En los últimos años, el liderazgo femenino ha ganado visibilidad y presencia en posiciones estratégicas dentro de las organizaciones, en un momento de grandes cambios para todo el entorno empresarial. Aunque esta transformación generalizada afecta a cualquier perfil directivo, las mujeres suelen enfrentarse a desafíos adicionales, amplificados por dinámicas no siempre evidentes: sesgos que persisten, expectativas que chocan entre sí respecto a su estilo de gestión o una menor presencia histórica en redes informales de decisión.
Para muchas profesionales en puestos de alta responsabilidad, adaptarse a entornos cambiantes supone tener que desarrollar soft skills de liderazgo que respondan no solo a las demandas del...