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Palabras mayores: Calaf, Lorenzo, Revilla y Yanguas, ponen en valor palabra y vida

Palabras mayores: Calaf, Lorenzo, Revilla y Yanguas, ponen en valor palabra y vida

Palabras mayores fue la gran excusa para que Mercedes Wullich entrevistara a Regina Revilla, Rosa María Calaf, Isabel Yanguas y Soledad Lorenzo, cuatro mujeres pioneras, referentes e inspiradoras.

Con ‘Palabras Mayores’ Mujeresycia cerró un mes marcado por el Día Internacional de la Mujer, con cuatro mujeres que tienen mucho que decir. Mercedes Wullich, condujo la reveladora entrevista a la publicista Isabel Yanguas, la directiva Regina Revilla, la periodista Rosa María Calaf y la galerista Soledad Lorenzo, repasando vida y obra en el íntimo y coloquial living de Casa Club. El cierre correspondió a la narradora Victoria Siedlecki y sus ´Mujeres de palabra´.

¿De qué se sienten orgullosas?

Fue una de las primeras preguntas que respondieron. Rosa María Calaf no tuvo dudas: “Haber estado con tanta gente que ha querido compartir pedazos de sus vidas en situaciones muy diversiva: tragedias, conflictos, catástrofes naturales… esa gente tiene unas vidas muy difíciles, pero también con otras personas que comparten momentos muy agradables. Haber podido saber cómo acercarte a ellos y no sentirte invasora, es de lo que me siento orgullosa”.

Soledad Lorenzo valoró su núcleo familiar “He vivido en una familia donde se discutía de arte en todas las comidas. Yo era mucho más joven pero mi vida siempre ha estado rodeada de arte. Yo no les daba importancia a esas conversaciones, pero mi familia murió en el transcurso de cinco años y cuando me llegó el turno, el arte se convirtió en mi vida. Estar en el mundo del arte, para mí, fue una salvación”.

‘Palabras Mayores’ fue el encuentro con el que Mujeresycia cerró un mes marcado por el Día Internacional de la Mujer, con cuatro mujeres que tienen mucho que decir

Para Isabel Yanguas su orgullo fue su abuelo. “El decía siempre que éramos hijos de la ilustración y desde pequeña me inculcó que yo siempre podría hacer lo que quisiera. También me explicó que si no era libre económicamente, no sería libre nunca de otra manera. Me empujó a que estudiara en Inglaterra, en aquella época, y eso ha sido muy importante porque me cambió y me ha hecho ser como soy ahora. También me siento afortunada de haber podido trabajar siempre, con la suerte de trabajar con hombres más inteligentes que yo. El problema son los hombres mediocres, porque los inteligentes siempre te dan una oportunidad”.

Regina Revilla argumentó su orgullo: “Me siento orgullosa de haber multiplicado los talentos, de haber creado continuamente cosas que han tenido muchísimo éxito: el Centro Nacional de Biotecnología, el Centro Nacional de Electrónica, la Fundación Medina”.

Referentes de una vida

palabras-mayores-entrevistaWullich les preguntó por aquellos referentes que han marcado sus vidas. En el caso de Yanguas, explicaba que eran literatos, los griegos, su amigo Pedro Ruiz Nicoli o mujeres como Ana María Llopis. Para Calaf fue la familia. “Me dio la oportunidad de ser quien yo quería ser. Desde niña me empezaron a mandar a estudiar al extranjero los veranos, primero a Francia, después a EEUU… era muy insólito para la época”, explicó. Lorenzo y Revilla coincidieron en la familia como referente, soporte e impulso para sus vidas y desarrollo profesional.

“Con más o menos recursos, cada una de vosotras se ha formado…de todo lo que han aprendido, ¿qué es lo que les fue más útil?” Fue otra de las preguntas formuladas por Wullich. Rosa María Calaf afirmó que “aprender a no rechazar lo que es distinto. La diversidad es una riqueza y hay que defenderla porque precisamente lo diferente es lo que te hace crecer como persona”. En el caso de Regina Revilla fue aprender varios idiomas “porque eso cambió mi vida y pude acceder a becas para estudiar en el extranjero, conocer otras culturas”, algo en lo que coincidió Soledad Lorenzo. Para Isabel Yanguas, lo más útil ha sido su concepto de la amistad y la curiosidad. “Tener amigos y mantenerlos a lo largo de la vida es tan importante. No concibo mi vida sin ellos. Y la curiosidad, porque me lleva no solo al trabajo si no a interesarme en cualquier cosa. Esas dos cosas han sido los dos motores más importantes de mi vida.

