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La mano que escribió ‘4321’

La mano que escribió ‘4321’

Acudo a Fundación Telefónica pues Paul Auster presenta su novela “4321”. Este título parece una cuenta atrás, pero verán luego que no lo es.

Aunque sí hay gran expectación ante la llegada del escritor norteamericano, al que entrevistará la periodista Marta Fernández. No solo nos hablará Paul Auster de su recién presentada novela, sino de otros asuntos relacionados con la escritura, la literatura en general, e, incluso, la política actual de su país. Aparece al fin. Compruebo que en directo transmite una increíble energía; tiene esa mirada magnética de gurú que conocía solo en fotografía.

Contar, contar y contar

“El tiempo no es lo que parece”  afirmará a lo largo de la entrevista, y casi nos lo creemos al verle. Se nota que le ha sentado bien jugar con el tiempo (para eso y para otras cosas sirve la  literatura), al escribir esta novela en la que da rienda suelta a su afán de: “contar, contar y contar”, enfatizado el verbo tres veces, en sus propias palabras. Pero no son tres, sino cuatro, las vidas narradas, los destinos alternativos de Archie Ferguson el personaje protagonista de la novela que nos viene a presentar.

“4321”: una historia que habla del profundo proceso de desarrollo humano de cuatro muchachos diferentes, aspirantes a escritores, pero que son el mismo personaje.

‘4321’: una historia que habla del profundo proceso de desarrollo humano de cuatro muchachos diferentes, aspirantes a escritores, pero que son el mismo personaje. ¿A quién no le gustaría jugar alguna vez a este juego? Pero, ya saben, no somos Paul Auster. Cuatro distintos Ferguson, todos nacidos en Nueva Jersey, años 50, como el propio escritor. Vidas, formas que van apareciendo —según Auster— en el espacio vacío. Se  trata de reflejar esa compleja mecánica de la realidad que, en la mayoría de sus obras anteriores, siempre ha estado muy marcado por un agudo sentido de lo “inesperado”; un uso del azar que, en ocasiones, le ha merecido críticas. Sin renunciar a esa percepción suya particular, me da la impresión al escucharle de que ahora, esta nueva novela añade una nueva reflexión a lo anterior, puesto que lo que se narran son cuatro vivencias que, inevitablemente, interactúan con las otras, complicando ese sentido de lo que estará siempre por suceder.

Auster: vidas alternativas de un muchacho judío

Las diferentes vidas alternativas de este muchacho judío, cuando avanzan hasta finales de los sesenta, tienen lugar en un ambiente de agitación política, retratan en una de ellas una Columbia encendida por disturbios estudiantiles, vinculados a luchas por derechos raciales, o derivados de la intervención americana en Vietnam. Cada Archie se implica de diferente manera en la vida, tiene distintos intereses, incluso, alguno de ellos, no opina de política. Ese despliegue alternativo de un mismo personaje,  y en un marco relevante para comprender las que suceden ahora en nuestro propio mundo (la América de los 50 y 60), constituye un alarde estructural, una complejidad en el punto de vista, que el lector agradece.

Habla con ironía sobre el trabajo del escritor, sobre el tiempo invertido en la escritura: ¡”Crazy”! 

Para nuestro placer como lectores, Paul Auster no puede dejar de dar rienda suelta a su afición por contar, aunque esta novela haya tardado largo tiempo en escribirla. Al solicitar la entrevistadora estrechar su mano, relata humorísticamente aquella vieja anécdota sobre Joyce en la que un muchacho admirador pide  estrechar “la mano que ha escrito el Ulises”. Joyce se niega diciendo: “No, que también ha hecho otras cosas”. Habla con ironía sobre el trabajo del escritor, sobre el tiempo invertido en la escritura: ¡”Crazy”!  Una locura que no recomendaría a nadie, dice, pero no nos lo acabamos de creer al escucharle hablar entusiasmado, casi con nostalgia, de ese placer infantil que conlleva ponerle nombre a los objetos: Flora y Dora. Un par de zapatos. Pequeños detalles de su novela que no serán lo más trascendente, pero transmiten el amor del autor por su propio trabajo, la compensación frente a otros momentos frustrantes, de los que también nos habla,  en los que hay que arrancar la hoja del cuaderno y tirarla a la papelera porque el día no ha sido fructífero. Sí, a la papelera, porque Paul Auster utiliza cuaderno y no ordenador para escribir sus párrafos. El párrafo le interesa como unidad de composición. Declara que no descansa hasta lograr esas secciones del párrafo tal como las desea: trabaja duro, las revisa, las pasa a máquina, las guarda en una carpeta. El ordenador solo le servirá para revisiones a gran escala del texto.

Trump y Lo que el viento se llevó

Habla el escritor norteamericano, al final de la entrevista, de la situación política actual de su país bajo el mandato presidencial de Donald Trump, al que critica duramente, sin paliativos. Cuando comenzó la novela, en 2013, la posibilidad de que fuera presidente estaba lejos. Esa agitación social y política, el trasfondo que se respira en su novela ‘4321’, a la que se remite en épocas anteriores, no deja de preocuparle ahora mismo. Denuncia la fractura que afecta a la sociedad americana, habla de incidentes que hurgan en viejas heridas que, durante una época, aparentaron estar cerradas. No deja de ser sintomático –señala-, que la película americana por excelencia: Lo que el viento se llevó,  toque un tema esclavista.

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