Emprendedoras de antes

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No aparecen en la crónica social ni forman parte de la historia escrita. No han sido relevantes
para nadie. Son las que no se ven.

Esas mujeres, las que sólo son recordadas por aquellos que las amaron (en el mejor de los casos), han construido verdaderos templos, han escrito grandes historias y han concluido valiosas gestas. Ellas son, mis  “Mujeres Invisibles”.

Emprendedora nacida en la España rural de 1900
P.U.M, fue novia de un coronel de la Guardia Civil con el que no llegó a casarse. Aquello, en la España de entonces, rural, analfabeta y machista, te marcaba para toda la vida. Jamás volvería a tener relación con varón alguno. Con todo, las casamenteras del pueblo organizaron la boda con un recién enviudado y ella tuvo que aceptar. Y así, casada sin quererlo, parió todos los hijos que pudo engendrar y crió a la hija de su esposo.

Se entregó a su matrimonio con abnegación, en silencio y sin amor. El desamor lo palió al calor de la fe en su Dios. Salvó a muchos en la guerra y quitó el hambre a otros tantos. Por aquel tiempo bautizaba a los recién nacidos a hurtadillas, corriendo por las calles al amparo de la oscuridad de la noche por miedo a los fusiles republicanos, con el agua bendita en un tarro.

La necesidad la llevo a tomar una decisión fundamental: poner un negocio. Sin más conocimientos que saber leer, escribir, sumar y restar se lanzó a la aventura. Como no había papelerías ella puso una. ¡Sin competencia mejor!, pensó y acertó.

Diversificar o morir
Alquiló un pequeño local en la plaza del ayuntamiento, porque le parecía que por allí pasaba todo el mundo y era buen sitio. Lo cubrió todo con estanterías y puso un mostrador de madera. Llenó los anaqueles de pizarras pequeñas, libretas, lápices, cajas de colores y juguetes. Los juguetes los hacían algunos del pueblo. Que si tallados en madera, que si balancines de caballos de cartón. Novelas y revistas acabaron de completar la oferta.

Entendió a su clientela y pronto comprendió que era de perfiles diferentes. Así que diversificó todavía más y abrió una nueva línea de negocio. Alquilar las novelas de Corín Tellado. Aquello causó furor entre las adolescentes del lugar que, a diferencia de las actuales, no tenían más que el cine para entretenerse y los paseos por la glorieta.

Emprender en tiempos difíciles
Esta mujer invisible fue emprendedora en tiempos especialmente difíciles. Lo que tiene más mérito. Decidió avanzar y arriesgarse. Empezó de fiado, que se decía por aquel entonces. Con seis hijos pequeños y con un marido que no le servía para mucho, emprendió un negocio que, a simple vista, tenía poco futuro. Entre otras cosas porque el tejido social de la España rural de aquel entonces era más amigo de los chismorreos que de las letras. Poco más o menos como ahora.

Como P.U.M tengo alguna española más, emprendedora ella y nacida a principios del siglo veinte y finales del diecinueve. Coincide con la anterior en dos puntos: la pareja no era un punto de apoyo y avanzaron por la necesidad de sacar adelante a la prole.

Termino aquí, no sin antes poner la puntilla: “¡Qué mujeres tan valiosas! ¡Sin licenciatura alguna ni MBA y han movido montañas, que habrían conseguido de tener una buena formación y las mismas libertades y oportunidades que los hombres!”.

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