Tecnologías exponenciales: ya nunca nada será igual

Tecnologías exponenciales: ya nunca nada será igual

¿Qué es realmente algo “exponencial”? es aquello que se desarrolla –a diferencia de un crecimiento lineal- en un ritmo cada vez más rápido y de manera notoria.                                                                                         

El concepto de exponencialidad es tan antiguo como nuestra propia historia. Ya en el año 300 A.C. Euclides hablaba de la multiplicación de exponentes con una misma base y en el S. XVI Jhon Napier descubre los algoritmos. ¿Pero qué es realmente algo “exponencial”? es aquello que se desarrolla –a diferencia de un crecimiento lineal- en una proporción o ritmo cada vez más rápido y de manera notoria.

La naturaleza está plagada de fenómenos de crecimiento exponencial: el número de células de un embrión, el número de bacterias de fisión binaria, incluso el crecimiento de la población. Quizás esto no nos llame especialmente la atención, porque estamos acostumbrados a ello. ¿Pero qué tal si te digo que dando 30 pasos lineales avanzas 30 metros y dando 30 pasos exponenciales avanzas un billón de metros, o lo que es lo mismo, das 26 vueltas al mundo?

La famosa Ley de Moore aplicada a nuestra realidad

Esta cadencia exponencial marca la diferencia en cualquier aspecto de la vida. Sin embargo, cuando aplicamos el concepto de exponencialidad a la tecnología nos encontramos con una disrupción aún mayor: a la primera ley de velocidad de desarrollo, hemos de sumar la ley inversa aplicada al coste. Es decir, la tecnología crece al doble de velocidad y a la mitad del coste.

Si la aviación hubiera sido una tecnología exponencial, un vuelo Nueva York-París costaría ahora un centavo y duraría menos de un segundo.

Estamos frente a la base de la famosa Ley de Moore, que en 1965 predijo que aproximadamente cada año se duplicaría la capacidad de los microtransistores reduciéndose el coste de forma exponencial. Esto quiere decir que, si la aviación hubiera sido una tecnología exponencial, un vuelo Nueva York-París costaría ahora un centavo y duraría menos de un segundo. Y si las baterías hubieran sido una tecnología exponencial, durarían ahora más de 100 años.

La exponencialidad nos importa y nos toca 

¿Por qué la exponencialidad es importante para todos nosotros, aunque no nos dediquemos a la tecnología? Porque impacta de manera muy rápida en nuestra vida, en nuestros trabajos y en nuestra formación.

Son tecnologías exponenciales la inteligencia artificial, la realidad aumentada y virtual, la biotecnología, la nanotecnología o la robótica. Y están modificando desde cómo compramos (escaners e impresoras 3D), cómo conducimos (coches autónomos) y cómo tratamos enfermedades (implantes bioelectrónicos)… Pero también qué comemos (carne artificial) y qué hijos tenemos (modificación genética).

En este contexto de cambio vertiginoso, hemos de hacernos nuevas preguntas.

Todo esto es ya una realidad, una realidad que se crea tan rápidamente que no nos estamos dando cuenta. Y no sólo se trata de un reto de comprensión intelectual y filosófico. Se trata también de un reto práctico relacionado con nuestra profesión y nuestra formación. En este contexto de cambio vertiginoso, hemos de hacernos nuevas preguntas… ¿En qué trabajo, en qué me formo, y en definitiva, en qué me capacito para aplicar las tecnologías exponenciales para conseguir un mundo mejor?

Nos ha tocado vivir una época fascinante. La buena noticia para quienes nacimos  en el S. XX, es que el progreso también es exponencial. El ritmo de avance se va a duplicar cada década, y esto nos va a permitir que cada cual, en tan sólo 25 años, podamos contribuir al mundo el equivalente a un siglo. Aprovechémoslo.

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