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El quinto punto cardinal o por qué seguimos escribiendo

El quinto punto cardinal o por qué seguimos escribiendo

Creo que hoy día es una buena señal y hay que celebrar que sigamos haciéndonos determinadas preguntas y, sobre todo, que las respuestas obtenidas, lejos de ser unívocas, conduzcan a una diversidad y riqueza de opiniones.

Me refiero a “Vida y ficción: ¿Por qué seguimos escribiendo?”, cuestión planteada a los escritores Rosa Montero, Luisgé Martín, Marta Sanz, Antonio Orejudo, Ana Merino, Manuel Vilas, Fernando Royuela, Cristina Fernández Cubas, Rafael Reig, Sergio del Molino, Juan Carlos Méndez Guédez, Hipólito Navarro, Sara Mesa, Andrés Neuman, Aixa de la Cruz y Juan Gabriel Vásquez. Lo hacen en el documental que han tenido la idea de rodar José Ovejero y Edurne Portela, y que se proyectó el pasado 19 de julio en la Fundación Telefónica.

La génesis del proyecto

Según explicaron los escritores y autores del documental, se pusieron manos a la obra con la cámara sin haber abordado previamente este tipo de trabajo, dada la disponibilidad técnica de medios al alcance de todos.  Seleccionaron un grupo de escritores que aparecen ante el espectador en entornos que los caracterizan: su propia casa,  paisajes o lugares con los que mantienen cierta afinidad como el desierto de Tabernas en Almería o el parque de El Retiro en Madrid. Las respuestas fluyen desde una cotidianeidad doméstica; consiguen un punto de intimismo donde los símbolos visuales, al servicio de las respuestas, no distraen sino que complementan las palabras y el retrato. Nos acercamos como espectadores no solo al personaje sino a la persona del escritor. Con economía de recursos y pese a la inexperiencia confesada de sus creadores, el trabajo documental logra reunir puntos de vista muy enriquecedores acerca del hecho de por qué determinadas personas siguen teniendo hoy la necesidad o el placer de volcar sus ideas en un papel o pantalla de ordenador para conformar lo que, previsiblemente,  y si no se queda a dormir el sueño del cajón, será un libro. En el formato que sea, porque el libro electrónico, no obstante, sus diferencias con el de papel, también satisface expectativas lectoras.

El espectador agradece estas indagaciones tranquilas y relajadas en torno a uno mismo.

Las respuestas recogidas a los escritores por Ovejero y Portela, a lo largo del documental, son  lúcidas, dubitativas, melancólicas, chispeantes.  Dan cuenta de  la vastedad del territorio al que nos asomamos.  En el entorno cambiante que nos rodea, sin apenas tiempo para la reflexión, el espectador agradece estas indagaciones tranquilas y relajadas en torno a uno mismo o a temas que nos afectan a todos. Cuestiones, tal vez por ello, más urgentes que nunca, que  fueron debatidas en Fundación Telefónica durante la mesa redonda que tuvo lugar tras la proyección por Hipólito G. NavarroMarta SanzAntonio OrejudoAna Merino y Manuel Vilas.

 ¿Por qué seguimos escribiendo?

¿Por qué seguimos escribiendo? ¿Seguirá siendo vigente  lo que venimos llamando Literatura? ¿Seguirá habiendo lectores? ¿Tiene la gente joven la capacidad de valorar esa febril búsqueda del autor en pos del adjetivo perfecto, como indagaba Hipólito G. Navarro? ¿Se decanta la población juvenil, en su mayoría, por las series televisivas, tal como señalaba la benjamina entre los autores, Aixa de la Cruz? ¿Son estas series el producto de una labor, de un trabajo,  de guionistas a los que también se les puede llamar “escritores”?  Prefiero no ofrecer aquí las respuestas e instarles a ver el documental, pero mi conclusión es que hay esperanza.

Por fortuna, hay gente como Portela y Ovejero que no quieren dar nada por sentado.

No cabe duda de que en el territorio en el que se asienta la más genérica de las preguntas: “¿Por qué seguimos escribiendo” nos topamos una y otra vez, al recibir las respuestas de los autores entrevistados, con unas referencias, unas señales que apuntan reiterativamente hacia temas como la prematura conciencia de la muerte o de la decadencia (Rosa Montero), el sentido de colectividad, lo político (Rafael Reig), lo individual  (vivido como soledad o fragilidad de un cuerpo: Marta Sanz), el valor de la imaginación en la infancia (Cristina Fernández Cubas). Pero el principal valor del trabajo, en mi opinión, es que todo ese territorio de lo común es atravesado por las peculiaridades y vivencias de cada uno de los escritores, por su modo de estar en el mundo como persona. Cada uno de ellos se muestra al espectador no solo en sus respuestas sino como pregunta, un punto de vista enriquecedor que continua interrogándose.

