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De Mujeres y Responsabilidad Social (fallida). Final.

De Mujeres y Responsabilidad Social (fallida). Final.

La alianza de la RSC y la igualdad de género en el quehacer empresarial, es una práctica cada vez más habitual y hasta rentable: adoptar iniciativas de igualdad crea un halo positivo en términos de imagen corporativa y reputación.

Hombres y mujeres viven bajo una constante y es que la desigualdad impera privilegiando a unos y explotando a otras; esto es innegable sobre todo en lo tocante al trabajo remunerado y no remunerado. Siendo históricamente el rostro institucionalizado del cuidado, las mujeres son también embajadoras oficiales de la armonización entre las esferas laboral, familiar y personal, aunque hacerlo sea una necesidad de todos.

El sector privado tiene, sin duda, un papel crucial en el fomento de entornos igualitarios tanto como en el empoderamiento de las mujeres que aún no participan plenamente en/de la vida económica. Desde este punto de vista, el mundo corporativo estaría moralmente obligado a perseguir la observancia y defensa de principios constitucionales tanto como a fomentar valores de igualdad y no discriminación para convertirse en instrumento de progreso social.

Así se advierte en la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de hombres y mujeres donde tienen espacio las acciones de responsabilidad social de las empresas en materia de igualdad. Dichas medidas, de carácter voluntario, podrán ser “económicas, comerciales, laborales, asistenciales o de otra naturaleza, destinadas a promover condiciones de igualdad entre las mujeres y los hombres en el seno de la empresa o en su entorno social”.[1]

Más que un buen negocio la igualdad debiera ser abrazada como el único camino posible al bien, independientemente de la acepción y postura elegida para interpretarlo; sin embargo, en el mundo de los negocios es cuando menos curiosa la tendencia para “convencer” y presentar elaborados argumentos con matiz utilitario.

ONU Mujeres y el Pacto Global de Naciones Unidas sostienen que “La igualdad es un buen negocio”. Este fue también el subtítulo de un documento que en coautoría se hizo público en 2011: Principios para el empoderamiento de las mujeres. El contenido se propone ofrecer una serie de orientaciones para que desde el sector privado se impulse la igualdad en el lugar de trabajo, el mercado y la comunidad, admitiendo que

[…] a pesar de los éxitos alcanzados mediante la integración de principios y acciones a favor de la responsabilidad empresarial, la diversidad y la inclusión, la participación plena de las mujeres en el sector privado -desde el puesto de Director Ejecutivo a la plantilla industrial y la cadena de suministros- sigue siendo una utopía. Los estudios recientes indican que la diversidad de género puede ayudar a las empresas a demostrar que la conciliación entre los intereses individuales y colectivos es posible.[2]

Más que un buen negocio la igualdad debiera ser abrazada como el único camino posible al bien, independientemente de la acepción y postura elegida para interpretarlo; sin embargo, en el mundo de los negocios es cuando menos curiosa la tendencia para “convencer” y presentar elaborados argumentos con matiz utilitario.

Esto podría explicar que ya bien avanzado el siglo XXI, la empresa dispuesta a integrar principios éticos y comportamientos más sensibles ante las demandas de la sociedad,  también comprende que la entidad llamada cliente no se encuentra fuera de la organización: también lo está dentro y tiene un lugar preponderante para el desarrollo de esta. Los colaboradores y sus familias son incubadora de impactos internos que deben atenderse.

El cuidado de ese “cliente interno” es hilo conductor entre la Responsabilidad Social Corporativa y las políticas de igualdad en la empresa. Cualquier programa orientado en este sentido se enmarca en un objetivo más amplio y ambicioso que legitima a la empresa como ciudadano corporativo, es decir, un miembro más con derechos y obligaciones, sin obviar, desde luego, los aportes en términos competitivos que genera una estrategia “responsable” de recursos humanos:

Las empresas comienzan a tener en cuenta que su imagen, sus decisiones y comportamientos generan una marca o un estilo a seguir a nivel social, y esto implica no sólo cumplir la legislación, sino que además deben tratar de mejorar la calidad de vida de sus empleados, de la sociedad y de sus clientes.[3]

La alianza de la RSC y la igualdad de género en el quehacer empresarial, es una práctica cada vez más habitual y hasta rentable: adoptar iniciativas de igualdad crea un halo positivo en términos de imagen corporativa y reputación. No olvidemos que en buena medida ha sido la presión ejercida desde fuerzas ajenas a la empresa lo que ha contribuido a replantear estructuras tradicionales -casi obsoletas- de organización e incentivos: la propia dinámica de mercados globalizados donde el talento es un bien accesible pero escaso; procesos marcados por la inmediatez y competencia; crisis económicas, particularmente esta última cuyo génesis se vincula a mala praxis corporativa al más alto nivel; vindicaciones feministas y de representantes de los trabajadores; movimientos sociales y otras fuerzas sociales coordinadas han sido motor de cambio.

Si desarrollo social y comportamiento empresarial tienen una relación estrecha e ineludible, la RSC con enfoque de género es la oportunidad para materializar modelos productivos, sostenibles y más humanos. Un paso de gran calado para las organizaciones si comprenden que ninguna toma de decisiones es neutral al género y, por tanto, que esta requiere un análisis de impactos diferenciados para orientar políticas efectivas.

La constancia de un verdadero ejercicio de responsabilidad se manifiesta, sólo en parte pero significativamente, mediante la integración de la perspectiva de género en los sistemas de gestión empresarial. Más aún, la responsabilidad social de las empresas no es siquiera concebible a menos que proponga un programa de acción hacia la igualdad entre hombres y mujeres, ello implica para empezar, la asunción de compromisos como agente social de primer orden y ofrecer condiciones de justicia y equidad en todos sus procesos y operaciones.

En el camino de las empresas responsables, gobiernos comprometidos y ciudadanos conscientes queda aún larga andadura…

[1] Art. 73. Título VII.

[2] ONU MUJERES Y PACTO GLOBAL DE NACIONES UNIDAS. Principios para el Empoderamiento de las Mujeres. La igualdad es buen negocio. 2ª edición. 2011 [citado 20/02/15]. URL: ˂http://bit.ly/1M8taCd˃ Pp. 4-5

[3] INSTITUTO INTERNACIONAL DE CIENCIAS POLÍTICAS. Segundo Estudio sobre la Situación de la Conciliación en España 2014 [en línea]. Madrid: Instituto Internacional de Ciencias Políticas, 2014 [citado 20/02/15]. URL: ˂http://bit.ly/1aryjJh˃  Pág. 3

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