Los mayores de 60 somos epidemia

1705

Nos damos una vueltecita por Google, buscamos «personas mayores», y encontramos 18.300.000 -diez y ocho millones trescientos mil-resultados en 0,58 segundos. Si los datos se los pedimos a Google en inglés, la cifra asciende a 20.500.000 -veinte millones quinientos mil resultados- en 0,64 segundos

¡Tanto escrito y tanto pensado para poder entender una situación paradigmática: un juego que nos ofrece la vida, para una plena estadía en ella!

Les escribe un educador de más de 70 años, que trabaja con casos reales de personas que llegan a consultarme ¿y ahora qué?

Podemos entender que haya millones de páginas dedicadas a padres despistados sobre cómo cuidar y educar a su bebé. Otras tantas aconsejando cómo llevarse bien con un hijo adolescente en casa. Muchísimas sobre la crisis de los cuarenta…Yo mismo desde estas columnas he intentado ayudarles a pensar una «Identidad Soñada”, su vocación.

Desubicados en nuestras propias edades

Pero pensar que haya casi 40 millones de consejos, en solo dos idiomas -me aterra seguir indagando en otros idiomas y regiones- indica que estamos verdaderamente frente a una epidemia de «desubicados» en sus propias edades.

Les escribe un educador de más de 70 años, que trabaja con casos reales de personas que llegan a consultarme ¿y ahora qué?

Me encuentro, nos encontramos, frente a personas que no fueron educadas a seguir viviendo después de los 60 años. No entraba en ningún paradigma hace 20 años. Nadie podía ni preveía programar 20, 30, 40 años más de vida transcurriendo, gozando y sufriendo en este mundo, que, para complicar las cosas, es tan cambiante.

Las personas, desde siempre, precisamos clasificar. En esta ocasión voy a permitirme clasificar burdamente a los «mayores» en tres enormes masas de forma de pensar y actual.

¿Y si fuéramos a contracorriente de los tiempos que corren aprendiendo a vivir y no a sobrevivir?

Cuando se trata de política, hay quienes creen y votan firmemente por un partido político o por otro. Pero en el medio de estas personas tan seguras de sus creencias y valores, se encuentran los «indecisos».

De la incertidumbre y el hastío al hágalo ya

En la sociedad actual, conviven quienes son claramente jóvenes independientemente de la edad de sus huesos, y buscan vivir cada vez mejor con bonhomía y hedonismo. «Los sin edad»

Están también «Los no se me ocurre”. Los que no se prepararon para vivir lo que les toque: por ejemplo, ocuparse de sus padres o mayores, que cuentan los días que les falta por vivir.

Esta parte de la población «añosa» lo quiere todo ya, son la clientela asegurada de los libros de autoayuda: «Sea feliz hoy», «Levántese con una sonrisa y su vida será maravillosa», «Entérese cómo llegaron a ser quienes son los triunfadores»… Y sigue el inventario de los «hágalo Hoy» «hágalo ya». Sabemos que esos títulos suelen terminar en la basura, pero en el camino, se llevan parte de las expectativas y el entusiasmo de quien compró esa tabla de salvación.

El camino que les queda son las dolencias y la actividad social que ocupa sus días: visitar al médico, asistir a una guardia nocturna o salir con un tranquilizante entre los labios cuando en realidad la única enfermedad que sufren es: el hastío!

Y aquí llegamos a la tercera clasificación: los indecisos

Los «indecisos» parece que la tienen clara: están a punto de jubilarse, y ven el día de la despedida como «romper las cadenas y ser libres». Sin embargo, si no se toman el tiempo de “programarse” para el día después y proyectarse para los 30 años que tienen por delante el camino es aciago. Se deslizarán por un tobogán de amarguras y desilusiones…¡Por no hablar de enfermedades! Créanme, de algo hay que ocuparse y el cuerpo pasa facturas cuando la cabeza no encuentra paz.

¿Y si fuéramos a contracorriente de los tiempos que corren aprendiendo a vivir y no a sobrevivir?

Os dejo esta pregunta mientras preparo nuestro próximo encuentro.