El Estado y la tómbola de la esterilidad

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El Tata Nano es considerado un coche pequeño en la India. No apto para familias numerosas. Modesto pero inalcanzable para muchos. El Gobierno, consciente de que el tamaño no siempre importa, se ha embarcado en una aventura pintoresca y de dudosa moral. Sortea Tata Nanos entre las mujeres que se esterilicen antes del 30 de septiembre. Las sendas del control de la natalidad, tan exploradas por políticos de unos y otros signos, son insondables, rocambolescas, tiranas.

Una nube de intervencionismo cauteloso se cierne sobre Asia del Sur oscureciendo el hinduismo, el budismo, el jainismo y el Golfo de Bengala. El Estado, temeroso de llevar a cabo impopulares esterilizaciones forzosas (como ya hizo en los 70), juega con los delirios de grandeza doméstica de los más humildes. Lacerante realidad… la del coche elevado a premio para las mujeres poco pudientes que renuncien al regalo de la fecundidad. Parece ser que muchas veces son los maridos quienes, cegados por el posible rugido de un motor, hacen campaña de puertas para adentro. Nos cuentan desde la India que los pocos hombres que han acudido a las consultas, eran meros acompañantes. La esterilización masculina no está siendo un boleto en esta tómbola.

"Esterilízate para ganar un coche" es el slogan al que han acudido las autoridades indias para movilizar a las familias desfavorecidas. "Esterilízate para ganar un coche" es el slogan al que han acudido las autoridades indias para movilizar a las familias desfavorecidas. No debe ser fácil luchar contra el crecimiento demográfico descontrolado, pero no puede dejar de parecerme perverso que el Estado se cuele en los hogares y convierta la infecundidad en un sexy producto de Marketing; en el método más rápido y eficaz para acceder al preciado bien del coche. Lotería y quirófano se funden en un esperpéntico abrazo.

Estas fórmulas de planificación familiar tan grotescas no son un hecho aislado en la India ni en el momento presente. Han adquirido tintes atroces en diferentes momentos y geografías. En EEUU, los defensores de la Eugenesia creían en las esterilizaciones forzosas como remedio clave para las deformidades, la criminalidad o los retrasos mentales. Se esterilizó a mujeres afroamericanas que acudían a las clínicas por motivos bien distintos y en ocasiones contrarios como dar a luz. Las cárceles se convirtieron en uno de los campos de batalla preferidos por los programas eugenésicos que buscaban limitar la propagación de individuos genéticamente defectuosos. Hubo que esperar a que acabara la Segunda Guerra Mundial para que la opinión pública se endureciera. La humanidad había presenciado como Hitler, la Alemania nazi y el genocidio habían ido de la mano de programas de esterilización forzosa a gran escala.

Bajo el eufemismo de Programa de Salud Pública. Alberto Fujimori esterilizó contra su voluntad a cientos de miles de ciudadanos indígenas. La huella de esta política descarnada y compulsiva sigue viva y ha afectado notablemente a la reciente campaña política de la hija del ex presidente, a pesar de sus enérgicos intentos por desvincularse de tales programas.

A partir de 1973, Checoslovaquia llevó a cabo un programa de esterilizaciones forzosas de mujeres gitanas. A pesar de su abolición en 1990, se siguieron llevando a cabo intervenciones y se registraron víctimas varios años después.

Con este breve y calamitoso repaso, no pretendo poner al mismo nivel lugares, programas ni líderes. El caso de India parece estar centrado en el impulso económico de un país en ebullición cuya masa indigente es un freno para el desarrollo.

Aún así, soy de la opinión de que la familia se concibe en los hogares y es en ellos donde debe planificarse. Somos los humanos y no el Estado quienes estamos legitimados a decidir sobre nuestra estirpe. Puede que no siempre sepamos pensar con la dosis de razón adecuada pero se tratará, en cualquier caso, de nuestra parentela. Puede que la incultura, las pasiones y el desasosiego por  no trascender nuestra breve existencia sean malos consejeros. Como también lo es que el Estado alimente al hambriento sólo si renuncia a traer más hambrientos al mundo.

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