De la igualdad en los cuentos y el cuento de la igualdad

245

No esperaba que en mi edad adulta, los cuentos de mi infancia fueran a dar tanto juego. Pero en términos de igualdad prefiero manejar una aproximación más amplia que la limitada al género, muy importante sí, pero no la única. Porque los problemas de desigualdad van mucho más allá de las injusticias provocadas por el sexismo.

Parece hipócrita hablar de igualdad si a la hora de buscar un puesto de trabajo, acceder a un cargo o relacionarse con las instituciones, sigue pesando más el amiguismo, el parentesco o "la familia" frente a la preparación, el saber hacer o la experiencia. (Lo contrario de lo que ocurre en la cultura anglosajona). Tampoco sale muy beneficiada cuando los causantes de la crisis salen impunes y se llevan el dinero, mientras sufren las consecuencias trabajadores y pensionistas, que han de pagar los platos rotos sin ni siquiera haber sido invitados a la fiesta. No puede presumirse de equidad de trato, mientras el clientelismo y el nepotismo continúen siendo práctica común. Por eso, cuando comentaba el tema de la igualdad y el sexismo en los cuentos con una buena amiga, con muchos años de experiencia y muy bregada en luchar para abrirse camino, me espetó airada: "Lo que sí es un cuento es que nos quieran hacer creer que todos somos iguales o que vamos a serlo".

La igualdad en su acepción más amplia
Y si recuerdan, escribía yo que, en mi opinión, el Ministerio de Igualdad debería extender su área de influencia a esta acepción ampliada del concepto de igualdad,  además de, por supuesto, perseguir un tratamiento igualitario para el hombre y la mujer y erradicar el machismo.

  El Ministerio de Igualdad debería extender su área de influencia a esta acepción ampliada del concepto de igualdad

En un Estado democrático, no debería ser objeto de controversia que sus ciudadanos expresasen opiniones o críticas en relación al desempeño de sus gobernantes e instituciones. Los gobiernos los elige y sufraga el  pueblo y éste tiene derecho a pedir cuentas y exigir resultados; y, en última instancia, si el desempeño de los representantes elegidos no está a la altura, sustituirlos por otros a través de los cauces establecidos. Pues los gobernados son ciudadanos, no vasallos y los gobernantes son gestores del país, no miembros de una casta privilegiada e intocable.

Existen sin embargo personas con dificultades para asumir la crítica o respetar la opinión contraria. En lugar de responder con argumentos y raciocinio, lo hacen poniendo en cuestión la capacidad de quien diverge de su discurso; recurren al victimismo, a sembrar dudas sobre la valentía de quien opina en sentido contrario de lo que consideran su verdad.

Por supuesto respeto la libertad de expresión y doy la bienvenida a la crítica, en la medida que me permite realimentarme, aprender de otras visiones y revisar mis posiciones. Pero no puedo aceptar el descrédito porque sí, producto, quiero pensar, del malentendido y no de la rabia o el afán de revancha.

Puesto que la disputa la suscita el tratamiento que en los cuentos clásicos se ha otorgado a la figura femenina y su posible influencia negativa en nuestros niños y niñas, como semilla de posteriores comportamientos machistas; en relación a unas opiniones que alguien ha calificado de "insustanciales y facilonas", hechas por un "opinador" profesional "no teniendo formación, rigor o valentía", creo conveniente hacer algunas precisiones, a efectos de salir al paso de interpretaciones equivocadas o malintencionadas.

     Diré  primero que referirse en sentido crítico a una actuación o pronunciamiento de una institución, no equivale a cuestionar la institución en sí. Las organizaciones incluyen en sus filas un elenco variado de personas, donde habrá seguro buenos y buenas profesionales, no me cabe la menor duda, pero ello no quiere decir que no puedan equivocarse o desbarrar en ocasiones. Lo hagan o no, es sano que los ciudadanos podamos pronunciarnos y discutir sobre dichas actuaciones, aunque lo hagamos desde perspectivas diferentes. Cuestionar el derecho a disentir o la valía del que disiente, no son los mejores mimbres para iniciar un debate.

No a la censura, sí a la educación
Discrepo con la idea de que la literatura clásica no influye en la conformación de la personalidad y el pensamiento, porque se accede a ella a edades más tardías; los adolescentes y los jóvenes siguen siendo receptivos a influencias que generan modelos de comportamiento. La película "La Ola" no hace sino confirmar este hecho; muestra a un grupo de adolescentes arrastrados por su profesor a una situación que pronto escapa a su control y que hace aflorar conductas antes impensables. Demuestra como un colectivo social puede ser influenciado, manejado y conducido a realidades indeseadas e incluso autodestructivas. Y puede explicar fenómenos como el nazismo y su adopción por todo un pueblo. 

En definitiva, la manipulación y la influencia negativa pueden darse a cualquier edad. Pero no por eso hay que censurar la historia o reescribir el pasado. La clave para cambiar la sociedad, erradicar el machismo y alcanzar la igualdad es inculcar los valores adecuados, desde los ámbitos educativo y familiar. No negando la literatura, sino explicándola y enseñando a interpretarla. Y lo mismo aplica a los cuentos de toda la vida.

Por último aclarar que mi posicionamiento a favor de la igualdad y en contra del machismo no oculta ningún interés crematístico. Ni gano dinero abogando por la diversidad, ni tengo negocio alguno basado en  la igualdad y su promoción. Defiendo aquello en lo que siempre he creído y en ese sentido me pronuncio. Si alguna vez me equivoco, prefiero hacerlo a estar callado.

*Rafael de Sádaba es Ingeniero de telecomunicación/Consultor. Experto en TIC y RSE. Ex-directivo de Telefónica.

Otros artículos de este columnista

*La flor del desierto: ritos ancestrales y vidas cercenadas
*¿Esto sólo lo arreglamos entre todos?
*Contradicciones: de la sociedad del ocio a la sociedad del paro
*Discriminación: La ley del péndulo
*Muerte 2.0 (o sobre la vida y muerte digital)
*Ingenier@s para un progreso responsable y sostenible

¿Ya has visitado Columnistas en nuestra ZONA OPINIÓN?

 

Artículo anteriorMónica de Oriol: Premio `Mujer Líder 2010´
Artículo siguienteAsturias para todos los gustos