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Siempre la vida, de Enrique Gracia Trinidad

Siempre la vida, de Enrique Gracia Trinidad

Lo primero que me llama la atención, en el libro de poemas de Enrique Gracia Trinidad 'Siempre la vida', es ese escaparate repleto de objetos que invitan a soñar, a hacer volar la imaginación, al que nos asomamos en su cubierta.

Objetos y figuras pertenecientes al mundo del cine, la radio, algún juguete mecánico, globos terráqueos…Un escaparate preparado para que el transeúnte/lector pueda recrearse con calma en cada uno de los objetos expuestos, y entre los que, no sin cierta aprensión, descubro un prosaico despertador. Abro el libro y comienzo a leer, también con calma, que es como creo que se debe leer la poesía.

Siete apartados que reflejan la vida

En los poemas de Siempre la Vida, la solidaridad aparece como elemento consustancial a la poesía

El libro agrupa los poemas en siete apartados que abarcan una amplia visión de la vida que comienza por la intimidad del propio domicilio, del ámbito de lo doméstico donde el poeta encuentra refugio para sus reflexiones y entabla íntimo diálogo con los objetos que calladamente delatan su cotidianidad: “geranios heridos en su amor propio”, “ropa blanca que gesticula sin público ni focos”. Y de la casa salimos a la calle. “La calle para correr”: un espectáculo vivo, un paisaje humano por donde los “hijos del laberinto” corren afanosos a los oficios, estos sí, despertados por el timbre acuciante del despertador, mientras los poetas engañadores de palomas pueden llegar a convertirse en símbolos de negocios fracasados, de la melancolía y de todas aquellas cosas que la avaricia y las guerras cotidianas se llevan por delante.

Escaparates para soñar

Pero, por suerte, aunque “los romanos estén locos”, como decía Obelix, Enrique Gracia, el poeta, nos recuerda a lo largo de este poemario, que aún quedan escaparates que nos hacen soñar repletos de tebeos y cachivaches ilusionantes y batallas que perder, porque lo importante no reside en ganarlas, sino en celebrar domésticamente los fracasos buscados, elegidos, al margen de Roma, de todos los Césares. El éxito puede estar basado en  reconocer, al llegar a casa, el lugar exacto donde acariciar las orejas de nuestro perro mientras comemos palomitas junto a una “rubia”, o una mujer que “sepa aterrizar”. Posiblemente ya lo sabíamos, pero tantos se encargan de que lo olvidemos que resulta consolador y placentero el recordarlo en compañía del poeta.

En los poemas de Siempre la Vida  la solidaridad aparece como elemento consustancial a la poesía: un natural y humano sentido del compartir, no solo certezas acogedoras, domésticas, sino las preguntas más acuciantes o dolorosas que, en el último apartado del poemario, deja sobre su mesa el poeta, como un poema inacabado. Pero el lector, al final de libro, ya no se enfrenta tan desnudo a estas preguntas sino en la compañía de los versos leídos en páginas anteriores que ofrecen una visión profunda y crítica de la existencia aderezada por ese bálsamo siempre inestimable que es la fina ironía.

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