En busca del poder o reinventando a la hembra alfa

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Dice Karen Gifford que hay un punto en la vida laboral en la que se ha aprendido mucho de jefes y mentores pero trabajar para conseguir las metas de otro ha perdido su atractivo. Para ser dueña de tu propia idea y empezar algo nuevo, el tiempo por venir, debería conducirte a un nuevo nivel de realización y satisfacción.

Desafortunadamente es cuando muchas mujeres tropiezan; y muchas de ellas nunca vuelven a la pista. Dar el paso hacia el liderazgo es un reto para cualquiera, pero si eres una mujer la transición puede ser mucho más tensa, porque a menudo es la primera vez que el mundo pone toda su atención en ti. Los desafíos extra a  los que nos enfrentamos como mujeres ambiciosas son reales y requieren soluciones sistemáticas. Al mismo tiempo, como individuos no podemos esperar que el cambio social sea completo sin perseguir nuestras aspiraciones. Por ahora, tenemos que hacer lo único que podemos frente a la adversidad: recurrir a nuestras propias fuerzas. Algo que podemos hacer nosotras mismas es reconceptualizar el poder y lo que significa ser una persona poderosa o influyente.

Dar el paso hacia el liderazgo es un reto para cualquiera, pero si eres una mujer la transición puede ser mucho más tensa, porque a menudo es la primera vez que el mundo pone toda su atención en ti.Nadie nos dijo que sería tan difícil
Antes de entrar en cómo debería cambiar nuestra visión del poder, quiero tomar un momento para explicar lo que se interpone entre nosotras y el poder. ¿Qué desafíos extra tenemos que enfrentar las mujeres que queremos perseguir nuestras metas? La verdad es que son bastante predecibles, pero hay poco debate sincero sobre esto y puede cogernos por sorpresa a la mayoría. Una mujer dispuesta a dirigir por primera vez se enfrenta directamente a la corriente de profundamente ambivalente sobre el éxito femenino. Es el momento donde las actitudes subconscientes de las personas y los estereotipos surgen y pueden influirte de forma práctica.

Quizá si eres joven, nunca antes has experimentado el sexismo personalmente, y cuando lo hagas, puedes sentirlo de manera muy personal. Ahora estás tratando directamente con la gente de los escalones más altos; la dirección de tu empresa, los gestores ejecutivos, los inversores privados. La mayoría de ellos son hombres y todos ellos están acostumbrados a interactuar con hombres. Ves que dan poca importancia a tu experiencia y tu cualificación o más aún, las ignoran. Hablan de tu ropa cuando estás tratando de explicar tus ideas. Tu comportamiento de repente, se observa con lupa. Escuchas que te consideran demasiado agresiva (incluso una víbora) por primera vez.  Siendo clara, no estoy diciendo que todo el mundo o que la gran mayoría de personas traten así a las mujeres exitosas. Pero si estás en el punto de mira, no tardas mucho en darte cuenta de esto.

Los colegas masculinos también empiezan a verte como una amenaza y empiezan a ser despiadados. Quizás sacan provecho del hecho de que están en un club de chicos y tú no, o simplemente se aprovechan cuando cometes un error o muestras debilidad. Sentir que alguien que pensabas que era tu compañero te apuñala por la espalda duele, y casi peor es ver que alguien en el que confiabas, se deja llevar y se une a tus detractores. Y justo cuando necesitas consejo y apoyo, puede ser difícil encontrarlo. La realidad es que la mayoría de los modelos de éxito a los que tienes que recurrir son masculinos. Los mentores masculinos son geniales (¿dónde estaríamos sin ellos?) pero es difícil encontrar tu camino para avanzar con pocas o ninguna mujer por delante de ti. Las mujeres en puestos de responsabilidad parecen haber disminuido, ya que cada vez hay menos y menos mujeres en puestos de alta responsabilidad. Muchas mujeres en esta fase de su vida tienen hijos pequeños, así que se añaden las dificultades de cumplir las obligaciones familiares y es fácil ver cuántas mujeres a las puertas de puestos de responsabilidad se sienten aisladas y tratadas injustamente por el mundo.

Mal consejo
Esto sucede cuando el consejo que recibimos es muy malo. Si tienes éxito en todo, la gente probablemente te dirá que la forma de avanzar es ser uno de los “chicos” y seguramente seguirás ese consejo, al menos hasta cierto punto. Sé que yo lo hice cuando era una abogada principiante en el negocio mayoritariamente masculino de los juicios. Escondía parte de mi personalidad cuando iba a trabajar, e ignoraba un cierto sentimiento de incomodidad que provenía de un ambiente ligeramente extraño. Me aseguraba de leer la sección de deportes por la mañana, no llevar fotos de mis hijos a la oficina, tolerar bromas groseras y estaba lista para irme de copas (por supuesto, no demasiadas; ¡Dios me libre de bajar la guardia!) después del trabajo.

