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#8M: Marzo tiene alas

#8M: Marzo tiene alas

Marzo ya no es sólo el #8M, es el mes entero gracias a que los eventos se multiplican. Marzo tiene alas para las mujeres y crece con la conciencia de una sociedad que elige impulsar el cambio.

Cada vez con más convicción, hay quienes creen que hay mucho por celebrar, pero mucho más por hacer en lo cotidiano. Todo lo que está en nuestras manos. La bandeja de entrada florece en e-mails con invitaciones, con propuestas y el whatsapp explota con mensajes que nos recuerdan que estamos a las puertas de cientos de celebraciones.

El #8M ya tiene hashtag, nombre y apellido y una entidad y vocación necesarias.

El 8 de marzo que tibiamente se celebraba cuando llegué a España hace casi 20 años, afortunadamente ya no es un día.  El #8M ya tiene hashtag, nombre y apellido y una entidad y vocación necesarias. Se ha convertido en un mes para impulsar a las mujeres, para concienciar a los hombres, para despertar a las empresas y a las organizaciones…La urgencia tiene un fundamento.

Ninguna sociedad con futuro puede olvidarse de las mujeres y de la deuda contraída. Una vez más, si no es por convicción, el ruido, el rugido, la bulla…hace girar las cabezas: “Deberíamos hacer algo, ¿verdad?”

Hace unos días en una charla previa a un taller dentro de una organización, me preguntaban por qué debemos seguir hablando de estos temas: “¿No es esto un símbolo de atraso? ¿Es todavía necesario seguir machacando con los mismos temas?”

Y yo, que soy libriana respondí: “Depende”.

Entre el cansancio y la urgencia

Soy la primera en decir que me cansa pensar en todos los años en los que tendré que seguir explicando las razones por las cuales esta lucha es necesaria. Y urgente. Porque me cansa más pensar en girar la cabeza y que por imperio de lo no hecho, retrocedamos.

Hay que ser tenaces y resistir en buena compañía. Poniendo los puntos sobre las íes, incitando a ver los contrastes, desvelando la pátina que cubre aquello que no vemos cuando creemos que “lo natural” es lo que hay y que cualquier marcha forzada está de más. ¡No está de más!

Es nuestro deber pelear contra la inercia que alientan quienes navegan con comodidad en el rancio pasado.

Si las cifras siguen dando datos preocupantes en un abanico de factores, es porque los logros son frágiles. Brecha salarial, igualdad o desigualdad de oportunidades, derechos adquiridos y derechos olvidados, violencia de género o trata… las cifras son indigestas.

“Al final todo debería resumirse en la libertad de elegir. Y entender que los estereotipos que aún forman parte de nuestro día a día, no solo perjudican a las mujeres: los hombres también están pagando un precio…”-me dijo la más joven de la reunión en la que participaban una decena de directivas… ¡y directivos! . Bingo. Da en el clavo.

La sociedad paga el precio de que la historia, la cultura, los viejos preceptos y estereotipos, avancen sobre nuestros sueños, no importa el sexo con el que hayamos nacido.

Pero lo más grave es que, si no movemos ficha estaremos dando carta blanca al “no cambio”. Es nuestro deber pelear contra la inercia que alientan quienes navegan con comodidad en el rancio pasado. De lo contrario, estaremos alentando que el proceso se perpetúe y que las conversaciones que tenemos hoy se conviertan en un bucle interminable.

Adoro ver cómo el talento campea a sus anchas, no reconoce fronteras, ni origen, ni sexo en “La voz”. (Sigo con vehemencia la versión española desde que empezó).

Por eso, y porque el talento libre canturrea en todas sus versiones en mi cabeza y de cara al próximo #8M, me voy parafraseando a Luis Fonsi“Yo no me doy por vencida, quiero una vida distinta…”

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