Edad laboral: ¿y si rompemos con los estereotipos?

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Son dos los factores que perjudican a la integración laboral de los más mayores: por un lado, la falta de una formación continua adecuada que les ayude a mantener la motivación, la productividad y la aptitud; por otro lado, los estereotipos relativos a la edad.

En la UE se proporciona formación a alrededor del 25% de los empleados de entre 55 y 64 años de edad y al 34% del total de los trabajadores, según estos investigadores. No obstante, estudios recientes indican que el 50% de los trabajadores mayores estarían dispuestos a asistir a actividades de formación continua para desarrollar sus capacidades profesionales y, así, mejorar sus perspectivas laborales.

El 50% de los trabajadores mayores estarían dispuestos a asistir a actividades de formación continua para desarrollar sus capacidades profesionales y, así, mejorar sus perspectivas laborales.
Si los trabajadores mayores están dispuestos y también son capaces de seguir aprendiendo, ¿por qué las empresas no son partidarias de invertir en ellos, y concretamente de darles una formación complementaria? Los investigadores señalaron que en las empresas creen que la mayoría de habilidades cognitivas se deterioran paulatinamente con la edad.

También dan por supuesto que los trabajadores mayores aprenden con lentitud, no se adaptan, carecen de conocimientos informáticos y rinden poco en las actividades formativas.

Las empresas tienen ideas preconcebidas distintas acerca de los trabajadores mayores y los más jóvenes: a los primeros se les supone una mayor ética del trabajo, más fidelidad y mayor consciencia de la importancia de la calidad; de los segundos se espera que sean más flexibles, más capaces de aprender y más creativos.

Según estudios realizados por investigadores de la Universidad Jacobs, algo que caracteriza a los trabajadores mayores es que han «desaprendido a aprender». La capacidad de aprendizaje y el conocimiento pueden perderse con el tiempo, informaron los investigadores, pero además los trabajadores mayores van desarrollando cierto miedo a aprender cosas nuevas y pierden confianza en su capacidad para aprender y en sus conocimientos.

La falta de formación va afectando a estos trabajadores de tal manera que se deteriora la asimilación de información, se pierde velocidad de reacción, se reduce la movilidad y se rinde a menos velocidad.

La capacidad de aprendizaje y el conocimiento pueden perderse con el tiempo, informaron los investigadores, pero además los trabajadores mayores van desarrollando cierto miedo a aprender cosas nuevas.Los investigadores indicaron que todas estas habilidades requieren la denominada «inteligencia fluida», que se define como la capacidad de extraer significado a partir de la confusión y solucionar problemas nuevos. Este tipo de inteligencia disminuye a medida que envejecemos y va cediendo espacio a la inteligencia cristalizada, que es la capacidad de aplicar habilidades, conocimientos y experiencias.

El estudio referido muestra que la raíz del problema de la capacidad de aprendizaje estriba en la falta de práctica, y no en el mero hecho de envejecer. Según sus responsables, si el cerebro se «entrena» de manera constante, se puede seguir aprendiendo con independencia de la edad.

«Uno de los principales retos para Europa en el siglo XXI es reaccionar al envejecimiento demográfico a base de integrar a sus trabajadores mayores en el mercado laboral y de prestarles la misma atención que a su juventud», aseguró el Dr. h.c. Wolfgang Clement, que fue Ministro de Economía y Trabajo en Alemania y que actualmente preside el Instituto Adecco.

«Un requisito indispensable para garantizar la integración de los trabajadores mayores es preservar y desarrollar su "empleabilidad" a base de que adquieran habilidades modernas a lo largo de toda su vida laboral. Ésta es una cuestión que atañe tanto a los trabajadores como a las empresas, porque son minoría las que consideran que los trabajadores mayores están interesados en formarse y que también son aptos para ello», añadió.

«Los prejuicios imperantes relacionados con la edad, cuyo fundamento científico es escaso, frenan a las empresas y a los propios trabajadores a la hora de invertir en formación continua y de crear métodos formativos adaptados específicamente a las necesidades y capacidades de cada grupo de edad.»

En definitiva, la formación continua sería tremendamente beneficiosa para los trabajadores mayores, mientras que las empresas también saldrán ganando si sus empleados, tanto los jóvenes como los mayores, no pierden la concentración ni la motivación.

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