¿Cómo sería el mundo si gobernaran las mujeres?

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Con esta comedia, Aristófanes respondía en el año 392 a.C. a la pregunta del millón: ¿cómo sería el mundo si gobernaran las mujeres? Este verano, La asamblea de las mujeres, dirigida por Juan Echanove, se estrenó en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y que resuena con igual o más fuerza en un mundo poco igualitario con escasas mujeres en el poder y con una Grecia que ha perdido de vista a uno de sus clásicos y no tiene ni a una mujer en su Gobierno.

En España son cuatro las ministras, no se llega al 40% de diputadas y la brecha salarial hace que las mujeres ganen un 19% menos que los hombres (un 16% en Europa), según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Datos que dejan claro el largo camino que queda por recorrer para el empoderamiento de las mujeres.

“Quiero que todos los bienes sean comunes, y que todos tengan igual parte en ellos y vivan de los mismos; que no sea éste rico y aquel pobre; que no cultive uno un inmenso campo y otro no tenga donde sepultar su cadáver; que no haya quien lleve cien esclavos y quien carezca de un solo servicio; en una palabra: establezco una vida común e igual para todos”, escribió Aristófanes.

Si gobernaran las mujeres por lo menos, y estoy seguro, apostarían por la paz

"Hemos evolucionado sin duda, pero hay un estancamiento y una neotendencia a autoobligarnos a reconocer el papel de la mujer. Si no hubiéramos avanzado nada desde el 390 a.C. no se sostendría la sociedad. El problema es que realmente es un hecho bastante cínico. Cuanto mayor es la necesidad en la sociedad de la mujer, menos poder y presencia se le otorga, pero se reconoce que se necesita cada vez más", asegura Juan Echanove, que dirige en Mérida su tercer montaje teatral (el primero en el teatro romano) con un elenco formado por las tres poderosas atenienses que disfrazas de hombres se harán con el poder, a las que dan vida Lolita, María Galiana y Pastora Vega, acompañadas por Pedro Mari Sánchez, Sergio Pazos o Bart Santana

"Afortunadamente hoy se reconocen todo tipo de derechos a las mujeres aun cuando haya que obligar por ley a los países a hacerlo. No sé qué pasaría si no existieran estas leyes que obligan a reconocer la presencia de la mujer. La pregunta del millón, y la pregunta esencial de la función, es ¿qué pasaría si las mujeres mandaran? Yo no lo sé, pero habría que probarlo. Todas las recetas se han probado menos el gobierno de las mujeres, el otorgarle el poder y el gobierno", añade el director de esta hilarante y alocada revolución femenina que ha querido abordar como si de una farsa carnavalesca se tratara.

Angela Merkel, la presidenta alemana, o Christine Lagarde, la del Fondo Monetario Internacional, son dos de las mujeres con más poder de la Europa de hoy, aunque el problema, prosigue, es que "curiosamente ejercen el poder como si fueran hombres. No aportan nuevas recetas a la manera de las mujeres sino que siguen el dictado de los bancos y de los poderes del dinero". Y en Estados Unidos y Rusia, las dos grandes potencias mundiales, tampoco ha tenido el poder una mujer, aunque ejemplos buenos ha habido especialmente en Irlanda o los países nórdicos, insiste la actriz María Galiana, que en esta obra deja su televisivo papel de abuelita entreñable de lado para dar vida a una escéptica ateniense de vida alegre. "Los latinos somos, de todos modos, los que aún no lo hemos conseguido", dice.

'La asamblea de las mujeres', de Aristófanes, dirigida por Juan Echanove (Jero Morales)
 ‘La asamblea de las mujeres’, de Aristófanes, dirigida por Juan Echanove (Jero Morales)

"Si gobernaran las mujeres, estoy seguro, de que por lo menos apostarían por la paz. Las mujeres nunca han querido las guerras. Saben perfectamente cuáles son los desastres de las guerras porque son las que han tenido que tirar del carro con los desastres, con el exilio, con los maridos e hijos muertos, y es un punto de partida fundamental", opina Echanove y refredan Galiana y Pazos, quien recuerda a las madres heroínas rusas durante la II Guerra Mundial. De hecho, recuerda Galiana, Aristófanes así lo dice en su texto al asegurar que las mujeres "son generalas y madres".

Rizando más el rizo, el caso del Gobierno griego presidido por Alexis Tsprisas choca muchísimo con el texto del dramaturgo heleno. "Sociedades como la griega tienen una tendencia a apartar a las mujeres de los puestos públicos y del funcionariado y la representatividad política. A veces hay periodos de excepción y aparece una ministra como Melína Merkoúri , pero no era una mujer, era una actriz y un símbolo de la mitología griega", dice Echanove. Aunque, añade, lo realmente sorprendente es "que hagan un referéndum, ganen y luego no sea vinculante".

Esa es, junto a la desigualdad, la otra pata de la crítica mordaz de La asamblea de las mujeres: la corrupción de las instituciones y el desinterés de los gobernantes. "Aristófanes hace una descripción de cómo funciona la asamblea de los hombres, que es patética y es la misma que a día de hoy vemos con las dietas del Congreso de los Diputados. Dice lo que pasa aquí es que mucha gente viene a firmar a la entrada y a recibir a la salida. Esto es Aristófanes y esto pasa hoy en Grecia, en Italia o en España".

No sé qué pasaría si gobernaran las mujeres, pero habría que probarlo. Todas las recetas se han probado menos el gobierno de las mujeres

Además, insiste María Galiana, tanto el dramaturgo griego como esta versión escrita por Bernardo Sánchez "no se basa en una comedia donde se presenta a los personajes y el conflicto que van a tener que resolver. Son pinceladas enormes que vamos dando de la sociedad ateniense y que se corresponden perfectamente con la nuestra de ahora". Un hecho que, dice Pazos, gana peso representado en el teatro emeritense, un escenario "con tanta presencia que realza al actor y le exige más responsabilidad".

Por eso, para abordar el texto, lo han hecho con la mirada de una "compañía de cómicos y como una farsa, como la comedia dell’arte y, sobre todo, Valle-Inclán, porque esto va de la deformación de los espejos del callejón del gato. Uno se ríe de la imagen deformada, pero lo primero que hay que hacer es reírse de uno mismo. Y los únicos que saben reírse de sí mismos y tienen como cultura decir la verdad son los actores. A los actores nos ha llovido tanto encima que no nos preocupa nada lo que puedan hacer de nosotros. Primero que nos devuelvan las ruinas. ¡Qué nos devuelvan el teatro, el cine, la literatura… si estamos prácticamente en bolas!", se queja Echanove.

Y, así, con tanta vigencia, la comedia y la mujer vuelven a apoderarse y gobernar el teatro emeritense para recordar que hoy siguen siendo muy necesarias las palabras que escribió Aristófanes: "Las mujeres son infinitamente más sensatas que nosotros (…) La mujer es ingeniosísima, como nadie, para reunir riquezas; y si llegan a mandar, no se las engañará fácilmente, por cuanto ya están acostumbradas a hacerlo".

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