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Dar nuestra voz para que se escuche a los refugiados

Dar nuestra voz para que se escuche a los refugiados

Por primera vez en la historia, la protección de los refugiados está en el foco de la atención mundial y se discute del tema refugiados en muchos lugares y foros. Foto: Campo de refugiados de Azraq en Jordania, por M. Prieto

Es un honor para mí haber sido elegida en la pasada edición, entre las mujeres cuya voz se hace oír en este país. Así que no puedo desaprovechar el momento y quedarme callada. Este nombramiento, entre las Top 100 Mujeres Líderes, me dicen tiene que ver con el hecho de haber trabajado toda mi vida en ACNUR en defensa del derecho de asilo.

Y eso es verdad. Durante más de 35 años con ACNUR en países de América Latina, África y Europa siempre mi trabajo ha consistido en hacer lo imposible por mejorar lo más rápidamente posible las condiciones de vida de los refugiados, por paliar su sufrimiento, por ayudarles a iniciar una nueva andadura en un país de asilo o por ayudarles a regresar a sus países de nuevo cuando eso ha sido posible.

Hoy día el problema de los refugiados es también un problema global, un problema que nos concierne y afecta a todos y un problema sobre el que todos podemos y debemos actuar.

Por primera vez en la historia, la protección de los refugiados está en el foco de la atención mundial y se discute del tema refugiados en muchos lugares y foros. Hoy día el problema de los refugiados es también un problema global, un problema que nos concierne y afecta a todos y un problema sobre el que todos podemos y debemos actuar. Es un problema al que hay que aportar una solución, y esa solución es responsabilidad de todos.

Como cada año, este 20 de junio celebramos el Día Mundial de los Refugiados.  Hoy día hay 65.3 millones de personas refugiadas y/o desplazadas en el mundo. Muchos actos han sido programados en diversos lugares de este país para explicar cuáles son sus derechos, cómo se les trata, cuál es su suerte, dónde se encuentran, por qué y de qué huyen, y cuáles son sus necesidades más urgentes, más esenciales.

La violencia y la guerra continúan

Desgraciadamente, un año más, debemos tomar nota de que la violencia y la guerra en varias partes del mundo han continuado destrozando países y nos han traído imágenes de sufrimiento humano sin límites, de injusticias, de discriminaciones, de muertes horrendas, de millones de personas que lo han perdido todo: sus países, sus comunidades, sus familias, sus bienes, sus estudios, su seguridad, su alegría. Hemos visto cientos de imágenes de personas que han tratado de poner a salvo sus vidas huyendo, lanzándose al vacío de lo desconocido, a través de mares, desiertos o montañas, muriendo muchas veces en el propio intento por salvarse: estos son los refugiados.

La lista de crisis humanitarias hoy es más larga que nunca en nuestra historia.  Solamente las crisis en Siria e Irak han echado de sus casas a más de 15 millones de personas. Alrededor de 2 millones de personas han sido desplazadas por la violencia en Yemen. En África, la violencia en Sudán del Sur ha causado el desplazamiento interno de 1,9 millones de personas y 1,8 millones de refugiados a los países vecinos. La violencia afecta también a Nigeria, a Burundi, a Ucrania, a Colombia. Esta lista no pretende ser exhaustiva.

Hoy día los movimientos de los seres humanos forzados a huir para salvar sus vidas son restringidos, dificultados, impedidos.

Mientras ha sido posible, la mayor parte de los refugiados ha podido encontrar refugio en países vecinos. Sin embargo, las cifras son tales que muchos países de acogida han alcanzado su máximo.  Y vemos cómo la globalización es asimétrica.  Mientras el dinero se mueve libremente, los bienes, las mercancías y servicios se mueven con mayor costo, pero se mueven. Sin embargo, las personas continúan encontrando muchísimos obstáculos para moverse. Hoy día ésta es una de las mayores fuentes de desigualdad en nuestro mundo y una paradoja: los movimientos de los seres humanos forzados a huir para salvar sus vidas son restringidos, dificultades, impedidos, mientras que son los propios conflictos, entre algunos países, por el control de materias primas y mercados y la violencia que conllevan quienes los empujan a huir.

Gobierno y sociedad civil, dos maneras antagónicas de compromiso

Frente al fenómeno dramático de los refugiados, en nuestro país nos debatimos entre dos polos: por un lado, tenemos un Gobierno que se compromete en Europa a aceptar refugiados en su territorio y a compartir una cierta carga de responsabilidad internacional en este problema, pero que llegado el momento aún no ha cumplidos con sus compromisos. Y por otro lado, tenemos en cambio una sociedad civil que a pesar de las circunstancias económicas difíciles que atraviesa, a pesar de los índices de dramático desempleo que existe, es un ejemplo de solidaridad y generosidad.

Lo que quiero hoy, sobre todo, es utilizar mi voz para agradecer la gran implicación y la generosa respuesta de la sociedad de nuestro país frente a las crisis de refugiados. Más de 430,000 socios y socias del Comité español de ACNUR en este país, nos han permitido este año,  asistir, integrar,  enviar ayuda a tantísimos refugiados y desplazados en diferentes partes del mundo. Esta solidaridad, este compromiso, este estar a nuestro lado, nos da la fuerza y el entusiasmo para seguir enjuagando día tras día las lágrimas de los refugiados.

Ana Liria Franch con refugiados en Chad. ACNUR

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