El coronavirus evidencia la doble carga femenina

¿Qué hago con los niños? Quizá sea la pregunta que más se hacen las madres españolas ante la medida de cierre de centros educativos para mitigar los contagios por coronavirus.

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Las familias de muchas regiones españolas tienen verdaderos quebraderos de cabeza ente al cierre de escuelas infantiles, colegios e institutos por riesgo de contagio del coronavirus. La clausura durante 15 días ha obligado a profesores, padres y alumnos a organizarse en tiempo récord para enhebrar a duras penas trabajo y conciliación familiar en una experiencia inédita.

Es muy corriente que la organización recaiga sobre ellas y eso agota tremendamente.

La antropóloga y educadora social, Y. Herrero, sostiene que “el trabajo mental de ver qué se hace recae en ellas. Es muy corriente que la organización recaiga sobre ellas y eso agota tremendamente. En algunas declaraciones que he visto se hablaba directamente a ver cómo se iban a organizar las mujeres. Como que es su tarea y su obligación”.

Teletrabajo al alcance de pocas

Camen Castro, economista feminista, resalta que teletrabajar y tener a los niños en casa es una auténtica locura, pero que el teletrabajo tampoco está al alcance de muchas personas, porque muchos empleos no lo permiten. “Inevitablemente, gente precaria va a terminar tirando de los abuelos, que son población de riesgo”.

Este es el caso de Elena, administrativa en la Comunidad de Madrid, quien afirma que «ya sé que no se recomienda porque son población de riesgo, pero he dejado a la niña con los abuelos. No me queda otra, era eso o dejar de trabajar».

Los abuelos siguen ejerciendo de salvadores indispensables -a pesar de los riesgos-, pero otras familias han optado por contratar a cuidadores para esquivar el escollo y se nota el aumento de ofertas de «canguros» por horas, según relata María quien ha optado por ayuda de pago y ajustes en los horarios para atender a sus dos hijos de cinco y tres años.

«He contratado una chica cinco horas, y además yo he acordado con la empresa salir un poco antes. Es un encaje de bolillos y además un quebranto económico porque tenemos que desembolsar como 900 euros al mes, y ya veremos si se prolonga más de dos semanas», señala con angustia.

Falta de previsión y efectos de los recortes

Las economistas feministas llevan tiempo advirtiendo de que el sistema de organización es un sin sentido. Que es necesario humanizar las relaciones laborales, que hay que repensar el presentismo en las empresas con un cambio de cultura empresarial que prime la conciliación y los cuidados.

Si nos encontramos con este lío ahora, explica Carmen Castro, “es porque estamos funcionando totalmente a espaldas de tomar conciencia de cómo atendemos las necesidades de cuidados”.

“Lo preocupante es que el cierre de los centros de día de los mayores y de los colegios supone una reprivatización de los cuidados. Vuelve a colocarse la carga de cómo se atiende esto en lo privado, en lo doméstico, en las mujeres. Supone seguir insistiendo en los cuidados gratuitos”.

Para esta economista lo que estamos viendo es que, ante el riesgo, se retira todo lo público cerrando los centros. Lo que se propone es un aislamiento en los entornos domésticos y la búsqueda de soluciones individuales por parte de los entornos familiares. Es decir, la sinergia del sistema recae fundamentalmente sobre las mujeres. No sólo por la carga mental, a la que aluden muchas mujeres por la responsabilidad de pensar cómo lo van a hacer con los cuidados, sino también por la dedicación física y la energía que les requiere, explica Castro.