Edad y talento

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El nombramiento de Alberto Oliart al frente de Televisión Española, entidad pública que recientemente ha aplicado una política de reducción de personal basada en la edad, ha suscitado una agria polémica que trae de nuevo a colación si la edad debe ser considerada como una traba, por la pérdida de facultades que se supone lleva aparejada, o por el contrario representa un activo, por la experiencia y visión que aporta.

Iniciar este debate podría ser un paso en la dirección adecuada, para dar de nuevo a talento y experiencia el valor que corresponde y poner freno a la sangría de inteligencia y capacidad que supone retirar del mercado profesional las personas que llegan a la cincuentena, que un país como España, en crisis y en el vagón de cola en el tren de la recuperación, no se debería permitir.

En el caso de Alberto Oliart queda fuera duda su experiencia, capacidad de gestión, talante negociador y eficaz desempeño en los puestos por los que ha pasado. Incluso cuando le tocó estar al frente del Ministerio de Defensa en una etapa de cambio, convulsa y llena de tensiones. Desde los sectores críticos se le viene atacando por dos razones. Su edad y su supuesto desconocimiento del sector de los medios de comunicación. En mi opinión, ninguna de ellas tendría porqué ser un problema.

El valor de la experiencia
Con respecto a la edad, no parece que ésta sea un impedimento si nos fijamos en la media de los miembros de los Consejos de Administración de las empresas más importantes. Las mismas que deciden que rondar los cincuenta años es el límite para los profesionales que trabajan en las empresas que ellos dirigen. Tampoco es una traba para continuar transmitiendo conocimientos y experiencia, como ocurre en las Universidades, donde existe incluso la figura de catedrático emérito, para dar continuidad a una labor cuya importancia nadie cuestiona.

En cuantas organizaciones sociales la experiencia y el conocimiento que representa la edad han sido objeto de respeto y veneración, siendo los miembros más maduros los encargados de dirigirlas, tomar decisiones y resolver controversias. Y aunque en Occidente la tendencia en los últimos tiempos ha sido la de relegar a las personas mayores, considerándolas más una carga que una fuente de saber, esto ha sido más producto de un modelo económico cuya razón de ser pasa por maximizar el trinomio consumo-producción-beneficio.

Son consecuencia de este modelo, las políticas dirigidas a expulsar del mercado laboral a las personas de cierta edad en adelante. Podríamos también pensar que el criterio de edad es fácilmente aplicable y facilita la tarea a los departamentos de recursos humanos, incapaces según parece en muchos casos de aplicar criterios basados en valía, talento y otras competencias, para decidir qué personal interesa a la empresa y cual no.

En definitiva y con independencia de su edad, si una persona está en buenas condiciones físicas y mentales, ha demostrado ser un buen gestor y aporta un historial profesional intachable, no hay excusa para prejuzgar que no podrá ejercer un buen desempeño en cualquier responsabilidad que se le encomiende. Alberto Oliart asume un reto en un entorno convulso y en transformación como es el de los medios de comunicación. Vistos sus antecedentes, podemos apostar por él.

Las habilidades de gestión no dependen del sector
En cuanto a la segunda crítica, el desconocimiento del sector, apuntar que los procesos de gestión y toma de decisiones suelen ser bastante horizontales. Aún siendo un profano del sector en el que le ha tocado desenvolverse, un gestor puede plantear excelentes estrategias y salir airoso de situaciones complejas, si completa sus habilidades rodeándose de un equipo cualificado de colaboradores, que le brinden el soporte adecuado. Sin ir más lejos, cuantos ministros asumen carteras que no tienen nada que ver con sus conocimientos o experiencia y no por eso se cuestiona que puedan realizar una buena labor. El criterio contrario significaría que en Defensa tendría que situarse alguien de la carrera militar, en Sanidad a un médico o médica, etc.

Sin olvidar que en muchos casos unas habilidades son complementarias de otras y que existen excelentes profesionales, expertos en su sector que nunca harían un buen gestor y al revés. No es infrecuente que se eche a perder a un buen técnico/a cuando aplicando un camino de promoción equivocado se le han encomiendan funciones de dirección de personas, para las que sus competencias no son idóneas.

Un buen gestor sabrá serlo en la mayoría de las situaciones si consigue rodearse de un equipo adecuado. Solo así podrá concentrase en aquello que sabe hacer, liderar con eficacia. No hay razones para pensar que Alberto Oliart no va a hacerlo así.

Al final el tiempo pone las cosas en su sitio
Demos por tanto un voto de confianza a este nombramiento y quedémonos a la expectativa de resultados. Se suele otorgar un período de cien días para chequear resultados y emitir juicios en un sentido u otro. Hagámoslo también así en este caso.

Y hablando de recuperación de talento, quiero felicitar desde aquí a mi amiga, colega y compañera, María Antonia Otero Quintas, por su incorporación al Consejo de Jazztel. Por lo que supone de recuperación de un talento y una experiencia que la aplicación del criterio de edad estaba desaprovechando y por lo que supone el hecho de que se incremente la participación femenina en los Consejos de Administración.

Una merecida recompensa a quien como María Antonia apostó desde un principio por hacerse un hueco en un mundo masculino, que comenzó luchando para incorporarse a una carrera, la de ingeniero de telecomunicación en la que entonces la presencia femenina era testimonial. A partir de entonces vivimos muchas de las dificultades que hubo que superar. Incluso nuestras vidas profesionales transcurrieron en la misma empresa, Telefónica durante muchos años. Enhorabuena a María Antonia y enhorabuena también a Jazztel por el valor de la profesional que incorpora.

*Directivo prejubilado de Telefónica y colaborador de Fundación Telefónica. Ingeniero de telecomunicación, experto en TIC y RSE.

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