Ataques de ansiedad y pánico en los adolescentes, un mal de nuestros días

Ataques de ansiedad y pánico en los adolescentes, un mal de nuestros días

El psicólogo Jorge López Vallejo, experto en Terapia Breve Estratégica, nos da las pautas para detectar los casos de adolescentes con ataques de ansiedad y pánico y acabar con ellos.

En un mundo cada vez más exigente e interconectado, los adolescentes viven en un permanente estado de presión y exposición. Se calcula que en España, entre el 10-20% de los adolescentes sufre algún tipo de patología psiquiátrica. Los expertos  apuntan a  que 7 de cada 10 casos de los trastornos no diagnosticados, evolucionan de forma crónica en la edad adulta.

El diario Financial Times se hacía eco sobre los efectos que la crisis económica y social tiene en la juventud en un artículo titulado ‘El miedo y la desesperación de los jóvenes buscadores de empleo de España’. El rotativo hacía hincapié en la “devastación” personal de miles de jóvenes españoles llegando a estar entre los que más ansiedad sufren de la Unión Europea.

7 de cada 10 casos de los trastornos no diagnosticados, evolucionan de forma crónica en la edad adulta.

Según el sicólogo Jorge López Vallejo, experto en Terapia Breve Estratégica,  “Generalmente, el adolescente sufre un ataque de pánico o una crisis de ansiedad porque se queda confundido, desmoralizado, asustado y preocupado por el futuro, entrando en un espiral de anticipación por un miedo”.

Síntomas de que un adolescente sufre ansiedad.

A nivel cognitivo, el adolescente padece pensamientos de peligro, amenaza, dudas, y también vulnerabilidad psicológica.

A nivel fisiológico, aparición repentina de miedo o terror sin motivo, sudoración, taquicardia, problemas digestivos, ardores de estómago, agitación. Tensión muscular, palidez, aumento de la presión arterial, sequedad bucal, emociones de miedo intenso con temblores.

A nivel motor, tartamudeo, imposibilidad para aprender nuevas tareas, huida y evitación de situaciones y sensaciones físicas, aislamiento.

Jorge López Vallejo, nos da las claves para saber si se padece el problema en dos claros casos:

 -Análisis  después de 15 días de las vacaciones: la Triada Cognitiva:

Consiste en tres patrones de pensamiento principales. Estos inducen a la persona a considerarse a sí mismo, su futuro y sus experiencias negativamente, mostrando un estado de ánimo bajo, actitudes pesimistas y una pérdida de espontaneidad, de una forma mantenida después de 15 días de las vacaciones. Los síntomas se presentan a nivel cognitivo, conductual y emocional, interfiriendo en su vida y en la sensación y percepción que la persona tenga respecto a sí mismo y a su entorno.

La diferencia en este caso de los niños y adultos al tratar esta técnica es grande, ya que los niños presentan un estado de ánimo reactivo. Presentan ideas de auto desprecio, irritabilidad y agitación, alteraciones del sueño, alteración del rendimiento escolar con respecto al año anterior, disminución de la socialización, cambios de actitud respecto a la escuela, quejas somáticas, pérdida de energía habitual y cambios del apetito y del peso. En la parte práctica, son rígidos y exigentes, y en lo cognitivo hay un culto por las apariencias.

-Análisis de la ansiedad de separación en el colegio

Es una dificultad frecuente entre los niños de 3 a 6 años y la característica esencial de este trastorno es el rechazo a separarse de los padres aunque sea por poco tiempo.

Los síntomas son claros, ya que se observan reacciones de llanto convulsivo incluso cuando los padres pierden el contacto visual por unos minutos o simplemente al ir de una habitación a otra de la casa. La ansiedad excesiva puede manifestarse con dolores de estómago, de cabeza, diarreas, náuseas y vómitos, y con miedos a que ocurra un accidente o que enfermen sus familiares, que se pierdan o que puedan ser secuestrados y no poder reunirse jamás con ellos.

El abordaje psicológico para ello, consiste en enseñar a los padres técnicas específicas para que sus hijos manejen el miedo y que paralelamente apliquen un programa de distanciamiento progresivo adaptado al niño, además de bloquear aquellas tendencias de los padres que alimentan el apego patológico

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