Una sociedad sostenible

Una sociedad sostenible

El pasado viernes 6 de julio tuve la oportunidad de asistir a la I Cumbre de Innovación Tecnológica y Economía Circular celebrada en Madrid, y organizada por la Fundación Advanced Leadership (ALF) y la Fundación INCYDE.

Por Yolanda Romero

En ella se reunieron premios Nobel de economía, de física, ministr@s, altos directiv@s de empresas y hasta el mismísimo cuadragésimo cuarto presidente de los EE.UU Barak Obama.

El objetivo principal de la Cumbre es aumentar la conciencia pública sobre cómo la economía circular y la innovación suponen ventajas competitivas para empresas, instituciones, empresarios y el país en su conjunto, promoviendo así una transición más rápida y eficiente hacia un modelo económico sostenible. Un tema muy amplio del que quiero destacar dos intervenciones representativas del espíritu de la cumbre y de los retos del S.XXI.

Sostenibilidad con mayúsculas

La primera intervención es la del Profesor Bernardo Klisberg, asesor de diversos organismos entre ellos Naciones Unidas y gurú de la RSC. Quién en mi opinión, habló de sostenibilidad con mayúsculas, más allá de la ecología, buscando la sostenibilidad del ser humano en una revolución tecnológica sin precedentes y una economía depredadora. Nos esbozó 9 grandes “macrodesafíos” a los que se tiene que enfrentar la sociedad y de los que sólo comentaré algunos. El primer macrodesafío que planteó fue el de “Cómo usar la revolución tecnológica en favor del ser humano”, cómo regular herramientas tan potentes para el beneficio de todos y no solo el de algunos”, que ilustró con ejemplos de manipulación de la información y el robo de la misma.

Cuando se producen un 40% más de los alimentos que se necesitan, el hambre ha vuelto a aumentar en 800 millones de personas.

Otro de los macrodesafíos que esbozó fue el de “la crisis de valores filosóficos”, el profesor nos recuerda que se “ha empezado a vivir sin reglas éticas de ninguna índole”, sobre todo después de la crisis de 2008, y nos alerta de los peligros de la evolución tecnológica sin valores, sin un sentido del servicio y el respeto al ser humano.

La pobreza y la desigualdad entre hombres y mujeres, otros dos grandes retos. Habló de la paradoja de que en este siglo cuando se producen un 40% más de los alimentos que se necesitan, el hambre ha vuelto a aumentar en 800 millones de personas; o que las mujeres, la mitad del género humano, siga sufriendo algún tipo de discriminación física o psíquica. Ambos caminos largos y duros que la sociedad ha de seguir planteándose.

Nos habló de los “nuevos actores en la sociedad” como las empresas y empresarios, que pueden convertirse en filántropos. Bill Gates por ejemplo, cuya fundación cuenta con un presupuesto de 5.000 millones de euros anuales y que ha salvado la vida a 7 millones de niños. En mi opinión cuando uno dedica su tiempo y su dinero, su éxito, mucho o poco, el que sea, a servir y ayudar a fines mayores que uno mismo ha logrado aumentar su nivel de conciencia personal y social a cotas muy elevadas, y con ello ya contribuye a una sociedad mejor.

Una sociedad mejor

Y esto me lleva a hablar de último macrodesafío que nos planteó, para mí, el más crítico “cómo recuperar el discurso de los fines”, ¿cuál es el fin último de nuestras acciones, de nuestros descubrimientos, de nuestros avances? ¿Cuál es el sentido? Esperamos y anhelamos una sociedad mejor, no más ensimismada y manipulada. A este reto contribuyó también la segunda intervención a destacar, la de Dasho Karma Ura, ministro de la Felicidad del Reino de Bután, que expuso el caso de Bután como ejemplo de país comprometido con la protección del medioambiente y la transición a una economía baja en emisiones de carbono, y cuyo fin principal, es el de aumentar el bienestar y la felicidad de sus ciudadanos. Siempre que se plantean un reto, el enfoque humanista está presente. Bien es cierto que se trata de un país de 800.000 habitantes, lo que nos plantea el dilema de si podemos extrapolar esa filosofía a occidente. Quizá sea ese planteamiento humanista de la tecnología el que nos de la respuesta y logremos transferir el espíritu de Bután a nuestra sociedad. Como Obama, yo soy optimista, porque veo a no pocos, pensando en muchos.

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