Un paso adelante

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Hace no mucho di una conferencia en un foro de mujeres profesionales y como siempre que uno da, recibe, nutre y es nutrido, yo me fui con una buena lección aprendida. En concreto escuché a otra ponente que animaba a que las mujeres no se corten y den un paso adelante, proponiéndose para hacer lo que ellas quieran y puedan, sin esperar a que las descubran ni las inviten a ello. Aquello me dejó pensativo.

Cuando era niño, mi madre fue a entrevistarse con la profesora de jardín de infancia y le preguntó por qué siempre llegaba a casa con dibujos hechos en blanco y negro. La profesora respondió que no había ningún problema, que no era macabro, sino que simplemente era demasiado tímido o educado, que dejaba pasar a los demás primero y cuando llegaba yo, sólo quedaban los lápices oscuros. Mi madre se quedó tranquila y se fue a casa. Yo 40 años después, en una conferencia en Sevilla para mujeres, comprendí algo más.

Las mujeres en general, y las personas con cierta sensibilidad en particular, tendemos y/o somos educados en el misterioso arte de no brillar demasiado, de no ser estridentes, de usar colores no llamativos, para no desentonar o no causar malestar a nadie. Las mujeres en general, y las personas con cierta sensibilidad en particular, tendemos y/o somos educados en el misterioso arte de no brillar demasiado, de no ser estridentes, de usar colores no llamativos, para no desentonar o no causar malestar a nadie. Las mujeres en concreto, llevan siglos siendo educadas en no eclipsar a sus maridos, padres, hermanos… la sociedad patriarcal repartía espacios de manera muy clara y las mismísimas mujeres adoctrinaban a sus hijas en la manera de “brillar discretamente”, “para no hacer un feo a nadie” ¡Como si alguien que muestra su talento pudiera jamás hacer nada feo! Esto es algo a trabajar a nivel individual, colectivo y social.

Debemos retomar nuestra responsabilidad como adultos sobre nuestro poder personal y cómo lo estoy gestionando. En este sentido es fundamental atreverse a dar un paso adelante y decir aquí estoy yo, puedo hacerlo, creérmelo y no avergonzarme de ello. Por otro lado, como padre de dos hijos, una niña fuerte y un niño sensible, igualitos que sus padres, tengo la obligación moral de parar esta inercia educativa en la sensibilidad separada del poder personal, y transmitir un mensaje de “empoderamiento sensible”, allá donde vayan los dos.

Ya basta de formar cuadros directivos poderosos sin sensibilidad. Ya basta de relegar a los sensibles al puerperio, arte, casas de caridad y demás. Lo que está faltando es gente poderosa y sensible, que gobierne sus vidas y se atreva a sacar todo su talento,  ocupando más espacio en todos nuestros sistemas. Yo ya me he dado cuenta y lo hago, ¿y tú, te animas?