En cuanto entres al teatro, estás muerto

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Cabaret mortal es un espectáculo desenfadado que profundiza con exquisito humor en el concepto de “la muerte como rasero”, en la que no hay distinción alguna. No hay una división entre escenario y butacas, sino un único espacio en el que actrices y espectadores están al mismo nivel, ya que “todos están muertos”.

Así que, ¿por qué no vestirnos para la ocasión? Siguiendo los precedentes de su estreno en México D.F., donde hubo público en bata, pijama, deliciosamente elegante e incluso desnudo, la compañía invita a los espectadores a ir vestidos como les gustaría que fuesen enterrados. Pero debe ser algo especial, no sirve la habitual ropa de calle. Además, quien así apueste por esta opción obtendrá un descuento respecto al precio de entrada, que será de 9 € en vez de 13 €.

La compañía invita a los espectadores a ir vestidos como les gustaría que fuesen enterrados. Pero debe ser algo especial, no sirve la habitual ropa de calle.Tras un mes de éxito continuado en el Teatro Helénico de México D.F., la compañía internacional Bodo Bodó Production, formada por tres actrices procedentes de tres países distintos, Elena Olivieri (Italia), Maja Skovhus Rehoj (Dinamarca) y Madeline Fouquet (Francia), discípulas del maestro clown Philippe Gaulier, llega a Madrid con una coproducción realizada por artistas de cinco países (a los anteriores se añaden México, con el director Artús Chávez, y España, con el co-autor Juanma Rodríguez).

Un espectáculo fresco que sumerge al espectador en un cabaret de los años 20 y 30 con todos los elementos del género, música en vivo, teatro de sombras, títeres y una dosis de humor surrealista y negro que hará reír sin tregua al más serio: Cabaret mortal. Un montaje para adultos ingenioso, inteligente y divertido que reflexiona y critica abiertamente ideas, tabúes, supersticiones y conceptos en torno a la muerte.

La sala Triángulo se convertirá desde el 27 de octubre hasta el 12 de noviembre en la parodia de una antesala de la muerte antes de pasar al Más Allá. Lo primero que los espectadores se encontrarán en el camino a su “destino” será un cabaret, un bar de carretera donde los muertos repostan en su viaje y desde el cual se les mostrará las distintas alternativas que les esperan en la eternidad. Allí les recibirá Efimovna Dumas (Fifí para los amigos), una seductora y alcohólica femme fatale bipolar que no quiere desprenderse de lo que era en vida, y que además tiene miedo a desaparecer y cruzar al otro lado; Geraldine Yensen, una músico retraída a la que en vida nadie le permitió explorar sus habilidades musicales a la vez que no fue amada por su familia, de ahí que la busque desesperadamente entre el público con el fin de reconstruir su pasado; y Grechel Kalsi, una maestra de ceremonias andrógina y reprimida, pues sus padres querían que fuera un varón y así la trataron. En vida ha sido mayordomo, portero y trata de hacer las cosas bien, aunque está francamente cansada. Ninguna de las tres, con su particular incertidumbre sobre la muerte, saben por qué, ni desde cuando están allí viviendo la eternidad como la repetición del mismo espectáculo, una y otra vez. Ante otros muertos, representan su función, ellos la ven y se van, y sin embargo ellas continúan allí. Pero esta noche será distinta y decidirán mirar a la muerte de frente, sin miedo, y descubrir qué les retiene en ese lugar en mitad de ninguna parte y qué esperan o temen hallar.

El valor de la vida
El espectáculo tiene su origen en la forma de afrontar y celebrar la muerte en México, donde la compañía se encontraba de gira en 2008. Allí, las calles, casas e iglesias se llenan de coloridos altares dedicados a sus difuntos, los niños muerden y chupan calaveras de azúcar, y catrinas recortadas en papel de seda adornan la ciudad y los cementerios. En la noche del 1 al 2 de noviembre los parientes van a visitar a sus muertos y les llevan su comida preferida, pollo en salsa de chocolate, tacos fritos, fruta tropical, cerveza fresca, tequila, mezcal, tabaco y muchos mariachis. Pasan la noche allí, de fiesta, bailando, cantando, comiendo, bebiendo, transformando el cementerio en una verbena. Esa forma de tratar la muerte sin miedo, ni tabúes, sino al contrario, hablando de ella como parte de la vida, fue la clave para que las tres actrices se decidieran a emprender este proyecto, buscando el formato adecuado donde todo lo que deseaban contar pudiera tener su sitio. Un lugar para satirizar conceptos religiosos (los buenos y los malos, el Juicio Final, el sentido de culpa y abdicación en esta vida esperando una mejor al morirse, o el cuerpo como fuente de pecado) y tratar de una forma verbal, pero también musical y visual, aquello que les fascinaba y asustaba de la muerte.

Lo primero que los espectadores se encontrarán en el camino a su “destino” será un cabaret, un bar de carretera donde los muertos repostan en su viaje y desde el cual se les mostrará las distintas alternativas que les esperan en la eternidad. Cabaret mortal es, así, un espectáculo que rompe las líneas comunes del teatro y el escenario para convertir al espectador en protagonista cómplice de la historia y crear con él un diálogo sin el cual la función no podría ser. A partir de escenas llenas de hilaridad, los personajes se van desgranando mientras actúan con el público, en un juego bufonesco que no sirve sino para dirigir con humor una crítica hacia la sociedad y sus creencias. Cabaret mortal es un montaje a través del cual uno no sólo puede reírse de sí mismo, sino que reflexiona acerca del valor de la vida, una vida que tiene un final, y que por la misma razón es una invitación a disfrutar del presente. El objetivo es que el público establezca una analogía con la vida, como a las tres actrices les ocurrió durante el proceso de elaboración y escritura, dejar de huir y no temerle a nada. “Puesto que no se puede plantar cara a la muerte, plantemos cara a la vida”, afirman.

Olivieri, Skovhus y Fouquet son tres actrices que se reúnen para crear. Sus éxitos han sido apoteósicos en el Reino Unido, México, Italia, etc., con montajes como The caca show, al que el propio Gaulier calificó como uno de los espectáculos más divertidos y locos que había visto en su vida y con el que llenaron todos los días en el Fringe de Edimburgo, en su edición de 2002, o Bodo Bodó, un robo frustrado de dos ladronas vestidas de abeja y flor y una huida obligada a un hotel abandonado, donde se encuentran con la mayor ladrona del mundo, entre cuyos tesoros se encuentra la ropa interior de la Reina Madre.

Sus historias son tan absurdas como hilarantes, con personajes perfectamente definidos y estudiados en los que se privilegia la imaginación. Encandilan al público con su talento y su creatividad, y para verlas es preciso abandonar a la entrada los prejuicios y dejarse llevar por el humor más puro.

En la Sala Triángulo, desde el 27 de octubre hasta el 12 de noviembre en funciones de jueves a sábado a las 20.30h.

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