Dar y recibir

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En este transitar por la vida, salvo que nos dediquemos a practicar la soledad como algo vocacional, siempre estamos en relación con los demás.   Amigos, conocidos (vecinos, compañeros de trabajo, etc.), pareja, familiares.

Todas, absolutamente todas las relaciones que entablamos,  se alimentan de lo mismo en mayor o menor medida: dar y recibir, recibir y dar.  Invierto los términos a propósito.  Lo hago  porque quiero llamar la atención sobre qué es lo que sucede cuando uno  sólo da y otro  sólo recibe. Soy del parecer que, sea en el ámbito que sea, cuando esto pasa,  la cuerda al final se rompe.

En la familia

Sí, ¡la familia!.  Ese mundo donde el desequilibrio entre el dar y el recibir suele instalarse, cuando lo hace,  sin avisar y de "a poquitos".  

Me resulta imposible entrar al detalle por la envergadura del tema pero, aún a riesgo de dejarme mucho en el tintero, destacaré aquellos casos en los que tanto hombres como mujeres asumen sus roles en el entorno familiar guiados por inercias que muchas veces no encajan con quien son realmente. 

Este detalle, el de la inercia orientada hacia la asunción de roles, hace que la insatisfacción, maquillada por la dulce idea de la vida en el hogar, sea caldo de cultivo para lo que viene después.  Me refiero al desequilibrio entre el dar y e l recibir.    Así , nos encontramos parejas que en el ejercicio de su día a día y con el paso de los años, pierden la "orientación emocional" polarizando sus comportamientos en: "tu das porque siempre has dado y yo recibo porque me lo merezco". Más o menos.

Eso en lo que concierne a los adultos.  Pero, ¿qué pasa en las relaciones entre padres e hijos?. ¿Qué sucede con esos padres que no saben poner límites y dan sin tregua?. ¿Qué hay de esos hijos que no dan nada y lo exigen todo?.

La receta que sugiero aplica sólo a los que nos les queda más remedio que aguantarse con lo que tienen, les guste o no.  Puedes estar dando lo justo, pero si lo haces con buena cara y haciendo uso de una actitud de que estas dando el todo puedes modificar la percepción del que recibe y así caminar discretamente hacia el equilibrio deseado.Los resultados de los desequilibrios entre el dar y el recibir  en la familia esclavizan a quien sólo  da porque de la unidad familiar ni se sale con facilidad y no siempre se quiere salir, que esto también cuenta.
Quien sólo recibe, con el paso de los años considera normal que el otro le de y se acomoda. La única forma de trabajar para el equilibrio pasa por cambiar uno mismo. Si hay amor no habrá problema porque se aceptarán los cambios por poco que gusten al resto. Lo malo es cuando reina el egoísmo desmedido. Para el caso no hay recetas. Salvo la del coraje: por más miedo que tengas, afróntalo.

En el trabajo
Nos guste o no, la alquimia entre el dar y el recibir también funciona en el trabajo pero con una complejidad mayor en la medida que te puedes estar jugando el  pan. 

Si te empleas en algo que te enamora, el desequilibrio entre el dar y el recibir se convierte en algo intrascendente.  Pero, desgraciadamente, hay infinidad de personas que se encuentran justo en el lado contrario: trabajan en lo que pueden y, habitualmente, no es lo que les enamora. 

La gracia,  si estás en el montón de la mayoría,  pasa por asumir el control de la situación internamente.  Dominados los aspectos técnicos de la tarea en la que te encuentras empleado (este punto es esencial: tener el control de lo que haces), estudiado a fondo el perfil de a quien reportas y cómo es la cadena de mando a la que te encuentras  ligado, debes diseñar un plan de acción que te permita llegar al punto de equilibrio entre lo que das y lo que recibes de la manera más discreta posible.  

Estamos hablando de un acto íntimo que requiere observación y una buena dosis de inteligencia.   Puedes dar mucho y muy bueno, pero lo verdaderamente interesante es cómo lo das y el coste que tiene para ti alcanzarlo.  Minimizar tu coste personal y dar con generosidad lo requerido sin esperar ni pizca de gratitud por parte del que recibe, es una pócima que ayuda mucho en estos trances y  que te pone en posición de equilibrio sin necesidad de tener que contar con factores externos a ti. 

A priori sé que suena raro, pues en la transacción que es el trabajar damos a tenor de lo que se nos da y no se concibe un dar de más. La receta que sugiero aplica sólo a los que nos les queda más remedio que aguantarse con lo que tienen, les guste o no.  Puedes estar dando lo justo, pero si lo haces con buena cara y haciendo uso de una actitud de que estas dando el todo puedes modificar la percepción del que recibe y así caminar discretamente hacia el equilibrio deseado.

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