1984 o cómo despertar del letargo

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¿Conocen el libro 1984 de George Orwell? Yo hasta hace unas semanas no. Pero de pronto, llegó a mis manos, y lo estoy devorando, literalmente, porque me parece impresionante que se haya escrito en 1949: un visionario que preveía el mundo de control absoluto al que nos dirigimos. Y me asombra el leer pensamientos que tengo a diario sobre el sistema en el que vivimos, en un libro con más de sesenta años.

Sólo queremos que nos dejen tranquilos en nuestra casa, con nuestro sofá y nuestra televisión.
Cuando hablo del sistema, me refiero a la gran mentira que se inicia con una educación en la que tristemente pensamos poco y aceptamos lo que nos llega sin cuestionarlo.

Ya en el libro de George Orwell, igual que hoy, se aceptaba lo que el Gran Hermano -el sistema- decía, mientras seguimos nuestro camino sin rechistar. Todos se sabían parte de una gran mentira, pero nadie decía, ni dice nada, porque sólo queremos que nos dejen tranquilos en nuestra casa, con nuestro sofá y nuestra televisión.

¿Se han preguntado por qué los telediarios se transmiten a la misma hora y se repiten enseñándonos un mundo tan limitado?

No critico el cambio de opinión, porque es sano evaluar distintas opciones. De lo que no estoy tan seguro, es si este cambio es libre o también ha sido manipulado.
Me dirán, con mucha razón que no se puede contar todo lo que ocurre en el mundo, que hay que elegir. El problema es que quienes eligen por nosotros, lo hacen con un objetivo; que lo aceptamos y que somos capaces de comer escuchando cómo han asesinado a una mujer o han muerto 200 personas en Irak por un coche bomba, sin inmutarnos.

La realidad como indicio

Los únicos países que se opusieron a la guerra de Irak fueron Francia, Alemania y Rusia. ¿Saben por qué? Porque controlaban su petróleo y sabían que el ataque de EEUU supondría un cambio de manos. Esta invasión fue cuasi suplicada por sus ciudadanos tras el 11-S, lo que hizo cambiar de opinión al Senado estadounidense dando vía libre a Bush en gasto e intervenciones militares, cuando tan sólo unos meses antes se la habían denegado.

Igual que todas las crisis de la historia, el 11-S se utilizó para conseguir el dinero con el fin de atacar Irak. Y esa gente que hoy está en contra de la guerra de Irak, hace unos años la apoyó.

No critico el cambio de opinión, porque es sano evaluar distintas opciones. De lo que no estoy tan seguro, es si este cambio es libre o también ha sido manipulado.

Damos vía libre a lo que sea: que gasten millones de euros, que abaraten el despido, que cierren empresas… pero que nos salven. Buscamos la salvación utilizando el mismo sistema que creó esta situación.

En aquel entonces, los estadounidenses suplicaron a sus líderes que les vengasen, y ahora, en la crisis actual, suplicamos a los nuestros que nos salven. Suplicamos a Zapatero que nos salve mientras millones de personas ven a Obama como el salvador, y que simplemente por su color de piel, un cambio es posible, cuando más bien parece un producto carismático adecuado para la coyuntura actual.

Manipulación e ingenuidad

Tras esta manipulación, damos vía libre a lo que sea: que gasten millones de euros, que abaraten el despido, que cierren empresas… pero que nos salven. Buscamos la salvación utilizando el mismo sistema que creó esta situación. Y tras esta crisis, tras incrementar el control sobre nuestras vidas, multiplicar por tres los recursos del FMI y de haber dado más poder al Banco Mundial… creemos que eliminados los paraísos fiscales, e inyectada con suficiente dinero la economía, la crisis pasará y volverá el crecimiento económico. Hasta que dentro de 6 ó 7 años, llegue la próxima crisis, o una guerra, o el estallido de otra burbuja con otro nombre o con el mismo… Siempre incrementando el control sobre nosotros, y nosotros, pidiendo más control.

Tras una de estas crisis creadas, pediremos que se nos implante un chip, con toda nuestra información, cuentas, dinero, nuestra vida. Y todo desaparecerá con un simple click cuando alguien decida apagarlo.

Antes de la Primera Guerra Mundial no era necesario viajar con pasaporte pero el nuevo pasaporte electrónico obligatorio para ir a EEUU – igual que el nuevo DNI electrónico- tiene un chip. Éste, además de información nuestra, permite saber dónde nos encontramos, igual que el último invento de Google, que permite detectar la posición de un móvil con una precisión casi absoluta.

Dentro de unos años, tras una de estas crisis creadas, pediremos que se nos implante un chip, con toda nuestra información, cuentas, dinero, nuestra vida. Y todo desaparecerá con un simple click cuando alguien decida apagarlo.

Y si no lo aceptamos, crearán una ley -como el apagón analógico- que nos obliga a comprar un TDT (Televisión Digital Terrestre): saldrán canales de pago y será imposible sacar una antena al tejado y buscar una cadena, porque no existirá. Todo será digital y vendrá por un cable. Y si no pagamos, no tendremos servicio. Lo haremos, porque es "más seguro, más moderno, mucho mejor".

Todos estos datos son reales, y aunque algunos no sean tan conocidos, están disponibles en la red, los periódicos, las bibliotecas y en libros como 1984.

Evitemos la victoria del sistema

Es hora de que nos demos cuenta de que cada vez que aceptamos estas reglas, otorgamos una victoria del sistema.

Informarnos requiere tiempo y otro de los objetivos del sistema es que no tengamos tiempo. Que destinemos ocho horas a trabajar, y 2 horas -media de los madrileños- en ir y volver al trabajo, para, al llegar a casa, prefiramos ver y escuchar unas noticias que serán sólo una parte de la verdad.

Es hora de que nos demos cuenta de que cada vez que aceptamos estas reglas, otorgamos una victoria del sistema. Cada vez que el informe PISA indica que los estudiantes españoles están peor formados, que pasa un 11-M y que luego se olvide, que suplicamos a cualquier dirigente político que nos salve… Cada vez que creemos que esta es la única opción y que no podemos hacer nada para cambiarlo, gana el sistema.

Todavía no he terminado el libro, por lo que no sé cómo termina para George Orwell la historia. Como tampoco sé c&o
acute;mo termina la mía. Lo único que espero es seguir pensando que existe otra opción, otra forma de hacer las cosas.

Y por supuesto, nunca olvidarme que sí podemos hacer algo, entender de una vez por todas que sólo depende de nosotros.

*Iván González-Berenguer es Lic. en Admin.y Dirección de Empresas. Master en Consultoría Estratégica de las Organizaciones (UCM). Ganador Premio Concilia 2008 y Consultor Estratégico de TI en IBM, Madrid.

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