La entrevistadora quiso saber cuánto de permiso o de perdón habían pedido las cuatro invitadas en sus vidas, aunque dio por hecho que poco de los dos.

Ni permiso ni perdón

La entrevistadora quiso saber cuánto de permiso o de perdón habían pedido las cuatro invitadas en sus vidas, aunque dio por hecho que poco de los dos: Así, empezaron a surgir las anécdotas de estas cuatro líderes forjadas en su propia determinación, experiencias e impulsos. Rosa María contó que “cuando me vine a Madrid, trabajando en TVE, recuerdo que era la única reportera mujer y cuando llegaba con mi pieza, los compañeros me decían, la he visto y estabas guapísima o ese color de blusa te quedaba fantástico. Entonces yo empecé a hacer lo mismo ‘oye, en la pieza de ayer, la corbata…genial”.

Regina bromeaba con un “yo no suelo pedir permiso porque soy de hacer lo que quiero”. Narró los inicios de ASEBIO, que reúne a empresas biotecnológicas de la que quería formar parte. El escollo era que su compañía no lo era,  su presidente no tenía interés y lo prohibió tajantemente. “Lo que hice fue saltármelo y pedir permiso directamente a EEUU. Tras unas elecciones salí presidenta, me hicieron una entrevista en El País y eso ya no se podía esconder. Entonces me presenté ante mi presidente y le dije, mira no te he hecho caso… y le pedí la dimisión. Me miró y me dijo, has tenido suerte y esta vez te ha salido bien. Todavía hoy estoy allí”.

En buena compañía

También hubo un espacio para hablar sobre el amor y las relaciones de pareja. ¿Cómo acompañar a mujeres tan independientes? Isabel contaba “soy una mujer divorciada, me separé en los años 74 y soy el número 15 de las divorciadas en España. También en eso soy una pionera. Después he tenido parejas, pero el problema fue precisamente mi independencia. Eso si, con todas he tenido una relación de igual a igual”. Por su parte, Rosa María Calaf afirmaba que “yo tengo una pareja desde hace 45 años pero cada uno en su espacio. Y creo que por eso llevamos mucho tiempo”. En el caso de Soledad, “me quedé viuda a los 10 años de casada. Sabía que no podía volver a casarme, pero tuve otros amores. No tuve hijos. Tuve la suerte de empezar con mi actual pareja, vivimos cada uno en su casa y llevamos como 30 años”.

Para terminar la jornada, Mercedes Wullich les preguntó sobre las virtudes más valoradas y sobrevaloradas. Calaf confesó valorar “la flexibilidad y adaptabilidad, de sacar de cada momento y de cada persona lo positivo. Como sobrevalorada, la objetividad de los medios de comunicación”. Para Regina, el ser optimista a la vez que cree que el dinero está sobrevalorado. Isabel fue un paso más allá y comentó que “la lealtad, para mí es más importante que la fidelidad, a la que habitualmente se sobrevalora”. Rosa María se manifestó de acuerdo con este concepto. Por último, para la galerista optó por “la capacidad de trabajo. Si no trabajásemos nos mataríamos los unos a los otros”.

Mujeres de palabra, un cierre a medida

palabras-mayores-cierre-victoria-siedleckiEl acto se cerró con la actuación de la narradora Victoria Siedlecki, que contó historias tan conmovedoras como las de las protagonistas de la tarde. Un cerrado aplauso puso el acento donde debía: el valor de estas “palabras mayores”, francas, abiertas, estimulantes e inspiradoras.

Mercedes Wullich dice gracias

“Hablar con cuatro mujeres de estos kilates, requiere algo más que conocer sus trayectorias públicas. Para hacer esta entrevista, conté con los generosos testimonios de gente cercana a cada una de ellas, que me desvelaron facetas ricas y desconocidas.
Gracias a los testimonios de Germán Granda y a Rosa Siles, por haberme abierto una ventana a la vida de Regina.
Gracias a Paco García Novell y Virginia Ródenas por pintar tan vivamente a Rosa María.
Gracias a Gonzalo Azcoitía, por dejar que me asomara a tantos años compartidos con  Soledad.
Y a Marga Sánchez y a Pedro Ruiz Nicoli, por el entrañable retrato de Isabel.
No podía ser tan necia y tan petulante de arrogarme la capacidad de hacerlo sola. Y ellos me llevaron por senderos que no hubiera podido conocer, y me hicieron la mejor compañía. ¡Gracias!”

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