A lo largo del documental, podemos atender, valorar cada una de las explicaciones de los autores, identificarnos con una u otra motivación o sus personalidades (hayamos o no intentado alguna vez la aventura escritora). A la hora de elegir lecturas, independientemente de la respuesta dada, tendremos muy claro quien satisface nuestras expectativas y quien no lo hace, elegiremos, compararemos, seguiremos buscando como lectores por el territorio de lo que venimos llamando Literatura, excavando en esa “arqueología del recuerdo” (en palabras de Andrés Neuman), en la búsqueda del “quinto punto cardinal”, símbolo más allá de toda referencia, que recorre ese camino tan necesario entre el “yo” y el “nosotros”.

Los temas recurrentes

Las alusiones reiteradas sobre determinados temas como la muerte, la niñez, la imaginación, lo político o la identificación con lugares que “hablen de nosotros” (Juan Carlos Méndez) permitirían suponer que podemos trazar un mapa, un territorio circunscrito en cuanto a las preguntas planteadas se refiere. Tanto el documental como el debate posterior creo que tuvieron el mérito, muy de agradecer a los autores, de conservar la sencillez, un estilo directo y sincero a la hora de enfrentarse a preguntas ante las que es fácil extraviarse por derroteros de intelectualidad vacía de contenido. Me gustaría destacar el humor inteligente y terapéutico del cuentista Hipólito G. Navarro que, en sus intervenciones en público, consigue siempre desmitificar, aligerar.

Gente que se atreve a saltar el foso para asumir ese riesgo de contar.

Al acabar la proyección, o tras haber escuchado las opiniones volcadas en la mesa redonda posterior,  mi opinión es que no debemos engañarnos. Por suerte para todos, y pese a las nuevas tecnologías o estilos de vida que inducen a pensar que el tema de la escritura está amenazado o, peor aún, concluido, seguiremos escribiendo, seguiremos leyendo. Las motivaciones que inducen a los escritores siguen estando vigentes. Serán, eso sí, dispares y variadas: tanto como las personas que se involucren en la aventura, en consonancia con los tiempos que se vivan,  pero al escuchar a los autores me cuesta llegar a imaginar un mundo donde nadie se haga preguntas y no se no recurra a la escritura.

Mi conclusión, tras ver este documental, es la buena noticia de que, por fortuna, hay gente como Portela, Ovejero, y otros muchos, que no quieren dar nada por sentado. Gente, como los escritores que intervinieron, que se atreve a circular por un territorio que nunca estará acotado ni señalizado convenientemente, que se atreve a saltar el foso que nos separa del otro para asumir ese riesgo de contar. Sigue teniendo vigencia lo literario, que, al igual que la cámara de Ovejero y Portela, se asoma a unas interioridades que, por fortuna, seguirán deparando sorpresas y hallazgos y, por tanto, un margen para la libertad y la imaginación frente a los discursos imperantes.

La asignatura pendiente del marketing y el dinero

No querría dejar un mal sabor de boca, tras este elogio del trabajo de Portela y Ovejero, descendiendo a los terrenos vulgares de lo crematístico. Pero de lo que no se habló, o se habló de pasada durante la mesa redonda (apenas algo al final), fue de la cruda realidad del negocio editorial, del “marketing” amenazante que, no nos hagamos ilusiones, condiciona, dirige, está detrás de todo esto. ¿En qué manera, tal como está configurado actualmente? Ese sería otro debate muy interesante. Nuevo tema para abordar en otro documental en el que lo cualitativo dejaría paso a lo cuantitativo. “Hablar en plata” y “sobre plata”; irrumpir en ese territorio de vasta libertad creadora con elementos procedentes de otros reinos, gobernados por otros reyes y otros príncipes. Sería interesante saber más sobre ello, escuchar opiniones, aunque reconozco que algo envenenada sí está esta propuesta de corte bien diferente a la que brindan los autores de “Vida y ficción: ¿Por qué seguimos escribiendo?”. Recomendable documental. Espero que sus autores tengan la oportunidad de difundirlo.  Escritores, lectores, público en general: véanlo y sigan preguntándose.

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