Sobre el feminismo, el #METOO y la voz de las mujeres

Sobre el feminismo, el #METOO y la voz de las mujeres

Las mujeres estamos de moda por diversas razones y eso es bueno y es malo.

Bueno, porque la prensa se hace eco de temas antes ausentes y la sociedad repara en ellos. Malo, porque siempre está el riesgo de que nos vuelvan a preguntar ¿Qué más quieren?  Mira dónde estaban y hasta donde han llegado.

Repasando los balances característicos de fin de año, hay tres temas que coinciden en este protagonismo al que me refiero.

Uno: #MeToo no es una persona sino un movimiento, sin embargo ha logrado la notoriedad necesaria para ser elegido por la revista como “Persona del Año”. Estas mujeres que salieron a la calle, rompieron el silencio del acoso sexual en Hollywood, y sacaron a la luz casos como el del productor Harvey Weinstein.

Siempre está el riesgo de que nos vuelvan a preguntar ¿Qué más quieren?  Mira dónde estaban y hasta donde han llegado.

Dos: La editorial Merriam Webster, acaba de revelar que,  según su podio de búsquedas es “feminismo” la que se lleva los laureles en 2017. Lo concreto es que la búsqueda de esa palabra se incrementó en un 70% con respecto al año anterior. Lo cuenta Peter Sokolowski editor jefe de la empresa que indica que venía siendo uno de los 10 términos más buscados en los últimos años.

Tres: Otro de los eventos del año, fue precisamente en Washington sede central en la marcha de las mujeres contra Donald Trump que reunió a medio millón de personas. Participaron oradores como Madonna y Scarlett Johansen y tuvo una repercusión mediática impresionante.

La pregunta es ¿qué ha cambiado? ¿Es diferente hoy ser feminista?

Por un lado celebro que todo apunte a que las cosas estén cambiando. Por el otro me recorre un frío repentino pues me recuerda a “Il Gatopardo”, esa magnífica película de Visconti– cuya frase brutal y desvergonzada era “Que algo cambie para que nada cambie.

Muchas veces he debatido sobre la importancia de que las causas que se defienden no sean “cosméticas”. Es muy fácil hoy, sumarse a las tendencias para no quedar fuera. Pero quienes estamos “dentro” desde siempre y creemos en que la pelea debe continuar, encontramos que los atajos están a la orden del día.

En “Il Gatopardo” la frase brutal y desvergonzada era “Que algo cambie para que nada cambie.

Cuando llegué a España a fines de 2000, los debates en estos temas eran mucho más uniformes. Y que en el ámbito de la empresa, había muy pocas y honrosas voces que estaban por reivindicar ciertas causas, como estas que hoy protagonizan la escena nacional e internacional.

Sumar, instalar, estar atentas

Soy de las que creen que hay que sumar. Y que no importa lo que se tarde si el convencimiento llega, porque el sumar, está claro, hace que las cosas cambien. Pero también creo, que a veces es preciso desbrozar, debatir, que la seriedad de las cuestiones tenga su correlato en los hechos.

Por eso celebro las modas como “viralizadoras” de temas que han tardado tanto en subir a escena. Pero a la par, debemos estar atentas para que no se vanalice, y sobre todo, para que no sea epidérmico y tranquilizador. Tanto, que consideremos que ya está, que es suficiente, que lo hemos logrado. Y nos olvidemos que es un trabajo cotidiano y que al menor descuido, podemos perderlo todo.

Esperemos que no pase, esperemos que eche raíces. Y que estos dejen de ser temas de mujeres, para ser temas de la sociedad.

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