Lo que aprendí es que ser parte del grupo no es tan importante en la primera etapa de tu carrera profesional; todos tenemos un lado masculino y puede ser divertido conectar con él. Es una estrategia que puede funcionar extremadamente bien en un momento. Puedes ser parte del grupo, pero tu carrera probablemente está avanzando bien. El problema viene cuando decides ascender y las cosas se ponen difíciles y está mucho en juego. La gente te dice que si eres una mujer con grandes ambiciones, debes jugar a doble o nada: no sólo tienes que ser uno de ellos, tienes que ser el peor tipo de hombre posible: cruel, competitivo, pendiente de su imagen, controlador, impaciente, agresivo, manipulador y dominante. Un macho alfa.

Un tipo de poder diferente
Este consejo está mal, pero lo peor es que te aleja de tu propio poder. Para dejar tu huella en el mundo, necesitas acceder a una autoridad auténtica. Si pasas tu tiempo hablando como si fueras la caricatura de un hombre poderoso, sonarás vacía y dinamitarás tu propia credibilidad. Y si te obligas a actuar en contra de tus propios instintos y valores, perderás el acceso a las fuentes profundas de fortaleza que hay bajo la verdadera confianza. He experimentado esto de forma bastante dramática en un seminario de técnicas para juicios al que asistí hace algunos años para practicar la abogacía. En ese momento estaba trabajando como abogada de la Reserva Federal. Emprendía acciones civiles contra banqueros acusados de violar las leyes bancarias, con penalizaciones que incluían prohibiciones industriales y multas de seis cifras. Era un ambiente muy contencioso, los gritos y maldiciones eran algo cotidiano.

Pasé la primera mitad del seminario tratando de superar la agresividad de la mayoría de los abogados que me rodeaban, lo que me hacía parecer ridícula. Los hombres dominaban la sala con sus cuerpos fornidos y voces altas. Mis razonamientos se perdían en el ambiente cargado de testosterona. No importaba cuán sólida fuera mi lógica o lo bien que presentase los hechos; al intentar que mi voz sonase tan alta como la de los hombres, sólo conseguía ser estridente. Imitar sus movimientos, con un cuerpo mucho más pequeño y menudo, no me hacía parecer más autoritaria ni me ayudaba a mantener el control en la sala.

Después de verme perder otra vez contra el vozarrón de mi rival, uno de los profesores, un experimentado abogado, me llevó aparte y me dijo: no puedes hacer lo que él está haciendo y no deberías intentarlo. Me dijo, tienes un porte y una elegancia natural; usa eso. Sé la reina a la que todo el mundo quiere complacer. No me gustó este consejo en absoluto. No quería ser elegante o digna; eso me parecía convencional y cursi. Pero fue un consejo maravilloso, en particular porque me enseñaba que no necesitaba convertirme en un tipo duro para triunfar. Lo seguí, con cierta reticencia, y funcionó. Sucedió que cuando me permitía ser desenvuelta, me sentía relajada y con más confianza.

Aprendí a usar los silencios más que los gritos para conseguir la atención y me di cuenta de que cuando lo hacía, toda la sala escuchaba. Gané la simulación del juicio que hicimos al final de las dos semanas, y después también gané un montón de batallas reales en los juzgados. No diré que nunca tuve problemas al tratar con el abogado contrario machito, pero acabé ese seminario con una profunda confianza en mi propio estilo y en mis instintos que me ha servido mucho desde entonces. Y esa experiencia me hizo replantearme de una forma fundamental lo que significa ejercer el poder.

La verdadera Hembra Alfa
Estamos viviendo en una época en la que algunas mujeres empiezan a brillar y triunfar en los más altos niveles, bajo sus propias condiciones. Ahora, necesitamos hacer eso con los números y para hacerlo, creo que deberíamos ignorar las percepciones que teníamos sobre cómo ser poderoso.

En lugar de tomar el modelo de macho alfa y ponerle una falda, sugiero que como mujeres, reconceptualicemos la idea de lo que una hembra alfa podría ser y hagamos nuestro propio modelo. Es un proyecto emocionante e interesante para mí, sobre todo porque no hay ningún modelo de mujer poderosa legitimado socialmente. Así que es un tema abierto. Marina y yo hemos intercambiado ideas sobre cómo debería ser nuestra hembra alfa; podrás conocer algunas de estas ideas en nuestros siguientes artículos.

Sobre la autora
Karen Gifford es Co-Fundadora y Directora de Broad Ventures Leadership. Ha sido activa en el mundo de las start-up como fundadora, inversora y asesora. Anteriormente, trabajó en la industria financiera, primero como abogada en el sector privado y en el New York Fed. Ella y su co-fundadora, Marina Illich empzaron Broad Ventures Leadership con el objetivo de apoyar a las mujeres para que lleguen a ser líderes excepcionales. Síguelas en Twitter @BroadsBlog.

Por Karen Gifford para Ellas 2.0

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