Basta de prejuicios: Las mujeres que deciden no ser madres

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Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE MicrosoftInternetExplorer4 Elegir no ser madre muchas veces es visto como una provocación: se está desobedeciendo al mandato social que asocia el ser mujer con el ser madre. Camino a la igualdad, es necesario reflexionar sobre por qué se castiga socialmente a las mujeres sin hijos y cuáles son los idearios políticos que se conservan resguardando la vigencia del binomio mujer-madre.

La maternidad está constituida como el núcleo natural y fundante de la identidad femenina”, explicó la antropóloga mexicana Yanina Ávila.  Pero en la actualidad, las mujeres descartan o posponen la maternidad por diversas razones: desde el simple deseo de no ser madres, hasta considerar que su situación personal o el contexto social es inadecuado para criar a sus hijas o hijos.

Está instalado en el imaginario que existe un “reloj biológico” que hace que las mujeres en determinado momento sientan “la necesidad” de convertirse en madres. Como si restara algo de la naturaleza animal en los seres humanos. Y esa necesidad a veces no aparece. Tampoco ayuda un panorama económico, político y social incierto y deprimente.

Sin dudas, la integración de las mujeres en el mundo del trabajo ha marcado el tiempo de un profundo cambio histórico en la subjetividad de las mujeres. Aún así, sin ser la maternidad el destino obligado para muchas de ellasLas mujeres sin hijos no tienen un nombre y un lugar propio, existen desde lo que no son o no tienen, son por tanto algo incompleto, ambiguo o raro. Se dice que una mujer que no quiere tener hijos es egoísta, inmadura, fría, que se está perdiendo del amor más grande de la vida”, detalla la antropóloga de la ENAH.

Además, la maternidad representa una gran responsabilidad y un límite para decidir qué hacer en cada momento. Y pensar cuestiones como estas está mal visto cuando se trata de mujeres. El amor propio es cosa de machos.

Por ahora, no
Sin dudas, la integración de las mujeres en el mundo del trabajo ha marcado el tiempo de un profundo cambio histórico en la subjetividad de las mujeres. Aún así, sin ser la maternidad el destino obligado para muchas de ellas, los porcentajes de mujeres que manifiestan su deseo de no ser madres son muy pocas.

Lo que sí viene sucediendo es que la maternidad se posterga. Muchas esperan alcanzar una situación económica y social más amena. La cantidad de horas que necesitan trabajar tampoco les deja resto físico para pensar en atender a niños alborotados. Así las mujeres jóvenes enfrentan la doble presión de tener ante sí posibilidades de ascenso profesional y la de tener que transformarse en madre para ser vistas como “mujeres completas”.

Nunca
También es posible vivir con la certeza de que la maternidad no está en nuestros planes. Y eso no debería hacer que ninguna mujer sea vista como un bicho raro, como “menos mujer”. El proyecto de vida de cada mujer tiene una cantidad importante de opciones, donde la maternidad ha dejado de ser obligatoria.

Animarse a decir abiertamente “no quiero ser mamá” requiere de un conocimiento muy interno sobre el derecho de todas las mujeres para elegir quién quieren ser, porque deben enfrentar fuerte críticas en su entorno, incluso en sus espacios profesionales.

Existen coros de mujeres que gritan que ninguna logrará realizarse sin ser madre. Quienes eligen no procrear “sin prestar atención a los mandatos o creencias externas forman parte del cambio histórico que se vive en sociedades contemporáneas” como en Italia, España, Alemania y Rusia, menciona Yanina Ávila.

Castigo social
Si la maternidad fuera una vocación natural e instintiva, no harían falta los mecanismos de presión para “meter en cintura” a quienes no quieren ser madres. Tampoco despertaría tanta controversia, después de todo quienes deciden no ser madres tampoco están diciendo que otra mujeres no debería serlo, sino simplemente que cada una de ellas no quiere hacerlo.

Ciencias como la medicina y la psicología, contribuyen a construir “la figura del eterno femenino expresado en el binomio mujer-madre”, y no respetan la voluntad de la población femenina sobre el ejercicio o no de la maternidad, acusa la antropóloga Yanina Ávila.

En su investigación “Mujeres frente a los espejos de la maternidad: las que eligen no ser madres”, la académica de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) afirma que la comunidad médica promueve el embarazo y el amamantamiento como curas para múltiples malestares de las mujeres, como los trastornos menstruales, varios tipos de cáncer (sobre todo de mama y cérvico uterino), incluso derrames cerebrales y padecimientos cardiacos.

En tanto, abunda, las disciplinas en el campo de la salud mental imponen el prejuicio de que la maternidad para las mujeres significa un “deseo natural y universal”.  Algunos psicoterapeutas llegan a considerar que la vida de las mujeres sin hijos, ya sea por elección o por problemas de fertilidad, es “vacía, carente de la satisfacción y el calor que trae consigo la maternidad”, explica Ávila.

A las mujeres sin hijos se les califica como incapaces de comprometerse en relaciones cercanas e íntimas. En este sentido, las teorías psicológicas tradicionales refieren que las mujeres tienen mayor oportunidad de lograr su madurez psíquica y emocional cuando aceptan la maternidad que cuando la rechazan.

La maternidad es considerada “un tópico mayúsculo, adherido culturalmente a la subjetividad y a la vida de las mujeres de manera casi epidérmica: una segunda piel”, escribe la investigadora en la revista Desacatos, editada por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Camino a la igualdad real
La transformación social incluye cambios en la conducta reproductiva de las personas por lo que ahora “las mujeres, ya no son simplemente mujeres, sino que tienen que decidir qué quieren ser, evidenciando el hecho de que ya la identidad de género no es algo que se asume como dado, como prescrito, sino algo que debemos y podemos definir”.

Los discursos que definen a las mujeres sin hijos como inferiores a las madres o como mujeres inacabadas “tienen una función política, en tanto cumplen el rol de influir en la decisión de las mujeres para tener descendencia, ya que construyen una visión negativa de quienes no son madres”, concluye la experta en temas de género.

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