La capitana del Sea Watch, Carola Rackete, queda en libertad

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Después de cuatro días en arresto domiciliario, Carola Rackete, la capitana de 31 años del barco de la ONG alemana Sea Watch, ha quedado en libertad. La Justicia italiana desestimó los delitos de resistencia y violencia contra nave de guerra e intento de naufragio de los que estaba acusada tras entrar sin autorización en el puerto de Lampedusa con 40 inmigrantes a bordo y chocar contra una patrulla de la Guardia de Finanzas italiana que trató de impedir la operación de atraque.

La Justicia italiana consideró que el atraco sin autorización de la embarcación humanitaria en el puerto de Lampedusa estaba justificado por el deber de salvar vidas en el mar. La juez señaló además que la elección del puerto siciliano no fue instrumental, como defendían los fiscales sicilianos, ya que los puertos de Túnez y Libia, únicas alternativas que tenía Rackete para desembarcar a los rescatados, no son seguros.

La detención de Carola Rackete divide a Europa

El caso de Carola Rackete y Sea Watch 3 (el barco que pese a las advertencias del Gobierno italiano condujo a puerto a los 40 inmigrantes que había rescatado en el mar), va camino de convertirse en un grave incidente diplomático. El Vaticano, Francia y Alemania han respondido con dureza al último acto de crueldad contra los derechos humanos del primer ministro Matteo Salvini, que nada más atracar la embarcación en el puerto de Lampedusa dio orden de detener a Carola Rackete. Ella es la capitana del Sea Watch 3 que decidió llevar a tierra a los migrantes ante sus reiteradas peticiones de ayuda no atendidas a la comunidad internacional.

Salvini sigue pisoteando el Derecho Internacional Marítimo, los tratados y convenios internacionales sobre derechos humanos y la propia Constitución italiana.

Salvini sigue pisoteando el Derecho Internacional Marítimo, los tratados y convenios internacionales sobre derechos humanos y la propia Constitución italiana. Sin embargo, esta vez las cancillerías europeas han dicho basta y han pronunciado una enérgica protesta como no se escuchaba desde tiempos anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Quizá haya pesado el hecho de que la capitana del barco detenida sea de nacionalidad alemana y de que Salvini se haya mofado de ella tras su arresto al insinuar que es una “pija con mucho tiempo libre”, llegando incluso a calificarla como “delincuente”. Lo cierto es que las bravuconadas de Salvini han ido demasiado lejos esta vez y el caso del Sea Watch 3 puede llegar a convertirse en un serio incidente internacional que afecte gravemente a las futuras relaciones de los países miembros de la Unión Europea.

De entrada, esto no ha gustado en el eje Berlín-París, cuyos líderes han reaccionado enérgicamente. Así, Heiko Maas, ministro de Asuntos Exteriores alemán, ha criticado a las autoridades italianas por el incidente. “No se debe criminalizar el salvamento marítimo”, ha afirmado en Twitter. “Salvar vidas es un deber humanitario y corresponde a la justicia italiana aclarar rápidamente las acusaciones”, ha asegurado.

La vida humana debe salvarse

Por su parte, desde el Vaticano, el secretario de estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, ha recordado que “la vida humana debe salvarse. Esa debe ser la estrella guía. Todo lo demás es secundario”. Un serio toque de atención que va en la línea de lo que ya ha dicho en anteriores ocasiones el papa Francisco a propósito de las políticas xenófobas y de represión contra los migrantes que están practicando últimamente ciertos líderes europeos.

La capitana del Sea Watch 3 decidió llevar a tierra a los migrantes ante sus reiteradas peticiones de ayuda no atendidas a la comunidad internacional.

En el caso de Francia ha sido su ministro del Interior, Christophe Castaner, quien ha advertido a Italia de que “el cierre de los puertos es una violación de la Ley del Mar”. Castaner ha salido al paso de las noticias anunciando que su país está dispuesto a acoger a diez de los migrantes, “pero esto no significa que no haya que combatir la inmigración ilegal”.

Política migratoria represiva

Cada día que pasa resulta más evidente que la brutal política migratoria represiva puesta en marcha por Salvini va camino de dividir a la UE. Alemania y Francia ya se han posicionado en la defensa de los derechos humanos.

Ahora falta saber qué van a hacer otros países donde gobiernan los populistas de extrema derecha. En Austria, Bélgica, Finlandia, Dinamarca, Letonia, Hungría y Polonia los ultraxenófobos forman parte del Gobierno de una u otra manera. De momento, todo apunta a que regresamos a un escenario de bloques, como en los peores años del siglo XX.