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Marga Cancela: “Sapos de otro pozo es la historia de la lucha de una mujer”

Marga Cancela: “Sapos de otro pozo es la historia de la lucha de una mujer”

Marga Cancela presentó hace unos meses "Sapos de otro Pozo”, su primera novela. Cancela nos cuenta cómo ha sido el salto del relato breve a la novela.

 ¿Cómo se describe a sí misma?

Desde pequeña he sido muy inquieta. Antes de cumplir los diecisiete años me fui a Londres porque en la aldea me ahogaba. Eso cambió mi vida.

En Amelia, la protagonista de la novela, también hay algo de esa inquietud. Es como tantas mujeres que se han atrevido a salirse de la fila. Que han luchado por tener una vida propia, un amor, un trabajo. Soy muy optimista, quizá por eso mi novela es una historia de superación.

Soy muy optimista, quizá por eso mi novela es una historia de superación.

¿Qué la llevó a convertirse en escritora?

Eso viene solo. Nunca había fantaseado con ello. Primero te enamoras de las palabras, las guardas en los bolsillos, las juntas y juegas con ellas, rellenas cuadernos con ideas que atesoras en cajones. De repente esas palabras, esas ideas, quieren salir porque tienes una historia que contar y escribes un relato.

¿Qué proceso la lleva a dar el salto del relato breve a la novela?

La propia historia. De pronto, había demasiados personajes para un relato, como diría Clara Obligado. El cuento y el relato actúan con rapidez, intensidad, concentración. Se ha dicho que el relato es intenso y la novela es extensa. Y Cortázar comparó el cuento con la fotografía y la novela con el cine.

Sapos de otro pozo tenía que ser una novela. Fue como si Amelia, la protagonista, me fuera llevando de la mano página a página sin poder parar. Ella quería, muchas mujeres rurales querían, que contara sus historias.

¿Ha cambiado su perspectiva sobre la mujer rural de la infancia a la madurez?

Había muchas cosas que no comprendía de niña, claro. El hecho de que las mujeres no protestaran lo interpretaba yo como conformismo, pasividad. Ahora admiro profundamente a la mujer campesina. Sé que en aquella época negra de nuestra historia ellas estaban atrapadas por las circunstancias, por los hijos, por la pobreza, por las leyes. Esas mujeres abandonadas y maltratadas por la vida que todavía hoy no pueden desprenderse de la esclavitud de lo doméstico, del miedo a las habladurías.

De repente esas palabras, esas ideas, quieren salir porque tienes una historia que contar y escribes un relato.

Mujeres luchadoras,  que tienen que mantener a su familia solas…¿Por qué ha querido hacer este homenaje al matriarcado?

Cualquiera que hubiera conocido a esas mujeres, “as viudas dos vivos e as viudas dos mortos” como las llamó Rosalía de Castro, querría hacerles un homenaje. Sus historias salen de la entraña de la tierra gallega. La ausencia de hombres jóvenes, la figura de la mujer sola, evoca a Penélope.

Sapos de otro pozo es, sobre todo, la historia de la lucha de una mujer que, pese a los convencionalismos, al desgarro de la emigración y a una adolescencia y juventud durísimas, encuentra salida y sentido a su propia existencia. La solidaridad. La alegría. El amor.

Su vida también ha estado marcada por la emigración. ¿Por qué deja Ordoeste.

Fue una huida. Escaparme del franquismo, de un entorno rural cruel, sobre todo para las chicas. Y más si tenías un padre autoritario. Era un mundo donde no había opciones para las mujeres, o te convertías en “esposa” o te ibas. Seguramente de niña ya me sentía sapo de otro pozo aunque entonces yo desconociera esa expresión. No fue una emigración económica al uso, sino existencial. Primero fui de au-pair a Londres, realicé mil oficios para poder estudiar: inglés, bachillerato en el colegio español, comercio. Hice grandes amigas como las hermanas Bengoechea, Elena, la reconocida arpista y Aurora, la pintora que impresionó al Príncipe Carlos de Inglaterra y cuyo cuadro aparece en la portada de mi novela. Compartí casa con gente fantástica como Joaquín Sabina. Sí, Sabina supuso un gran revulsivo intelectual en el entorno del Club Antonio Machado donde cooperábamos. Gracias a él aprobé latín. Era un profesor genial, cuatro clases y saqué notable. Fue él también el culpable de que leyera Cien años de soledad recién publicada.

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