Consumismo como ley de vida: ¿Y si decimos basta?

108

El consumismo ha pasado a ser casi nuestro leitmotiv, inundándolo todo en nuestras vidas. No sólo nos pasamos el día llenando nuestras casas de objetos de diversa índole -ropa, muebles, electrónica, libros, cosméticos, zapatos, plantas, alimentos- sino lo que es más grave: consumimos nuestro propio tiempo en la adquisición de más y más cosas. ¿Y si decimos basta?

En las grandes ciudades, parece que un día sin pasar por una tienda para comprar algo, no es completo. Y para los fines de semana el nuevo hábito de ir a los centros comerciales sustituye cada vez más otro tipo de ocio mucho más “lúdico” y sano.

Consumimos trabajos, relaciones, ocio, y en definitiva en el transcurso de todo ello vamos consumiendo sin darnos cuenta, un activo fundamental: nuestra salud.Ese nuevo hábito de “tener mucho de todo” se traduce en dos términos: por un lado el concepto de propiedad, y por otro el de lo nuevo. Parece que el que algo sea nuevo le da un valor añadido, un punto de novedad. Esto genera que una vez usado, ya esté desfasado y resulte aburrido, que no sea tan bonito y perfecto. Lo urgente, es sustituirlo todo por algo nuevo con lo cual ese círculo de consumo vuelve a empezar.

El tiempo es fugaz

En el caso del tiempo, su consumo radica en el “hacer muchas cosas”. Necesitamos conocer a mucha gente y multiplicar el número de “amigos” que tenemos en facebook; hacer miles de cosas al día, conocer infinidad de sitios y probar cosas nuevas. Indudablemente que este hábito te nutre de experiencias, pero ¿a qué precio?Esta idea de que “cuanto más consumo, más feliz soy”, se ha convertido en un patrón de comportamiento que contagia a diversos campos de nuestras vidas. Consumimos trabajos, relaciones, ocio, y en definitiva en el transcurso de todo ello vamos consumiendo sin darnos cuenta, un activo fundamental: nuestra salud.

El camino por el que vamos es claro: estamos volviéndonos más frívolos, y nutriendo más nuestro ego, sin nombrar los efectos colaterales que vamos generando a nuestro alrededor.El trabajo no nos llena, le falta algo, y como resulta tan fácil y natural el proceso de sustitución, lo cambio por otro. Las relaciones se vuelven monótonas, o ya no nos sorprenden y cada vez nos cuesta más aguantar a un grupo de amigos ó a una pareja. ¿Las experiencias? si ya lo he probado, ya lo conozco… y a por otra cosa. Pero ¿somos conscientes de lo que estamos generando?

El camino por el que vamos es claro: estamos volviéndonos más frívolos, y nutriendo más nuestro ego, sin nombrar los efectos colaterales que vamos generando a nuestro alrededor. La consecuencia de todo esto es que hemos dejado de valorarlo todo. Ya no percibimos el valor intrínseco de las cosas, es más bien tener por tener y hacer por hacer. Nos estamos consumiendo nosotros mismos y generando una sociedad cada vez más nociva para todos.

Propongo hacer un ejercicio de reflexión y de introspección -pero también práctico-, poniendo en una columna aquello que hacemos día a día y en otra el valor que realmente tiene para nuestro proyecto personal. Saber en qué consumimos nuestro tiempo y a cambio de qué, nos dará el eje de lo que hacemos bien y lo que no es relevante o va en contra de aquello que es vital para lo que más profundamente queremos. Os aseguro que os cambiarán las prioridades y pondréis el foco en lo que de verdad os importa. Es una manera simple de empezar. Os sorprenderéis cuán claro se ve en el papel, nuestra hoja de ruta. ¡Eso sí, por favor, no me digáis que no tenéis tiempo!

Otros artículos de esta autora…

 

Artículo anteriorDe poeta a poeta: Antonio Gamoneda
Artículo siguienteUn punto para el sector eléctrico