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Anatomía del caos o cuando el costo no tiene precio

Anatomía del caos o cuando el costo no tiene precio

En anterior artículo, hablaba de lo insólito que es que ciertas empresas, no importa el sector, sigan funcionando con organigramas perimidos. Y sobre la ineficiencia, sobreactuación y daños colaterales que conlleva para las organizaciones.

 Nada de esto es gratuito para las grandes empresas. Basta auscultar de cerca el funcionamiento de directivos y empleados, para notar la cantidad de horas perdidas en sobreactuar que trabajan a destajo, aunque esto sea irreal, porque seguramente no hay trabajo para toda la plantilla, y todos, trabajadores o aprovechados, necesitan poder mantener el salario y el puesto.

En algunas sucursales, se tejen verdaderas redes de ocultamientos sostenidas por jefes que tampoco cumplen con sus funciones, y hacen perdurar la fantasía del orden, por supuesto con la complicidad de los mismos directivos de la empresa.

Basta auscultar de cerca el funcionamiento de directivos y empleados, para notar la cantidad de horas perdidas en sobreactuar que trabajan a destajo.

En consecuencia, las casas centrales con modelos piramidales, adolecen de un alejamiento paulatino de la realidad que raya en la estupidez. Al final, no hay noción de la productividad ni del costo que esto insume, debido al sobredimensionamiento de la plantilla, el solapamiento de unos con los otros, y la inflación de una cantidad de supernumerarios que cobran un sueldo por 15 minutos de trabajo diario.

¿Ha escuchado hablar del Burn Out?

En esta anomia, en este caos, nadie gana, en uno de los legados más temerarios de la ética protestante del capitalismo. Todos deben trabajar, porque el que se queda afuera, tal como en la época de Lutero, ingresa en la condición de pecador, punible frente a la mirada del dogma.

Así, por un lado, la empresa pierde eficiencia en muchos lugares por un concepto equivocado de concepción organizativa.

Por el otro, también sobrecarga de responsabilidad a algunos de sus empleados por imposibilidad de delegación, lo que los lleva al sobreesfuerzo físico, agotamiento y la consiguiente merma en el rendimiento de la empresa.

Los altos directivos que reciben órdenes emanadas de las casas centrales para lograr una imposible uniformidad en toda su red, son los que comienzan a sufrir el Síndrome del Burn Out: Trabajan sin parar, con un nivel de exigencia interno que lleva a un desgaste emocional, con falta de vitalidad y pérdida de energía.

Más síntomas para este boletín

Los signos que hacen visible este estado son inequívocos: agresividad e impaciencia, un tono de cinismo exacerbado, suspicacia e intolerancia.

Los signos que hacen visible el Síndrome del Burn Out son inequívocos: agresividad e impaciencia, un tono de cinismo exacerbado, suspicacia e intolerancia.

La noticia es que el otro extremo, encontramos el Síndrome del Boreaut.

El “Boreaut”, se caracteriza por las alteraciones psicológicas que produce en el ser humano su confusión por el rol, la función que desempeña y la tarea que le asignaron. Pero como debe conservar el trabajo, llega a tal punto de fingimiento que necesita hacer algo más cuando en las ocho horas diarias de trabajo no tiene mucho y a veces nada para hacer.

Este estado de ocultación produce estrés y un sentimiento de peligro ante el riesgo de que lo descubran. El rol que le compete al Mentor es el de ayudar a encontrar -tanto a directivos de todo nivel como a empleados cumplidores o impostados- la forma de utilizar provechosamente el tiempo, las fuerzas y la dignidad. En definitiva, que no conviertan su vida en una “indiferenciación” que los lleve a sufrir tanto con el Burnout como con el Boreaut.

La simple práctica de encontrar nuestro lugar en el mundo, o en la empresa

Para esto es imprescindible que el Mentor determine de arriba para abajo y de abajo para arriba, cuál es el rol, la función y la tarea de cada uno. Así, tanto los altos ejecutivos como los simples empleados u obreros podrán comprendan muy claramente hasta dónde llegan sus responsabilidades.

De esta manera, la empresa quedará “normada”, pero esta vez con normas reales y no con la idea de organización a los que llevan ciertos “organizadores de Empresas” que terminan por confundir y crear pérdidas empresarias. No sólo en tiempo y dinero sino también en dignidad de un plantel en el que cada uno es valioso cuando tiene las cosas claras respecto de sus roles, funciones y tareas.

Lee el artículo anterior de Ernesto Beibe Aquí>>>

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