemos avanzado pero aún se pueden encontrar determinados profesores universitarios que no tienen en cuenta estos estudios", piensa. Cuando ella comenzó sus estudios -cuando decidió quedarse en España por el ímpetu de transformaciones sociales que se vivía después del Franquismo-, había menos mujeres y los comportamientos discriminatorios eran más obvios.  

Igualdad en el trabajo y pacto de pareja

La historiadora opina que en la actualidad es importante la transformación de las leyes, aunque esto resulta insuficiente si la sociedad no las aplica. "Uno de los retos es la conciliación de la vida familiar y el trabajo, sin que sólo las mujeres se tengan que adaptar. Esto significa cambios muy importantes de mentalidad: en la empresa, la relación de pareja… que es muy difícil negociar, pero el futuro pasa por ahí".
"En la economía de las capas medias se requiere los ingresos de dos miembros de la familia y si queremos que haya demográficamente una viabilidad de futuro tiene que haber un pacto. Pero es difícil porque los medios y la televisión difícilmente van por aquí", destaca.

Cuestión de imagen

 "Hay muchas mujeres con una extraordinaria capacidad que siguen marginadas, por la política y por los medios de comunicación. Y me preocupa porque el impacto de los medios, sobre todo los audiovisuales, es extraordinario y lleva a que una niña piense que, por ejemplo, no podrá ser nunca presidenta de un país", dijo Nash. En su opinión, en los medios de comunicación "hay un reparto de roles absolutamente arcaico", que es reflejo de la sociedad. Por ello, para ir transformando esta visión sobre las mujeres, es necesario incluir modelos de mujeres que tengan autoridad sobre una serie de cuestiones. Cuando se compara la aparición de las mujeres en la televisión irlandesa, que aparecen en todo tipo de programas, Nash encuentra que en la TV española las mujeres sólo están en reality sohws y frivolidades.

Revoluciones sin mujeres

En 1974 propuso impartir una asignatura sobre historia de las mujeres, que fue aceptada por el director del departamento de la universidad. Además de descubrir nombres e historias que permanecían ocultas, la perspectiva de género permite desvelar cuestiones más profundas: como por ejemplo que los principios de Igualdad y Libertad de la Revolución Francesa no se aplicaban a las mujeres de su tiempo. "La proyección universal que se hacía de los Derechos del Hombre tenía un sector excluido, que eran las mujeres. O la Revolución Industrial, con lo que suponía para las mujeres entrar en una fábrica, cuando hasta entonces se trabajaba solo desde casa. Las connotaciones pueden ser diferentes, aunque no siempre, tampoco hay que caer en el determinismo", explicó. Mary Nash, de todas formas reconoce, que una historia que incluya la perspectiva de las mujeres no debería cometer los mismos errores. Esto significa que no debería narrarse con Europa como epicentro, sino que debería atender visiones diversas y multiculturales.

Mujeres árabes, más allá del velo
Según la historiadora, las mujeres árabes tienen una larga tradición de movilizaciones por sus derechos y por la independencia de sus sociedades, tanto en África como en Asia. "Desde la mujer yemení que conduce el coche desafiando las normas hasta las mujeres tunecinas, que están muy bien formadas. El dilema será lo que pase después. Y tengo que decir que en momentos de revolución, las mujeres están presentes en los conflictos y luego se las envía a casa. Hay un desplazamiento de los lugares de decisión y de poder. No sé si habremos aprendido".
Además considera que desde España debería hacerse un esfuerzo por pensar en estas mujeres más allá del estereotipo del manto con el que cubren sus cabezas. "El velo tiene muchas lecturas, puede ser una coacción social, pero también una rebelión juvenil ante los padres o para moverse mejor en los espacios públicos. No necesariamente es un signo de sumisión. Otra cosa es el burka. Hay más debates que el uso del pañuelo. Entre otras cosas, hay un debate que me parece muy importante: lograr que las mujeres migradas tengan su propia voz, que los hombres no hablen por ellas".

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