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Del verano que se va, Ana Patricia Botín y el poder que viene

El verano no termina de irse pero los temas afines ya están en retirada. Amanecer con la noticia de la muerte de Emilio Botín sacude el escenario. ¿Será Ana Patricia Botín quien suplante a su padre? Mientras las quinielas se suceden hay otra dimensión, la personal, que se agita en otro nivel. Y hablando de poder, reaparecen las mujeres y otra lucha. La de la alcaldía de Madrid.

El verano no termina de irse pero los temas afines ya están en retirada. Amanecer con la noticia de la muerte de Emilio Botín sacude el escenario. ¿Será Ana Patricia Botín quien suplante a su padre? Mientras las quinielas se suceden hay otra dimensión, la personal, que se agita en otro nivel. Y hablando de poder, reaparecen las mujeres y otra lucha. La de la alcaldía de Madrid.

Ana Patricia Botín
es consejera delegada del Santander y fue la presidenta de Banesto entre 2002 y 2010 cuando asumió la responsabilidad de la filial de UK, un paso que según muchos tenía que ver con el "training" anterior a asumir la máxima posición de la empresa en España.

Dice mi gurú que ha vuelto color bronce de sus vacaciones, que el poder irá haciendo mella en las mujeres y que las reglas del juego indican que tienen todavía que andar en puntillasMe viene a la memoria otro caso muy diferente pero parecido en las circunstancias. En 2002, me tocó entrevistar a Mónica Martínez Walter que ante la repentina y prematura muerte de su padre, asumía, como hija mayor, la presidencia de la empresa familiar GMV.

Tenía 30 años y la timidez de una reconcentrada investigadora formada en el Instituto Max Planck en Alemania, que llevaba una vida relativamente tranquila en Pennsylvania State University, centrada en campañas de medición de contaminación. La entrevista se tituló "En el nombre del padre" y era todo un interrogante lo que sucedería con su conducción. Doce años después, sigue al frente con mucho empuje y otro talante al que le conocí, forjado en logros y experiencias reconocidos con unos cuantos galardones.

Es temerario decir qué sucederá ahora, pues el tamaño de la empresa, el momento en que se encuentra y las circunstancias del país, tallarán y mucho. ¡Pero qué satisfacción sería que una mujer sucediera a uno de los empresarios más importantes de España!¿Lo haría diferente por ser mujer? Las megaempresas mandan mucho, pero si llegara esa oportunidad, bien harían en cambiar el chip y dar lugar a otra mirada que sume no sólo las diferencias "de género" sino las que todo tipo de diversidad aporta.

En otros "campos" de poder y dejando de lado la maltrecha imagen de la política, dicen que ha sido la falta de apoyo de Mariano Rajoy, lo que decidiera a Ana Botella a alejarse de poner la cabeza de cartel electoral del PP en Madrid. El Madrid Arena, el mal paso de Madrid como sede Olímpica y otros bemoles, también habrían hecho lo suyo.

Ahora, Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta, está siendo incluida en encuestas para ver qué dice la gente en realidad. Dicen que Cristina Cifuentes ha sacado buena nota en la Delegación en tiempos complejos y que es más "lanzada" que Botella. En cuanto a la heredera natural, Esperanza Aguirre parece que sigue siendo favorita a pesar de las "desobediencias" de tránsito.

Yo que soy muy de series, disfruto con los personajes femeninos como el de Veep, la vicepresidenta Selina Meyer que protagoniza Julia Louis-Dreyfus -acaba de ganar un Emmy- y su desopilante equipo, comedia que muestra en solfa los entresijos del poder para una mujer que aspira a convertirse en presidenta de los EEUU. Y se me corta la respiración en algunos de los capítulos de House of Cards, ese retrato despiadado del poder en el que el equipo de aspirantes a presidente y primera dama que encarnan Kevin Spacey y Robin Wright, dos genios del mal para los que "el género" es lo de menos.

Dice mi gurú que ha vuelto color bronce de sus vacaciones, que el poder irá haciendo mella en las mujeres y que las reglas del juego indican que tienen todavía que andar en puntillas. Y sí, en la medida que las mujeres ejerzamos el poder, se nos pondrá a prueba y se nos mirará mucho más.

Yo resoplo porque lo sé desde siempre pero ante la disyuntiva de poder-no poder, me quedo con aquello que escuché decir hace muchos años en una conferencia a la filósofa y una de Las Top 100 Mujeres Líderes en España, Amelia Valcarcel: tenemos el derecho a ser malas.

Ojalá el poder lo ejerciéramos de otra manera. Por el resto de las mujeres, pero sobre todo por lo que espera y le toca vivir a una sociedad desencantada. En eso estamos. Mientras, hablemos de poder.

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