Divorcio y felicidad: receta y equipaje

Vaya por delante que no hay fórmulas magistrales. Cada caso es un mundo y no hay patrones. Cuesta mucho, cuando las cosas no van bien en pareja, separar lo emocional de lo material. Pero es preciso, antes de entrar en harina, hacer ese ejercicio. Así que, mejor por orden.

Por dónde empezar… Primero interioriza el fracaso, asúmelo e intenta hacer un ejercicio de reconstrucción interna en positivo. Al margen de todo el dolor que te produzca la situación.
Recoloca tus emociones y toma conciencia de que la vida sigue y que volverás a emprender una nueva. Lo conseguirás.
Es imprescindible la calma y la serenidad. Si hay niños y convivencia, además, un plus de alegría, mal que te pese. Ellos no tienen que sufrir la ruptura, pues ya se llevarán su parte de dolor cuando llegue el momento.

La cosa se acabó
No es lo mismo que tu pareja sea buena gente, a que no lo sea. Si lo es, aunque doloroso, acabará comprendiendo que vuestra relación no tiene remedio y que lo mejor es terminarla. Quizá al principio tengáis tensión. Es normal. Ante todo, tenéis que ser capaces de hablar con serenidad. Comunicarse la tristeza que provoca el desamor y la necesidad de distancia del otro no es fácil.

Es imprescindible la calma y la serenidad. Si hay niños y convivencia, además, un plus de alegría, mal que te pese. Ellos no tienen que sufrir la ruptura, pues ya se llevarán su parte de dolor cuando llegue el momento.Es imprescindible no faltarse al respeto y dar un poco de tiempo al otro. Trázate un calendario interno. No necesitas comunicarlo, pero oriéntate hacia él. Cumple tus plazos. Es importante. Si la situación se dilata en exceso, puede llegar a enrarecerse y eso no es bueno para ninguno de los dos.

Si la otra parte no tiene "cintura", reaccionará mal. Mezclará lo emocional con lo material y complicará las cosas hasta el infinito. Y todos a sufrir. Pequeños y mayores. Si conoces a tu pareja y prevés que pueda tirar por estos derroteros, conviene que te prepares para defenderte de sus reacciones.

Si eres independiente económicamente y además tienes control sobre la economía doméstica, la situación es más leve. La gravedad empieza cuando sucede justo todo lo contrario. Para estos casos antes de hablar del tema acude a un servicio de mediación familiar para que puedan ayudaros a los dos a interiorizar la ruptura y a llevar los temas por buen camino. Dicho esto, conviene aplicar, en lo esencial, lo que digo más arriba.

Los dineros
Terminada la fase de reconocimiento de la situación y admitido que ya no hay pareja, empieza la de ¿cómo organizamos esto? Cuando hay dinero y ambos se entienden bien, todo es más fácil. Si no lo hay, las cosas se complican.

Divorciarse es caro. No por lo que te puedan costar los trámites. Que eso también cuenta. Lo es sobre todo, porque los gastos se multiplican. Conviene, llegados a este punto, tirar de calculadora y buscar una situación justa para ambas partes y realista. Por las buenas, (más barato y se acaba antes), o por las malas (con juez de por medio).

En la mayoría de los casos tiene que haber renuncias y, a veces, cambios muy drásticos. Hay que estar preparado para ellos, máxime si quien decide es un tercero porque no ha podido haber conciliación.En la mayoría de los casos tiene que haber renuncias y, a veces, cambios muy drásticos. Hay que estar preparado para ellos, máxime si quien decide es un tercero porque no ha podido haber conciliación.

La felicidad
Ante la ruptura un parámetro debe quedar claro en este punto:”la felicidad de cada uno no puede asentarse en la infelicidad del otro”. Por muy mala que haya resultado la experiencia. Alegrarse o provocar la ruina de quien te acompañó en un tramo de tu vida y con quien tuviste unos hijos es un mal sentimiento que, a su vez, se convertirá, con el paso de los años, en un pobre compañero de viaje.

Nuestras emociones deben estar limpias para conseguir que nuestra vida sea realmente valiosa. Si no lo están, se convierten en una carga invisible y poderosa más pesada de llevar según van pasando los años. Mal equipaje para este viaje. Digo, el de la vida.

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