Cenicienta, Blancanieves… y la igualdad

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Uno de los principios fundamentales del revisionismo: “Si no nos gusta la Historia, cambiémosla”. No he podido evitar recordarlo ante las noticias que atribuyen a representantes del Ministerio de Igualdad, recientes manifestaciones sobre los cuentos tradicionales y sus supuestos efectos perniciosos.

Se habla incluso sobre la posibilidad de vetar aquéllos que proyecten estereotipos de la mujer no acordes con los principios de igualdad entre sexos. Olvidan que, guste o no, a lo largo de la Historia, la mujer y el hombre han estado encasillados en unos roles muy concretos, fijados sin duda, desde una concepción machista de la sociedad. Cuya presencia es continua también en la literatura, la poesía, el teatro y el cine. ¿Van a vetar también a Shakespeare, a Homero, a Cervantes…a todo lo que proyecte un modelo de mujer no acorde con el papel que pensamos debe tener en la sociedad moderna? Siguiendo una aproximación similar, ¿debe eliminarse el estudio del nazismo por si tuviese una influencia inadecuada sobre los alumnos?

¿Van a vetar también a Shakespeare, a Homero, a Cervantes…a todo lo que proyecte un modelo de mujer no acorde con el papel que pensamos debe tener en la sociedad moderna?

Sorprende la cortedad de miras y las escasas luces de quiénes se pronuncian de esta manera. Asombra que se sumen instituciones como algún sindicato, que debería preocuparse más de resolver los problemas de los trabajadores, en lugar de jugar a reescribir los cuentos de toda la vida. Porque la clave para cambiar la sociedad, erradicar el machismo y alcanzar la igualdad es inculcar los valores adecuados, desde los ámbitos educativo y familiar. Pero no negando el pasado o censurando la literatura, sino explicándolos y enseñando a interpretarlos.

La censura nunca puede justificarse
Much@s de los que hoy defendemos la igualdad de la mujer y nos posicionamos decididamente en contra del machismo, hemos tenido en nuestra infancia como lectura de referencia esos cuentos, ahora calificados de peligrosos, tal vez maléficos. ¿Tengo que sentirme culpable por haber disfrutado leyendo la Cenicienta o Blancanieves, por fantasear con los cuentos de hadas de los hermanos Grimm, por soñar con los relatos de las Mil y una Noches? ¿Necesito ser reeducado en los valores de igualdad y respeto a la mujer ante las graves secuelas machistas que estas lecturas han dejado en mi personalidad? ¿Será ése el próximo paso, lanzar un programa de descontaminación para quiénes hayan tenido contacto con tan ominosas lecturas?

Conviene apuntar que esos relatos han formado parte de la infancia de niñas y niños de muchos países, algunos mucho más avanzados que el nuestro en materia de igualdad y no discriminación de la mujer. No parece por tanto, que el grado de implantación del machismo que podamos encontrar entre nuestra gente, se derive de las lecturas que han conformado su niñez.

 

La literatura emergente debe convivir con la anterior
y ser leída, estudiada y comparada a la luz de una educación que proyecte los valores adecuados.
No cabe censurar lo pasado; forma parte de nuestra realidad.
No cabe duda de que los roles, tanto para el hombre como para la mujer, están cambiando. Deben hacerlo en la medida en que se consiga para la mujer la igualdad de oportunidades, la erradicación de la violencia y la supresión del machismo. Seguro que a la luz de esta nueva situación, diferentes autores darán vida a obras en las que sus protagonistas femeninos y masculinos reflejarán este modelo social. Pero esta literatura emergente deberá convivir con la anterior y ser leída, estudiada y comparada a la luz de una educación que proyecte los valores adecuados. No cabe censurar lo pasado; forma parte de nuestra realidad.

Igualdad: un derecho ciudadano que no debe limitarse al género
Si la igualdad es un valor tan importante, que lo es, como para sufragar un Ministerio que se ocupe de ella, su labor debería extenderse a muchos más ámbitos de la sociedad. Porque la igualdad de género es primordial y muchos/as apostamos por ella. Pero no olvidamos lo mucho que queda por hacer en otros terrenos. ¿O es que nadie alberga dudas sobre si de verdad las instituciones nos tratan por igual a todos y a todas, si tenemos las mismas oportunidades, si el pertenecer a determinados entornos garantiza un trato preferente….? El Ministerio de Igualdad debería ser competente y actuar también en esas esferas.

*Rafael de Sádaba es Ingeniero de telecomunicación/Consultor. Experto en TIC y RSE. Ex-directivo de Telefónica.

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