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Maternidad: precio y desprecio social

Maternidad: precio y desprecio social

Al margen de las razones que cada cual esgrima para concebir y criar a un ser humano, es necesario comprender que hay costes desiguales para hombres y mujeres.

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La maternidad/paternidad, qué duda cabe, tiene un precio: facturas cuantificables en lo económico, pero también en lo simbólico, en lo personal, en lo laboral. A esos costes se suma la incapacidad estatal para proteger a la familia a través de políticas sociales y, no lo olvidemos, un entorno corporativo especialmente hostil frente al proyecto vital de las mujeres:

¿Quién llega a director en una compañía? Desde luego no el que se va a las tres de la tarde y quiere conciliar. Y no es que las mujeres se vayan a las tres de la tarde… ¡es que quieren conciliar!

[…] Yo lo único que os digo es que prefiero a una mujer de más de 45 o de menos de 25 porque como se quede embarazada ¡nos encontramos con el problema!

¿Quién llega a director en una compañía? Desde luego no el que se va a las tres de la tarde y quiere conciliar. Y no es que las mujeres se vayan a las tres de la tarde… ¡es que quieren conciliar!

Palabras significativas de -¡cruel paradoja!- una mujer empresaria y madre de seis hijos quien, en octubre de 2012, presidía el Círculo de Empresarios en España.[1]

En efecto, las mujeres pagan un precio elevado por la maternidad: asumiendo costes muy altos por el cuidado de los hijos, disponibilidad o acceso a dichos medios y una fiscalidad que desalienta el trabajo femenino. Así lo aseguraba la OCDE en el reporte de 2012 Closing the Gender Gap: Act Now.

Algunas conclusiones del estudio enfatizan los progresos en educación femenina de las últimas dos décadas, contrapuestos a las desigualdades más persistentes en el terreno del trabajo y retribuciones donde siguen siendo afectadas. Con la maternidad la situación de las mujeres empeora: si la brecha salarial para trabajos similares entre hombres y mujeres se calcula en un 16 %, la media ensancha hasta el 22 % en familias con uno o más hijos.

En el empleo, los impactos producidos por un hijo son considerablemente distintos entre un hombre y una mujer: para el 66 % de varones que han modificado su estatus como trabajadores (asalariado, autónomo o desempleo) dichos impactos pueden ser calificados como positivos, en tanto que el porcentaje para las mujeres se reduce a 41 %, según expertos. La maternidad/paternidad implica trastocar el tiempo de trabajo lo cual se traduce en un 71 % de mujeres que tras el nacimiento de los hijos destinan menos espacio al empleo, mientras el 65% de los hombres, en la misma circunstancia, siguen la ruta contraria.[2]

El FMI revela que la brecha salarial entre los sexos, ya de por sí amplia y persistente, aumenta abruptamente en los periodos de procreación y cuidado de los niños, lo cual indica que la maternidad está “penalizada” con una pérdida salarial estimada en el 14% en los países de la OCDE.

España que ha cerrado el siglo XX con una de las tasas más bajas de natalidad, presenta patrones peculiares: pocas mujeres o parejas no tienen hijos (12 %) y muchas más “deciden” o “pueden” tener uno solo (30 %), además es el tercer país, después de Reino Unido y Francia, con más interrupciones de embarazo. La raíz de estos comportamientos se hunde no ya en el deseo mismo de tener hijos sino en los

[…] altos costes de abandonar el hogar paterno (primero) y de la maternidad (después), tanto en términos económicos y laborales como de tiempo, esfuerzo y asunción de responsabilidades. También se retrasa el momento de tener el primer hijo, en parte debido al alto nivel estructural de desempleo juvenil y a la creciente inestabilidad e inseguridad de las carreras profesionales; pero también por el deseo (o la necesidad) de tener dos salarios para mantener unos niveles de consumo aceptables para el bienestar de la familia. O por la dificultad para conciliar la vida familiar y el trabajo, la falta de apoyo de la pareja, etc.[3]

Pero… ¿Qué dicen ellos y ellas, los ciudadanos de a pie que se enfrentan con estas decisiones? La encuesta del CIS (2012) exploró en las opiniones de 2595 personas –hombres y mujeres de 18 y más años- sobre diferentes temas relacionados con la familia y el género. Las respuestas son significativas:

52.1 % indicaron que tener hijos limita demasiado la libertad de los padres. 66.1% está de acuerdo con que los/las hijos/as suponen una carga económica y seis de cada diez afirma que reducen las oportunidades de trabajo y progreso profesional en uno o ambos progenitores.[4] Cabe mencionar que la muestra integró a 1392 mujeres y 1202 hombres, de los que el 68.3 % ya era madre/padre al momento de responder.

[1] Mónica de Oriol y de Icaza. Intervención en la XXV Asamblea Plenaria del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL). 02 de octubre 2012.

[2] DURÁN HERAS, Almudena y GARCÍA SEGOVIA, Fernando. “El ciclo de vida laboral, a través de datos de la Seguridad Social” [en línea]. URL: ˂http://bit.ly/1r96daN˃ [citado 18/07/14].  Pág. 13

[3] UNICEF. La infancia en España 2014. El valor social de los niños: hacia un Pacto de Estado por la infancia [en línea]. Junio de 2014 [citado 25/02/15]. URL: <http://bit.ly/1mhVn0p>  Pág. 12

[4] CIS. Familia y Género II [en línea]. Estudio nº 2942. Abril-junio 2012 [citado 25/02/15]. URL: <http://bit.ly/1wxOgWu> Pregunta 7.

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