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Satisfacción y abundancia

Satisfacción y abundancia

Corrían los 80 y se escuchaba a Mick Jagger cantar “I can’t get no satisfaction!” con ritmo potente, fuerza y letra pegadiza, que entonces no comprendí, satisfecho con el ritmo, pero que me resuena desde entonces.

Corrían los 80 y se escuchaba a Mick Jagger cantar “I can’t get no satisfaction!” con ritmo potente, fuerza y letra pegadiza, que entonces no comprendí, satisfecho con el ritmo, pero que me resuena desde entonces.

Toda mi vida he luchado por ser lo que quería ser, incluyendo en ese ser, cosas que nada tienen que ver con el verdadero SER, sino con una serie de proyecciones mentales de lo que quería llegar a ser, tener, consumir y vivir, que no son más que eso, proyecciones mentales, muchas creadas por sistemas de consumo modernos, y otras pertenecientes a la cultura e inercias antiguas de la humanidad, que algo, poco o nada pueden tener que ver conmigo.
Al identificar la felicidad con el nuevo viaje en sí, he tendido a substituir un viaje por otro, pensando como Kundera ”que la vida está en otra parte”. Error, la vida está siempre ahí, es cuestión de abrir los ojos y beberla.

El secreto de la felicidad

Así, durante años, pensé que no era feliz, porque no tenía suficiente, porque no era rico: la verdad es que la vida me ha sonreído y tengo muchas más cosas de las que me hacen falta, y no encuentro satisfacción ahí. La pequeña chispa de ilusión que se produce en mi cuando estoy comprando algo, se desvanece rápidamente según entra por la puerta y comparo mi experiencia real de tenerlo, con lo que pensaba que iba a ser. La tentación siempre está en ese otro producto más caro que no te llegaste a permitir, que debía ser el que cumplía la promesa de felicidad, pero es una trampa, el consumo no trae una felicidad estable, duradera ni real. Lo digo yo y lo dicen muchos de mis clientes, que son verdaderos ricos y buscan ayuda en mi para ser felices.

De igual manera, pasa con quien soy yo en términos de identidad. Durante años pensé: cuando acabe el colegio, cuando sea economista, cuando sea diplomático, o lo que es lo mismo : cuando tenga novia (sea novio) , cuando tenga esposa (sea marido), cuando tenga hijos (sea padre)… entonces, seré feliz, admitiendo grandes y pequeños sacrificios hoy para “ganar un por-venir”. La realidad es que la vida de nuevo me trajo muchas de esas cosas y aunque las incorporé a mi identidad, la realidad es que no me hicieron feliz de por si, digamos que más que una estación de destino, era una estación de partida hacia nuevos y complejos viajes, llenos de vida, sensaciones, emociones, subidas y bajadas. Desgraciadamente al identificar la felicidad con el nuevo viaje en sí, he tendido a sustituir un viaje por otro, pensando como Kundera ”que la vida está en otra parte”. Error, la vida está siempre ahí, es cuestión de abrir los ojos y beberla.

La buena memoria

Haz un esfuerzo de memoria y recuerda los momentos más felices de tu vida. Si yo lo hago con los míos, compruebo que no solo no los compré con dinero, que tampoco los busqué, sino que los encontré. Yo he tenido la enorme fortuna de encontrarme con momentos de verdadero misticismo, amor, pasión, alegría de corazón y de cuerpo entero. En todos los casos, eran momentos encontrados con los ojos bien abiertos. Me consideraba rico por ello hasta que fui olvidándolo para intentar ser rico de otra manera, con cosas y experiencias buscadas. Al buscar, dejé de encontrar, y durante muchos años la vida no me sorprendió porque seguramente tanta era mi expectativa por recuperar alguno de esos momentos místico afectivos, que no pude aprovechar lo que sí que había.

 Ahora entiendo porqué tantos buscadores están perdidos, porque buscan, y así no hay quien encuentre. Ahora entiendo que por mucho que les diga a mis hijos que esperen porque estoy haciendo algo que considero importante, lo verdaderamente importante es devolverles la mirada y disfrutar de lo que realmente me está regalando la vida, que es su compañía, la caricia del aire, la belleza del paisaje de las montañas. Ahora. Aquí. Ahora, encontrando satisfacción en lo que hay, sin buscar más allá, porque he experimentado tanto vacío y pobreza en el consumo de bienes, personas y experiencias, que mejor dejo de correr hacia el “por venir” y bebo de lo que hay, que la vida y yo somos abundantes.

 

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